Chapter 7: El nombre oculto en la cuenta conjunta reveló que Patricia tenía otro aliado
David leyó el nombre que aparecía en el correo tres veces, esperando encontrar algún error, pero las letras no cambiaron: Roberto Salgado, el hermano menor de Patricia, era el segundo titular de la cuenta que había recibido una transferencia relacionada con el fondo universitario de Marcus.
David conocía a Roberto desde hacía seis años.
Era un hombre de cuarenta y tantos, hablador cuando necesitaba algo y misteriosamente ocupado cuando alguien le pedía un favor. En las reuniones familiares siempre presumía sus negocios, aunque nunca explicaba con claridad de dónde provenían sus ganancias.
Patricia solía defenderlo.
Decía que Roberto había tenido mala suerte, que necesitaba tiempo para estabilizarse y que la familia debía apoyarlo cuando las cosas se complicaban.
David jamás había tenido problema en ayudar a un familiar que atravesara una dificultad verdadera.
Pero una cosa era prestar dinero voluntariamente y otra muy distinta era descubrir que el dinero de su hijo podía haber terminado en una cuenta compartida con su cuñado.
Tomó una fotografía del correo y se la envió a su asesor financiero.
Después llamó a Patricia.
—Necesito que bajes al comedor. Ahora.
Ella apareció unos minutos más tarde, con el rostro tenso.
—¿Qué pasa?
David puso la computadora frente a ella.
—¿Por qué hay una transferencia relacionada con el fondo de Marcus que terminó en una cuenta conjunta a tu nombre y al de Roberto?
Patricia miró la pantalla.
Por un instante, su expresión se descompuso.
Después intentó recuperar la calma.
—Eso no significa nada.
—Entonces explícamelo.
—Roberto tenía un problema económico. Le presté dinero.
—¿Le prestaste dinero de dónde?
Patricia apretó los labios.
—De mis ahorros.
David señaló el correo.
—El movimiento aparece relacionado con una cuenta de origen que estamos investigando. No me digas que son tus ahorros hasta que puedas demostrar de dónde salieron.
—¿Ahora tengo que pedirte permiso para ayudar a mi hermano?
—No. Puedes utilizar tu dinero como quieras. Lo que no puedes hacer es tomar dinero de Marcus y después esconderlo en una cuenta compartida.
Patricia se sentó lentamente.
—Roberto me dijo que necesitaba cubrir unos pagos urgentes. Estaba a punto de perder una oportunidad de negocio. Yo quería ayudarlo a salir adelante.
—¿Y cuánto le enviaste?
—No recuerdo la cantidad exacta.
David cerró la computadora.
—Estoy cansado de escuchar que no recuerdas. Primero fueron veinticinco mil dólares para las vacaciones. Después aparecieron otras transferencias.
Ahora encuentro una cuenta conjunta con tu hermano. Cada vez que hacemos una pregunta, surge otro movimiento que no habías mencionado.
Patricia levantó la voz.
—¡Porque me están interrogando como si fuera una criminal!
—Te estoy preguntando qué hiciste con el dinero de mi hijo.
—¡También es mi familia!
David se puso de pie.
—Marcus es tu familia desde hace seis años. Lo viste trabajar los fines de semana. Sabías que quería estudiar.
Escuchaste hablar de sus planes una y otra vez. Y aun así decidiste que sus ahorros podían servir para resolver los problemas de todos los demás.
Patricia se quedó callada.
David respiró profundamente antes de continuar.
—Quiero que me digas cuánto dinero enviaste a Roberto y para qué lo utilizó. No voy a aceptar otra respuesta incompleta.
Ella se levantó de golpe.
—¡No puedo creer que estés haciendo esto!
—Yo tampoco puedo creer que haya tenido que descubrirlo de esta manera.
Patricia salió del comedor y subió las escaleras.
David no la siguió.
Tenía suficiente información para saber que discutir con ella no iba a resolver el problema. Necesitaba documentos, fechas y respuestas verificables.
Poco después, Marcus entró a la habitación con su computadora portátil.
