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Chapter 4: El mensaje que confirmó que Patricia había planeado traicionar a Marcus

David volvió a leer el mensaje en el teléfono de Vanessa y comprendió que el dinero de su hijo no había desaparecido por una decisión desesperada de último minuto. Patricia había tenido semanas para pensarlo, calcularlo y convencerse de que podía salirse con la suya.

—¿Desde cuándo sabías que el dinero pertenecía a Marcus? —preguntó, sin apartar la mirada de su esposa.

Patricia estaba parada junto a la puerta de la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—David, estás sacando las cosas de contexto.

—Te hice una pregunta sencilla.

—¡Claro que sabía de quién era el dinero! Nunca he dicho lo contrario.

—Entonces, ¿por qué le escribiste a tu hija que Marcus no revisaría la cuenta hasta que tuviera que pagar la universidad?

Patricia miró a Vanessa, esperando que interviniera.

Pero la joven mantenía los ojos clavados en el celular.

—Porque necesitábamos tiempo —murmuró Patricia finalmente.

David sintió una punzada de incredulidad.

—¿Tiempo para qué? ¿Para devolver lo que nunca debiste tomar? ¿O para inventar otra mentira cuando Marcus descubriera que le faltaban sus ahorros?

—¡Yo iba a resolverlo!

—¿Cómo?

Patricia abrió la boca, pero no encontró una respuesta.

David le extendió la mano a Vanessa.

—Necesito que me envíes una copia de esa conversación. No borres nada, por favor.

La joven asintió.

—Sí, papá.

Patricia se puso rígida.

—No tienes que involucrar a nadie más, Vanessa.

—Ya estamos involucrados, mamá —respondió ella, con la voz temblorosa—. Marcus perdió su dinero. Papá está furioso. Y tú me dijiste que todo estaba arreglado.

—¡Porque lo iba a arreglar!

—¿Con qué dinero? —preguntó David—. ¿Con los otros diez mil que intentaste sacar de la cuenta?

Patricia se quedó callada.

David salió de la habitación sin esperar una respuesta.

Al llegar al pasillo encontró a Marcus sentado en el último escalón. Su hijo había escuchado parte de la conversación y tenía el rostro pálido.

—¿Es verdad? —preguntó Marcus—. ¿Lo planearon desde hace semanas?

David se sentó a su lado.

Por unos segundos, ninguno habló.

—El mensaje demuestra que tu madrastra sabía que el retiro te perjudicaría y que esperaba que no te dieras cuenta a tiempo —respondió finalmente—. Todavía tenemos que averiguar qué pasó con cada dólar, pero ya no podemos tratar esto como un simple malentendido.

Marcus apretó el sobre vacío entre las manos.

—Yo confiaba en que al menos respetaría mis estudios.

David lo miró.

—No hiciste nada malo, hijo.

—¿Y si pierdo mi lugar en la universidad? Tengo que completar el pago de inscripción. Ya había organizado todo. Incluso rechacé una oferta de trabajo de tiempo completo porque pensé que podría estudiar y trabajar medio turno.

David sintió que aquellas palabras le pesaban en el pecho.

Marcus llevaba meses preparando su ingreso a la universidad. Había comparado carreras, investigado becas y calculado cuánto tendría que gastar en libros, transporte y materiales.

No pedía una vida de lujos.

Solo quería una oportunidad.

—Vamos a hablar con la universidad mañana mismo —le aseguró David—. Les explicaremos la situación y preguntaremos si pueden darte una prórroga mientras resolvemos el problema bancario.

Marcus se limpió una lágrima con el dorso de la mano.

—¿Y si no aceptan?

—Entonces buscaremos otra solución. Pero no voy a permitir que renuncies a tu futuro sin pelear por él.

En la planta baja, Patricia caminaba de un lado a otro.

Cuando David regresó, ella lo esperaba junto a la mesa del comedor. Había apagado la televisión y apartado las tazas de café. Quería hablar a solas, como si pudiera recuperar el control de la situación si conseguía mantener a Marcus fuera de la conversación.

—Necesitamos arreglar esto entre nosotros —dijo.

David se quedó de pie.

—Lo que hiciste afecta directamente a Marcus. No voy a excluirlo de una conversación sobre su dinero.

—Es un muchacho. No entiende cómo funcionan los problemas financieros de una familia.

—Tiene veinte años y el dinero que le quitaste estaba destinado a su educación. Entiende perfectamente lo que le hiciste.

Patricia respiró hondo.

—Está bien. Cometí un error.

—No fue un solo error. Hubo transferencias, pagos, mentiras y un intento de sacar más dinero.

—¡Estaba tratando de ayudar a Vanessa!

—Entonces debiste hablar conmigo.

—Tú siempre dices que no.

David la miró con cansancio.

—No siempre digo que no. Digo que no cuando algo está fuera de nuestro presupuesto. Y aunque hubiera dicho que no, eso no te habría dado derecho a tomar el dinero de Marcus.

Patricia se sentó.

Por primera vez parecía asustada, no solamente enojada.

