Calm

Chapter 5: El secreto de su padre podía cambiar el futuro de Sophie para siempre

Richard sintió que el aire abandonaba la habitación.

Su padre, Alexander Sterling, había muerto hacía siete años. Era un empresario respetado, un hombre que había convertido una pequeña compañía familiar en un grupo con inversiones inmobiliarias, hoteles y participación en varias empresas tecnológicas.

Richard había pasado media vida intentando estar a la altura de su apellido.

Ahora su madre acababa de insinuar que todo lo que creía saber sobre su padre podía ser falso.

—Explícate —dijo.

Eleanor se sentó lentamente en el sillón.

—Tu padre tomó decisiones que no me correspondía discutir contigo cuando eras joven.

Richard soltó una risa amarga.

—Tengo treinta y nueve años, mamá. No soy un adolescente al que puedas mandar a su habitación.

—No estoy intentando controlarte.

—Acabas de decirme que mi esposa descubrió una mentira relacionada con Sophie. Quiero saber cuál.

Eleanor miró a la niña.

Sophie se había acercado a Elena y le sostenía la mano. No entendía todos los detalles, pero percibía la tensión de los adultos.

Richard tomó una decisión.

—Elena, ¿puedes llevar a Sophie a su dormitorio? Quédate con ella, por favor. Voy a subir en cuanto terminemos.

Sophie se aferró a su camisa.

—¿Vas a tardar mucho?

Richard se agachó.

—No, mi amor. Y puedes llamarme cuando quieras.

La niña lo abrazó antes de irse.

Cuando desapareció por las escaleras, Richard se volvió hacia su madre.

—Habla.

Eleanor respiró hondo.

—Cuando tu padre comenzó a expandir la empresa, recibió una inversión importante de una mujer llamada Margaret Vale. Era una empresaria que había heredado varias propiedades y quería invertir en proyectos hoteleros.

—Nunca escuché ese nombre.

—Porque tu padre se encargó de que no apareciera en las reuniones familiares.

Richard se sentó frente a ella.

—¿Por qué?

—Porque Margaret no era solamente una inversionista. Era una antigua amiga de tu padre. Habían mantenido una relación antes de que él y yo nos casáramos.

Richard sintió que la conversación se alejaba de lo que necesitaba saber.

—¿Qué tiene que ver eso con Sophie?

—Ten paciencia.

—Se me está acabando.

Eleanor lo miró con tristeza.

—Margaret tenía una hija llamada Claire.

Richard se quedó inmóvil.

Durante unos segundos no pudo escuchar nada más.

Claire Vale.

Su esposa había conservado el apellido de su padre después de casarse, pero él nunca había investigado demasiado sobre su familia. Sabía que su suegro había muerto cuando ella era joven y que su madre había fallecido poco después.

O eso le habían contado.

—¿Margaret era la madre de Claire? —preguntó.

Eleanor asintió.

—Sí.

Richard sintió una punzada de desconcierto.

—Eso ya lo sabía. ¿Qué tiene que ver mi padre?

Su madre apretó las manos sobre el bolso.

—Margaret y Alexander habían creado un acuerdo de inversión. Parte de las ganancias se destinarían a un fideicomiso para la hija de Margaret. El dinero debía proteger el futuro de Claire, incluso si algo les ocurría a los adultos.

Richard frunció el ceño.

—¿Un fideicomiso?

—Sí. Tu padre administró parte de esos bienes durante años.

—¿Y qué pasó con ellos?

Eleanor bajó la mirada.

—Hubo una disputa. Tu padre sostuvo que Margaret había aceptado modificar el acuerdo. Ella lo negó. Nunca llegaron a resolverlo públicamente.

Richard se puso de pie.

—¿Mi padre se quedó con el dinero de la familia de Claire?

—No sé cuánto llegó a transferirse ni bajo qué condiciones. Yo no participé en la administración.

—Pero sabías que existía.

Eleanor no respondió.

Richard sintió que una parte de su infancia se desmoronaba.

Recordó las palabras de Claire cuando todavía estaban comprometidos.

Una vez, mientras revisaban los planes para comprar su primera casa, ella le había dicho que no necesitaba vivir rodeada de lujos, pero que había algo relacionado con su familia que quería aclarar.

Él había estado ocupado con una adquisición empresarial.

Le prometió que hablarían después.

Nunca retomaron aquella conversación.

—¿Claire sabía lo del fideicomiso? —preguntó.

—Sí. Margaret se lo explicó antes de morir.

Richard se pasó una mano por el rostro.

—¿Y por qué no me lo dijo?

—Porque encontró documentos que sugerían que la historia era más complicada de lo que parecía. Quería comprobarlos antes de acusar a tu padre.

—Mi padre ya había muerto cuando Claire encontró esos documentos.

—Lo sé.

—¿Y tú no hiciste nada?

Eleanor levantó la cabeza.

—Intenté convencerla de que dejara el asunto. Le dije que no tenía sentido destruir el legado de tu padre por una disputa antigua.

Richard la miró con incredulidad.

—¿Le pediste que guardara silencio?

—Le pedí que fuera prudente.

—¿Y cuando murió?

Eleanor se estremeció.

—No digas eso como si yo tuviera algo que ver con su muerte.

Richard guardó silencio.

No había acusado a su madre de causar la muerte de Claire. Sin embargo, la reacción de Eleanor había sido demasiado intensa.

—Yo no he dicho eso —respondió—. Pero quiero saber por qué me ocultaste todo esto.

Su madre se levantó.