—Papá, la universidad respondió.
David se volvió hacia él.
—¿Qué dijeron?
Marcus le mostró el correo.
La oficina de admisiones había recibido su explicación y estaba dispuesta a revisar una solicitud de prórroga para el pago de inscripción. Sin embargo, necesitaba los comprobantes de la cuenta, una declaración de los movimientos cuestionados y una propuesta para cubrir los gastos inmediatos.
No era una solución definitiva, pero al menos no habían cerrado la puerta.
—Es una buena noticia —dijo David—. Vamos a preparar todo hoy.
Marcus sonrió débilmente.
—Por primera vez en días siento que todavía puedo lograrlo.
David le apretó el hombro.
—Y lo vas a lograr.
Pero cuando Marcus se retiró, David volvió a pensar en Roberto.
Había algo más que lo inquietaba.
Si Patricia había enviado dinero a su hermano, quizá no lo había hecho únicamente para ayudarlo.
Tal vez él sabía de dónde procedían los fondos.
Tal vez había aceptado el dinero sin hacer preguntas.
O quizá había participado en algo que David todavía no comprendía.
Esa tarde, Roberto llamó a la casa.
David contestó.
—David, necesitamos hablar.
La voz de Roberto sonaba extrañamente formal.
—Te escucho.
—Patricia me dijo que estás haciendo preguntas sobre unas transferencias.
David guardó silencio durante unos segundos.
—¿Ella te contó que el dinero podía provenir del fondo universitario de Marcus?
Roberto tardó en responder.
—Mira, yo no quiero problemas familiares.
—No te pregunté eso.
—Patricia me aseguró que el dinero era suyo.
David sintió que la mandíbula se le tensaba.
—¿Y no te pareció extraño que te enviara una cantidad importante sin explicarte de dónde había salido?
—Me dijo que había recibido dinero de una inversión.
—¿Qué inversión?
Roberto soltó un suspiro.
—David, yo tengo mis propios asuntos. No reviso cada movimiento de mi hermana.
—Pero compartes una cuenta con ella.
—Es una cuenta que abrimos hace tiempo para organizar ciertos gastos.
—¿Qué gastos?
Roberto guardó silencio.
David comprendió que no obtendría respuestas útiles por teléfono.
—Voy a entregarle al banco toda la información que tengo. Si recibiste dinero relacionado con la cuenta de Marcus, tendrás que explicar qué ocurrió.
—¡Espera! —exclamó Roberto—. No tienes que hacer que esto se convierta en un problema legal.
David apretó el teléfono.
—No soy yo quien tomó el dinero.
—Patricia está desesperada. Si esto sale de control, todos podemos salir perjudicados.
Aquella frase confirmó algo que David ya sospechaba.
Roberto no estaba preocupado únicamente por su hermana.
Tenía miedo de que la investigación revelara algo que también lo afectara.
—¿Qué hiciste con el dinero, Roberto?
—Necesito revisar mis documentos.
—Hazlo. Y conserva todos los comprobantes.
David terminó la llamada.
Durante varios minutos permaneció sentado, mirando la pantalla apagada de su teléfono.
Después buscó el contacto de su asesor financiero y le explicó la conversación.
El asesor le recomendó que no intentara obtener información de cuentas a las que no tenía acceso autorizado. Lo importante era entregar los documentos disponibles, solicitar que se rastrearan las transferencias relacionadas con la cuenta de Marcus y permitir que las instituciones correspondientes determinaran qué había ocurrido.
David siguió el consejo.
Envió las copias del correo, los registros bancarios disponibles y una cronología de los movimientos.
Esa noche, Patricia bajó a la cocina cuando Marcus estaba preparando algo de cenar.
El joven cortaba verduras para una sopa sencilla. Desde que había descubierto el robo, casi no había tenido apetito, pero David insistía en que comiera y descansara.
Patricia se quedó observándolo.
—Marcus, tenemos que hablar.
Él dejó el cuchillo sobre la tabla.
—¿De qué?
—De todo esto.
Marcus esperó.
