Chapter 13: La persona que mi padre nunca quiso señalar
La voz de mi padre seguía sonando en la habitación cuando todos entendimos que el último secreto podía destruir lo poco que quedaba de nuestra familia.
—Y esa persona no es Elaine.
La grabación se detuvo.
Nadie respiró durante unos segundos.
Melissa fue la primera en hablar.
—¿Quién?
No contesté.
No podía.
Miré a Patricia.
Ella estaba completamente pálida.
Daniel parecía haber envejecido diez años de golpe.
Paige se acercó a mí.
—Connor, ¿estás bien?
Negué con la cabeza.
—No.
La grabación de mi padre seguía pausada en la pantalla.
La frase permanecía ahí.
*“Alguien que tú todavía consideras parte de tu familia.””*
Mi primera reacción fue pensar en Richard.
Pero Richard había muerto.
Luego pensé en Daniel.
Pero él ya había confesado demasiado.
Después miré a mi madre.
Elaine levantó los ojos.
—No soy yo.
—¿Entonces quién? —pregunté.
Mi madre no respondió.
—Mamá.
—No lo sé.
Daniel soltó una risa amarga.
—Sí sabes.
Elaine lo miró.
—Cállate.
—Ya no.
Daniel se levantó.
—Ya estuvo.
Melissa se puso frente a él.
—¿Qué sabes?
Daniel miró a mi hermana.
—Tu padre tenía un hermano.
—Richard.
—Sí.
—Está muerto.
—Richard murió, pero su plan no murió con él.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
Daniel tomó una silla.
—Richard tenía una persona de confianza.
—El abogado.
—No.
—Entonces ¿quién?
Daniel miró hacia la puerta.
—Alguien que estuvo en el funeral.
Melissa palideció.
—¿Quién?
Daniel no respondió.
Patricia se acercó a la computadora.
—Hay que terminar la grabación.
Reproduje el archivo.
La imagen de mi padre reapareció.
Esta vez parecía más serio.
—Connor, no puedo decirte el nombre directamente. Si esta grabación cae en manos equivocadas, pondría a esa persona sobre aviso.
Hizo una pausa.
—Pero te dejaré una pista.
Apareció una hoja escrita a mano.
—La persona que buscas estuvo presente cuando firmé mi primer contrato.
La pantalla cambió.
Otra frase.
—Estuvo presente cuando nació Melissa.
Otra.
—Estuvo presente cuando enterramos a mi padre.
Otra.
—Y estuvo presente cuando me despedí de ti.
Melissa comenzó a llorar.
—¿Quién estuvo en todos esos momentos?
Mi mente empezó a trabajar.
Mi primer contrato.
El nacimiento de Melissa.
El funeral de mi abuelo.
La despedida de mi padre.
Había muchas personas.
Pero una sola había estado presente en todos.
—Mi madre.
Elaine cerró los ojos.
—No.
La miré.
—Tú estuviste ahí.
—Sí.
—Entonces eres tú.
—No, Connor.
—Papá dijo que no eras tú.
Mi madre comenzó a llorar.
—Tu padre no estaba hablando de mí.
—¿Entonces de quién?
Patricia susurró:
—Hay otra persona.
Todos volteamos.
Patricia miró a Melissa.
—Tu hermana.
Melissa se quedó congelada.
—¿Yo?
—No.
Patricia negó.
—No tú.
Entonces dijo un nombre.
Y el aire desapareció de la habitación.
—*Samantha.*
Mi hermana menor.
La hija de Richard.
La prima con la que habíamos crecido.
La mujer que durante años había visitado a mi madre cada domingo.
La mujer que había estado en el funeral de mi padre.
La mujer que yo había considerado prácticamente una hermana.
—Eso es imposible —dije.
Patricia abrió la carpeta.
—Samantha trabajó para Richard durante años.
—¿Cómo sabemos eso?
—Porque Thomas la descubrió.
Daniel asintió.
—Ella manejaba los documentos que Richard quería modificar.
Melissa se puso de pie.
—¿Y mi papá sabía?
—Sí.
—¿Por qué nunca nos dijo?
Patricia señaló la pantalla.
—Porque estaba intentando reunir pruebas.
La grabación continuó.
Mi padre habló nuevamente.
—Samantha cree que está haciendo esto para recuperar lo que considera que pertenecía a su padre.
Tragué saliva.
—Pero Richard no era dueño de la empresa.
Patricia negó.
—Eso pensaba él.
Mi padre continuó:
—Richard estaba convencido de que yo había recibido más de lo que me correspondía.
Apareció otro documento.
Un acuerdo familiar de décadas atrás.
Lo leí.
El padre de mi papá había dividido sus bienes entre sus dos hijos.
