Calm

Chapter 6: El desconocido que apareció con una fotografía idéntica a la de Sophie

Daniel Cross no llevaba esposas cuando Richard lo vio desde la ventana de su despacho.

Estaba de pie junto a un automóvil gris, hablando con dos policías. Vestía un traje oscuro y mantenía las manos visibles. No parecía un hombre desesperado.

Parecía alguien que había llegado preparado para una reunión.

Richard sintió una mezcla de rabia y curiosidad.

—¿Puedo hablar con él? —preguntó.

El jefe de seguridad negó con la cabeza.

—La policía recomienda que no, señor. Lo están interrogando por el intento de acceso al sistema y por la fotografía que recibió.

Richard aceptó la respuesta.

No quería darle a Daniel una oportunidad de provocarlo ni de conseguir que hiciera algo impulsivo.

Desde la ventana observó cómo uno de los agentes le mostraba una imagen en una tableta.

Daniel la examinó y negó con la cabeza.

Después señaló hacia la calle.

Un minuto más tarde, un policía se acercó a la entrada de la residencia para hablar con Richard.

—Señor Sterling, el señor Cross afirma que vino a advertirle de un riesgo relacionado con su familia. Niega haber tomado la fotografía y dice que alguien está utilizando su nombre para intimidarlo a usted.

Richard soltó una risa sin humor.

—Qué conveniente.

—No estamos dando por cierta su versión. Queremos saber si reconoce el vehículo que aparece en las cámaras exteriores.

El agente le mostró una imagen.

Era un automóvil oscuro, estacionado al otro lado de la calle durante varios minutos.

Richard no lo reconoció.

—Nunca lo había visto.

—¿Tiene alguna razón para creer que el señor Cross podría estar involucrado en el envío de los mensajes?

Richard pensó en la caja negra, las grabaciones y los documentos de su padre.

—Tengo razones para pedir que investiguen sus movimientos, pero no voy a afirmar algo que todavía no puedo demostrar.

El agente asintió.

—Es lo correcto. Vamos a revisar el material y a comprobar su relación con los archivos encontrados.

Richard le entregó una copia de los mensajes y la fotografía, siguiendo las instrucciones que había recibido.

Cuando el agente se marchó, Eleanor seguía sentada en la sala, con el bolso apretado contra las rodillas.

—¿Por qué Daniel querría advertirme de algo? —preguntó Richard.

Su madre negó con la cabeza.

—No lo sé. Pero recuerdo que Claire dejó de confiar en él mucho antes de morir.

—¿Y nunca se te ocurrió mencionarlo?

Eleanor recibió el reproche sin defenderse.

—Sí. Y me arrepiento.

Richard no sabía si creerle.

La mujer que lo había criado parecía estar hablando con sinceridad, pero llevaba años escondiendo información importante. Incluso si ahora se arrepentía, él no podía aceptar su versión sin comprobarla.

—Quiero que me digas todo lo que recuerdes de Margaret, del fideicomiso y de ese supuesto hermano de Claire —dijo—. Cada nombre, cada fecha, cada conversación.

Eleanor asintió lentamente.

—Lo haré.

—Y no volverás a hablar con Vanessa ni con Daniel sin avisar a mi abogado.

—De acuerdo.

Richard estaba a punto de llamar a Michael cuando escuchó unos pasos rápidos en la escalera.

Elena apareció en la entrada.

—Señor Sterling, Sophie está despierta. Pregunta por usted.

Richard subió inmediatamente.

Encontró a su hija sentada en la cama, abrazando el conejo de peluche. Tenía el rostro pálido y los ojos hinchados de tanto llorar.

—¿Qué pasó, princesa?

Sophie le tendió un papel.

Era un dibujo que había hecho antes de dormir.

En él aparecían cuatro personas: Richard, Sophie, una mujer con cabello largo y un hombre alto vestido de azul.

Debajo del hombre, la niña había escrito una palabra con letras torcidas.

*DANIEL.*

Richard se sentó junto a ella.

—¿Por qué dibujaste a Daniel?

Sophie miró hacia la puerta.

—Porque él vino cuando tú estabas en Nueva York.

Richard sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Lo viste aquí, en la casa?

—Sí. Vanessa me dijo que tenía que ser amable con él.