Patricia se acercó a la mesa.
—Sé que estás enojado conmigo. Y entiendo que creas que te hice daño.
Marcus la miró con incredulidad.
—No necesito creerlo. Me quitaste el dinero.
Ella bajó la voz.
—Tu padre está dispuesto a destruir nuestra familia por una cantidad de dinero que, tarde o temprano, se puede recuperar.
Marcus sintió que el pecho se le endurecía.
—¿Una cantidad de dinero? Son mis estudios, Patricia.
—Tu padre podría pagarlos.
—¿Por qué sigues hablando como si el problema fuera que yo necesito dinero? El problema es que tú tomaste algo que no era tuyo.
Patricia apretó los labios.
—Quiero que le digas a David que no necesitas seguir con la investigación. Podemos llegar a un acuerdo entre nosotros.
Marcus negó lentamente con la cabeza.
—No voy a pedirle a papá que deje de protegerme para que tú puedas evitar las consecuencias.
La expresión de Patricia se volvió fría.
—Vas a arrepentirte de ponerte en mi contra.
Marcus sintió miedo, pero no retrocedió.
—Yo no empecé esto.
En ese momento, David entró a la cocina.
Había escuchado las últimas palabras.
—Patricia, no vuelvas a presionar a mi hijo para que retire una declaración o deje de colaborar con la revisión de su cuenta.
Ella se volvió hacia él.
—¡Estaba hablando con Marcus!
—Y él ya te respondió.
Patricia tomó su bolso de una silla.
—Necesito salir.
David se hizo a un lado para dejarla pasar.
No intentó detenerla.
Sin embargo, cuando ella abrió la puerta, su teléfono vibró.
La pantalla se iluminó durante un segundo.
Marcus alcanzó a leer una notificación bancaria.
«Transferencia recibida: $8,000».
Patricia apagó la pantalla inmediatamente.
David también había visto la notificación.
—¿Quién te acaba de enviar ocho mil dólares?
Ella se quedó inmóvil junto a la puerta.
—No es asunto tuyo.
David no levantó la voz.
—Si ese dinero está relacionado con los fondos que estamos investigando, sí es asunto mío.
Patricia abrió la puerta y salió sin contestar.
David cerró lentamente detrás de ella.
Marcus lo miró.
—Papá, ¿crees que sea Roberto?
—No lo sé. Pero ahora tenemos una nueva operación que debemos documentar.
David anotó la hora de la notificación y describió lo que había visto, sin entrar en la cuenta de Patricia ni intentar acceder a sus datos privados.
Después envió la información a su asesor para que le indicara cómo proceder.
Al día siguiente, recibió una llamada de un número desconocido.
Era Roberto.
Su voz sonaba distinta a la del día anterior.
—David, necesito verte en persona.
—¿Para qué?
—Porque hay algo que Patricia no te ha contado.
David se quedó inmóvil.
—¿Qué cosa?
Roberto respiró profundamente.
—El dinero que recibí no era para pagar una deuda. Patricia me pidió que lo guardara porque pensaba que tú ibas a descubrir lo que estaba haciendo.
David sintió que el estómago se le encogía.
—¿Qué estaba haciendo?
Roberto bajó la voz.
—No puedo explicártelo por teléfono. Pero tengo documentos que demuestran que las vacaciones de Vanessa no fueron el verdadero motivo por el que empezó a mover el dinero.
David miró hacia el pasillo, donde Marcus estaba preparando sus documentos universitarios.
—¿Cuándo podemos reunirnos?
—Hoy. Y, David, ven preparado. Porque cuando veas lo que tengo, vas a entender por qué tu esposa llevaba meses ocultándote cosas.
La llamada terminó.
David se quedó con el teléfono en la mano.
Hasta ese momento había pensado que Patricia había tomado el dinero para ayudar a Vanessa, pagar su deuda y construir una reserva personal.
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Ahora Roberto afirmaba que las vacaciones habían sido una distracción.
Y si decía la verdad, la traición que David acababa de descubrir podía ser apenas la primera pieza de algo mucho más grande.