Pero Richard había rechazado el acuerdo.
Años después comenzó a reclamar parte de la empresa.
—¿Y Samantha heredó esa obsesión? —preguntó Paige.
—Sí —respondió Daniel.
Melissa negó.
—Pero ella siempre fue amable con nosotros.
—Eso la hacía más fácil de ignorar —dijo Patricia.
Sentí un peso en el pecho.
Recordé a Samantha en mi graduación.
Su abrazo.
Su sonrisa.
El día que nació Emma.
Ella había llevado una manta pequeña.
El día que murió mi padre, ella me había dicho:
—Si necesitas cualquier cosa, aquí estoy.
Y ahora podía haber sido una de las personas responsables de todo.
—Necesitamos saber qué hizo —dije.
Patricia sacó una carpeta.
—Aquí.
Dentro había registros de llamadas.
Correos.
Pagos.
Una transferencia mensual aparecía repetida durante tres años.
El destinatario era una cuenta a nombre de una empresa.
La empresa estaba vinculada a Samantha.
Melissa se sentó.
—No puedo creerlo.
Daniel tomó otro documento.
—Hay más.
Lo mostró.
Era una autorización para acceder a los archivos de mi padre.
La firma era de Elaine.
Pero debajo aparecía la aprobación de Samantha.
—¿Mamá le dio acceso?
Elaine comenzó a llorar.
—Yo no sabía para qué lo quería.
—¿Cuándo firmaste esto?
—Hace tres años.
—Después de la muerte de papá.
Elaine asintió.
—Samantha me dijo que quería recuperar unas fotografías y documentos de Richard.
—¿Y tú le creíste?
—Era mi sobrina.
La miré.
—Todos la considerábamos familia.
Nadie habló.
Entonces mi teléfono vibró.
Un mensaje.
*“Mañana no llegues a la audiencia.””*
Otro.
*“Si lo haces, tus hijas pagarán las consecuencias.””*
Paige se puso rígida.
—Connor.
Le mostré el teléfono.
Melissa se llevó una mano a la boca.
—¿Samantha?
No lo sabíamos.
Pero el mensaje tenía algo extraño.
No era una amenaza directa.
Era una advertencia.
Como si quien lo hubiera enviado quisiera evitar que sucediera algo peor.
Entonces llegó otro mensaje.
*“Tu padre dejó una última prueba en la casa de tu madre. Búscala antes de las ocho.””*
Patricia levantó la mirada.
—Eso no lo envió Samantha.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque si quisiera detenerte, no te diría dónde buscar.
Elaine se levantó.
—No vayas.
—¿Por qué?
Mi madre estaba temblando.
—Porque sé qué hay ahí.
Me acerqué.
—¿Qué?
—El documento que tu padre estaba buscando la noche que se enfermó.
—¿Dónde está?
Elaine miró hacia el pasillo.
—En mi habitación.
Fuimos todos.
Elaine abrió un armario.
Movió varias cajas.
Debajo de una cobija apareció un pequeño portafolios negro.
Lo abrió.
Dentro había un contrato.
Lo reconocí inmediatamente.
Era el acuerdo original de la empresa.
Pero había una cláusula adicional.
La cláusula decía que, si Richard o cualquiera de sus herederos intentaba tomar control mediante documentos falsificados, toda la participación familiar sería transferida a los hijos de Thomas.
A mí y a Melissa.
—Entonces Samantha no puede quedarse con nada —dije.
El abogado, que acababa de llegar, tomó el documento.
—No solo eso.
—¿Qué?
—Este contrato demuestra que la solicitud presentada mañana es fraudulenta.
Respiré.
—Entonces mañana ganamos.
El abogado negó.
—No tan rápido.
—¿Por qué?
—Porque hay una firma adicional.
Miré.
El documento estaba firmado por Thomas.
Y por otra persona.
Mi madre.
Elaine comenzó a llorar.
—Connor...
—¿Qué hiciste?
—No sabía que ella iba a utilizarlo.
—¿Quién?
Mi madre no respondió.
El abogado señaló la firma.
—Elaine firmó como testigo.
—¿Y qué tiene de malo?
—Nada.
—Entonces ¿por qué estás preocupado?
El abogado levantó el documento.
—Porque alguien añadió una página después.
Pasó la hoja.
La última página tenía una firma.
Era la de mi padre.
Pero la tinta era reciente.
—Esto fue falsificado.
Patricia palideció.
—Entonces alguien todavía tiene acceso al original.
Miré el reloj.
Faltaban menos de doce horas para la audiencia.
Y en ese momento comprendí algo.
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No importaba quién hubiera comenzado la mentira.
Alguien seguía intentando terminarla.