—¿Qué hizo?

Sophie abrazó su conejo.

—Me preguntó si quería conocer a mi mamá.

Richard sintió un escalofrío.

—¿A tu mamá?

La niña asintió.

—Me enseñó una fotografía de una señora que se parecía a mí. Dijo que ella tenía algo que me pertenecía.

Richard mantuvo la voz tranquila.

—¿Te acuerdas de qué fotografía era?

Sophie negó con la cabeza.

—Era una señora con el cabello como el mío. Tenía una pulsera azul. Daniel dijo que tú sabías dónde estaba la otra mitad.

Richard sintió que el dibujo temblaba entre sus dedos.

Claire había llevado una pulsera azul durante los primeros años de su matrimonio. Era una pieza antigua que había pertenecido a su madre, Margaret.

Después de la muerte de Claire, Richard había guardado la pulsera junto con otras pertenencias personales.

Sin embargo, recordaba que faltaba un pequeño dije en forma de estrella.

Nunca había sabido dónde estaba.

—¿Vanessa también estaba presente cuando Daniel te mostró la fotografía? —preguntó.

Sophie asintió.

—Ella dijo que no debía contártelo. Me prometió que si guardaba el secreto, me dejaría llamarte cuando estuvieras trabajando.

Richard cerró los ojos.

Ahora entendía por qué Sophie había asociado a Daniel con la idea de una amenaza.

El hombre no solo había entrado en la casa. También había involucrado a una niña de seis años en una conversación sobre su madre muerta y le había pedido que guardara silencio.

—Hiciste muy bien en contármelo —dijo Richard—. No tienes que guardar secretos que te hagan sentir miedo. Nunca.

Sophie levantó la mirada.

—¿Aunque los adultos se enojen?

—Aunque se enojen.

La niña se acurrucó contra él.

Richard permaneció allí hasta que volvió a tranquilizarse.

Después bajó a la oficina y llamó a Michael.

Le contó lo que Sophie había recordado, sin presionarla para que repitiera detalles ni pedirle que identificara a nadie más.

Su abogado escuchó con atención.

—Voy a ponerlo en conocimiento de la policía. También necesitamos localizar la pulsera y averiguar qué quiso decir Daniel con la otra mitad.

Richard abrió el cajón donde guardaba los objetos de Claire.

Sacó una pequeña caja de madera.

Dentro había una fotografía de su esposa, un reloj antiguo, dos cartas y una pulsera de plata con un dije vacío.

La examinó bajo la luz.

En el reverso del cierre encontró una inscripción que nunca había notado.

**M. V. — A.

S. — 1988.**

Las iniciales correspondían a Margaret Vale y Alexander Sterling.

Richard sintió que se le secaba la boca.

Aquella pulsera no era solo un recuerdo familiar.

Podía ser una pieza relacionada con el acuerdo que su padre había ocultado.

Tomó varias fotografías del objeto y se las envió a Michael.

Después volvió a guardarlo bajo llave.

No quería que desapareciera otra cosa.

A las nueve de la noche, la policía informó que Daniel había sido identificado y que seguían investigando el acceso al sistema de cámaras. Por el momento, no existían pruebas suficientes para atribuirle la fotografía o todos los mensajes recibidos por Richard.

Daniel había negado haber entrado en la residencia para buscar documentos.

También había afirmado que Vanessa le había pedido ayuda para localizar un archivo antiguo relacionado con Margaret Vale.

La policía estaba verificando esa declaración.

Richard escuchó el informe sin interrumpir.

No podía tratar una acusación como una verdad definitiva, pero tampoco podía ignorar que Daniel conocía información que no debía tener.

Poco después, recibió una llamada de un número desconocido.

Contestó sin decir su nombre.

—¿Richard Sterling? —preguntó una voz masculina.

—¿Quién habla?

—Mi nombre es Gabriel Vale.

Richard se quedó inmóvil.

El apellido.

El mismo apellido que aparecía en los documentos de Claire.

—¿Cómo conseguiste mi número?

—Tu madre me lo dio hace años, cuando intentó convencerme de que dejara de hacer preguntas sobre Margaret.

Richard miró hacia la sala.

Eleanor ya se había marchado, acompañada por el conductor familiar.

—¿Qué quieres?