—Si esto llega al banco, podrían investigar mi cuenta. Podría tener problemas.

—El banco debe determinar qué ocurrió. Yo voy a entregar la información completa y seguir el procedimiento que corresponda.

—¿Vas a hacer eso contra tu propia esposa?

David tardó unos segundos en responder.

—No voy a mentir para proteger a alguien que perjudicó a mi hijo.

Patricia bajó la mirada.

—¿Y qué quieres que haga?

—Quiero todos los estados de cuenta relacionados con el dinero, las confirmaciones de los pagos del viaje y los comprobantes de cualquier transferencia. También quiero saber cuánto dinero puedes devolver de inmediato.

—No tengo veinticinco mil dólares.

—Entonces dime cuánto tienes.

Ella no respondió.

David se acercó a una silla y tomó asiento frente a ella.

—Patricia, si de verdad quieres arreglar esto, deja de ocultar información. Cada nueva mentira hará que sea más difícil confiar en ti.

Durante unos segundos, pareció que ella iba a confesarlo todo.

Sin embargo, terminó levantándose.

—Necesito tiempo para organizar mis cuentas.

—Tendrás que hacerlo, pero no vas a transferir más dinero ni a borrar documentos. Mientras aclaramos lo ocurrido, quiero que cualquier movimiento relacionado con esta situación quede registrado.

Patricia lo miró con resentimiento.

—Ahora me tratas como si fuera una delincuente.

—Te estoy tratando como a alguien que tiene que explicar movimientos de dinero que no le pertenecía.

Ella subió las escaleras sin despedirse.

David se quedó en el comedor hasta que escuchó cerrarse la puerta de la habitación principal.

Después sacó su computadora y comenzó a organizar los documentos.

A la mañana siguiente tendría que contactar al banco, revisar las condiciones de cancelación del viaje y hablar con la universidad de Marcus.

Pero antes de acostarse, recibió un correo de la agencia de viajes.

La cancelación se había procesado parcialmente. Algunos servicios podían reembolsarse, pero otros tenían penalizaciones. El desglose final llegaría en las siguientes horas.

David imprimió el correo.

Después revisó la información que Marcus había reunido sobre su cuenta.

Había un detalle que no encajaba.

El saldo anterior al primer retiro era mayor de lo que David recordaba.

Marcus había depositado varios pagos de su trabajo durante el último año. También había recibido una aportación de un familiar que había querido ayudarlo con la universidad.

David volvió a sumar los movimientos.

La diferencia era de cinco mil dólares.

Cinco mil que no aparecían en el cálculo de Patricia.

David llamó a su hijo.

—Marcus, ¿alguna vez transferiste cinco mil dólares de tu fondo a otra cuenta?

—Nunca, papá. Ni siquiera tengo otra cuenta con esa cantidad.

David le mostró el registro.

Marcus examinó la pantalla y negó con la cabeza.

—No reconozco esa operación.

Entonces recordó que Patricia le había pedido una fotografía de su identificación meses atrás. Le había dicho que necesitaba verificar algunos datos para actualizar la información familiar de un seguro.

—¿Por qué necesitas saber eso? —preguntó Marcus.

David señaló la fecha.

—Porque esta transferencia se realizó pocos días después de que le entregaras esos documentos.

Marcus sintió un escalofrío.

—¿Crees que usó mis datos?

—Todavía no sabemos cómo se autorizó la operación. No vamos a sacar conclusiones sin hablar con el banco.

Pero ambos comprendieron que debían investigar más.

David guardó los comprobantes en una carpeta y preparó una lista de preguntas para el representante bancario.

Justo cuando estaba a punto de cerrar la computadora, llegó otro mensaje al teléfono de Marcus.

Era de Vanessa.

«Necesito hablar contigo. Encontré algo en los correos de mamá. Creo que hay más dinero del que sabemos».

Marcus miró a su padre.

David leyó el mensaje y se levantó lentamente.

—Pregúntale qué encontró. Y dile que no borre nada.

La respuesta llegó menos de un minuto después.

Vanessa había encontrado una confirmación de transferencia guardada entre los correos de Patricia.

El destinatario no era una agencia de viajes ni una empresa relacionada con las vacaciones.

Era una cuenta de inversión a nombre de Patricia.

Y la transferencia se había realizado cuatro días antes de que comenzaran a organizar el viaje.

Marcus sintió que el estómago se le encogía.

El dinero de sus estudios quizá no solo había pagado las vacaciones de Vanessa.

Una parte podía haber terminado en los ahorros personales de su madrastra.

David tomó su teléfono y llamó al banco.

Esta vez, cuando el representante contestó, su voz fue firme.

—Necesito que revisen todas las operaciones de esta cuenta. Sospecho que hubo transferencias que no fueron autorizadas por el titular y tengo documentos que pueden ayudar a identificar a la persona que las realizó.

Mientras hablaba, miró hacia la escalera.

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Patricia todavía no sabía que Vanessa había encontrado el correo.

Y David estaba a punto de descubrir cuánto tiempo llevaba su esposa preparando algo que iba mucho más allá de unas vacaciones.

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