—Porque Claire estaba convencida de que alguien había manipulado los documentos del fideicomiso. Creía que había una segunda versión del acuerdo, una que tu padre había firmado sin registrarla correctamente.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—¿Y la carta?

Eleanor apretó los labios.

—Claire me dijo que había dejado una copia de los documentos en un lugar seguro. No quiso decirme dónde.

Richard recordó la nota que había encontrado en el libro.

Los originales están donde comenzó todo.

—¿La carta azul que dejó para mí contenía esa información?

—No lo sé. Pero Claire tenía miedo de que alguien encontrara los originales antes que tú.

Richard sintió que la habitación se volvía más pequeña.

—¿Quién más sabía de esto?

Eleanor dudó.

—Daniel Cross.

El nombre volvió a aparecer como una sombra.

—¿Cómo conocía Daniel a Claire?

—Trabajó durante un tiempo con uno de los asesores legales de tu padre. Después comenzó a ofrecer servicios de administración patrimonial. No sé cuándo se acercó a Vanessa, pero Claire mencionó su nombre poco antes de morir.

Richard apretó los puños.

—¿Qué dijo exactamente?

Eleanor cerró los ojos.

—Dijo que Daniel había preguntado por unos documentos que no le pertenecían.

Richard se quedó inmóvil.

—¿Por qué nunca me lo contaste?

—Porque no quería que pensaras que tu padre había hecho algo ilegal.

—¡Preferiste dejar que mi esposa se llevara ese secreto a la tumba!

Eleanor retrocedió.

—¡No sabes lo que habría ocurrido si esa información se hacía pública! Tu padre tenía socios, empleados, familias que dependían de su empresa. Una acusación podía destruirlo todo.

—Mi padre estaba muerto, mamá. Claire estaba viva. Y ahora Sophie está sufriendo por una mujer que quizá estaba buscando exactamente esos documentos.

Por primera vez, Eleanor no encontró una respuesta.

Richard se acercó a la ventana.

En el jardín, las luces iluminaban los árboles que Claire había elegido cuando compraron la casa. Sophie había aprendido a caminar bajo aquellos árboles, y su madre le había enseñado a recoger hojas para hacer dibujos.

La idea de que una disputa financiera pudiera haber perseguido a su esposa hasta el final de su vida le revolvía el estómago.

—Necesito los nombres de los abogados que trabajaron en ese acuerdo —dijo.

Eleanor abrió su bolso y sacó una tarjeta antigua.

—Este era el abogado de tu padre. Se llamaba Samuel Whitmore. Se jubiló hace años, pero su despacho conserva archivos históricos.

Richard tomó la tarjeta.

—¿Por qué no me la diste antes?

—Porque prometí no involucrarte.

Richard la miró con amargura.

—Le prometiste a Claire proteger una verdad, pero terminaste protegiendo el silencio.

Eleanor bajó la cabeza.

El teléfono de Richard vibró.

Era Michael.

—Richard, revisamos la primera parte de los documentos que nos enviaste. Hay una sociedad de inversión que aparece en varios formularios. Su nombre es Vale Heritage Holdings.

Richard miró a su madre.

Ella palideció al escuchar el nombre.

—¿Qué pasa? —preguntó Richard a su abogado.

—La sociedad fue creada hace años para administrar determinados bienes familiares. Todavía no podemos establecer quién controla todas sus participaciones. Pero encontramos una modificación reciente en un documento que menciona a Sophie como posible beneficiaria.

Richard sintió un golpe en el pecho.

—¿Qué significa eso?

—Todavía no lo sabemos. Necesito revisar el instrumento original y confirmar si la modificación es válida. Por ahora, no tomes ninguna decisión basándote en una copia.

Richard miró a Eleanor.

Su madre tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Hay algo más que no te he contado —susurró ella.

Richard cubrió el micrófono.

—¿Qué?

Eleanor tragó saliva.

—La familia de Claire no estaba formada solamente por ella y su madre.

Él esperó.

—Margaret tuvo otro hijo antes de conocer a tu padre. Un niño que fue criado por otra familia. Claire descubrió su existencia poco antes de morir.

Richard sintió que las piernas le flaqueaban.

—¿Quién era?

Eleanor no alcanzó a responder.

El jefe de seguridad apareció en la puerta.

—Señor Sterling, la policía está en la entrada. Encontraron a un hombre intentando acceder al sistema de cámaras desde un vehículo estacionado a dos calles de aquí.

Richard se volvió.

—¿Lo identificaron?

—Sí, señor. Se llama Daniel Cross.

Richard miró a su madre.

Eleanor se llevó una mano a la boca.

—Dios mío…

El teléfono seguía conectado con Michael.

—Richard, no te acerques a ese hombre. Deja que la policía se encargue.

Richard asintió.

—Lo haré.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, Eleanor lo sujetó del brazo.

—Richard, tienes que escucharme. Si Daniel está buscando los documentos de Claire, no es por el dinero solamente.

Él la miró fijamente.

—¿Entonces por qué?

Su madre comenzó a llorar.

—Porque el otro hijo de Margaret podría tener derecho a reclamar una parte de la herencia. Y si se demuestra que tu padre ocultó el acuerdo original, todo lo que construyó podría quedar bajo investigación.

Richard sintió que el mundo se detenía.

La policía estaba afuera.

Su hija dormía en el piso superior.

Y alguien que conocía los secretos de su esposa acababa de aparecer frente a su casa.

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Pero lo más aterrador no era la posibilidad de perder dinero.

Era que, por primera vez, Richard se preguntaba si Sophie había sido elegida como objetivo porque sabía algo que los adultos querían mantener enterrado.

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