—Quiero que dejes de buscar a Daniel Cross y empieces a buscar los documentos originales de mi madre.

Richard apretó el teléfono.

—¿Eres el hijo de Margaret?

—Sí.

—¿Y qué tiene que ver Sophie con todo esto?

Gabriel tardó en responder.

—Mucho más de lo que te han contado.

Richard sintió que la paciencia se le agotaba.

—No voy a permitir que sigas hablando en acertijos. Si tienes información sobre mi esposa o mi hija, dímela.

—No puedo hacerlo por teléfono. Necesito mostrarte algo.

—¿Qué cosa?

—Una fotografía que Margaret guardó durante treinta años. En ella aparecen tu padre, mi madre y una niña recién nacida.

Richard sintió un vacío en el estómago.

—¿Qué niña?

—Claire.

Richard no respondió.

Gabriel continuó:

—Mi madre siempre dijo que Claire tenía derecho a conocer la verdad sobre su nacimiento. Pero cuando intentó contarle lo que había descubierto, Alexander Sterling le hizo firmar un acuerdo para que guardara silencio.

Richard se apoyó en el escritorio.

—¿Estás diciendo que Claire no era hija de Margaret?

—Estoy diciendo que el acuerdo original contiene una cláusula que alguien intentó borrar. Y que la fotografía que tengo demuestra que tu padre conocía la verdad.

Richard miró hacia la escalera.

Sophie dormía en el piso superior, ajena a la batalla que se estaba desarrollando alrededor de su familia.

—¿Por qué me llamas ahora? —preguntó.

—Porque alguien intentó entrar a mi casa esta mañana. Se llevaron una carpeta y dejaron una nota.

—¿Qué decía?

Gabriel respiró profundamente.

—Que si no entregaba los documentos restantes, Sophie pagaría las consecuencias.

Richard sintió que la rabia le subía por el pecho.

—Escúchame bien. Mi hija no es parte de ningún trato. Si alguien vuelve a amenazarla, voy a entregar toda la información a las autoridades.

—Eso es exactamente lo que quiero que hagas —respondió Gabriel—. Pero antes necesitas saber algo sobre Claire.

—¿Qué?

La voz de Gabriel se quebró ligeramente.

—Ella sabía que existía un hermano. Lo que nunca supo era que ese hermano había nacido de la relación entre Margaret y Alexander.

Richard dejó de respirar.

—¿Qué acabas de decir?

—Mi madre tuvo un hijo con tu padre. Yo soy ese hijo. Claire y yo compartimos madre, pero no padre. Y si los documentos que tengo son auténticos, Alexander intentó ocultar mi existencia para impedir que reclamara lo que me correspondía.

Richard cerró los ojos.

Su padre había tenido un hijo fuera de su matrimonio.

Su esposa había descubierto la existencia de un hermano.

Vanessa había buscado documentos relacionados con esa familia.

Y ahora alguien amenazaba a Sophie para impedir que la verdad saliera a la luz.

—Necesito ver esa fotografía —dijo Richard.

—Mañana, a las diez. En el despacho de mi abogado. No vengas solo y no traigas los documentos originales.

Richard aceptó la cita, pero informó de inmediato a Michael y a la policía. No iba a reunirse con Gabriel sin que su abogado conociera el lugar y las condiciones del encuentro.

Cuando terminó la llamada, regresó al dormitorio de Sophie.

La niña dormía abrazada a su conejo.

Richard se sentó a su lado y le acomodó la cobija.

—No voy a dejar que te hagan daño —susurró.

Entonces observó el dibujo que Sophie había dejado sobre la mesita.

Había cuatro personas alrededor de una casa.

Pero, en una esquina de la hoja, la niña había dibujado una quinta figura.

Una mujer con una pulsera azul.

Y debajo había escrito, con letras pequeñas y temblorosas:

*MAMÁ.*

Richard tomó el dibujo con cuidado.

Claire estaba muerta, pero sus secretos seguían vivos.

Y ahora, para proteger a Sophie, tendría que descubrir qué había ocurrido realmente antes de que su hija naciera.

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Porque tal vez la verdad que su padre había ocultado no solo cambiaría el pasado de los Sterling.

También podía determinar quién tenía derecho a reclamar el futuro de Sophie.

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