Chapter 5: La caja azul que alguien quiso hacer desaparecer
Andrés me esperaba en su oficina cuando recibí la confirmación de que el hospital permitiría que Grace permaneciera bajo observación durante la noche.
No quería dejarla sola, pero la trabajadora social había organizado medidas para protegerla a ella y a Ava. Además, dos agentes ya tenían conocimiento de las amenazas y de la posible relación con la empresa de seguridad.
Antes de salir, le prometí a Grace que regresaría.
—No confíes en Brooke —me dijo.
—No voy a confiar ciegamente en nadie.
—Y no vayas a buscar la caja sin ayuda.
Le apreté la mano.
—Andrés y las autoridades estarán conmigo.
Grace asintió, aunque seguía teniendo miedo.
Ava corrió hacia mí y me abrazó por la cintura.
—¿Vas a regresar?
—Sí, pequeña.
—No tardes mucho.
Le prometí que volvería antes de que se durmiera.
Cuando llegué a la oficina de Andrés, él tenía varios documentos distribuidos sobre una mesa. Había una computadora encendida, un bloc de notas y una carpeta con las fotografías que le había enviado.
Me señaló una silla.
—Necesitamos separar lo que sabemos de lo que sospechamos.
Me senté.
—Lo que sabemos es que Grace llegó a mi boda herida, que presenta documentos médicos y una solicitud de protección, y que una niña identificó a Brooke como la mujer que la amenazó.
Andrés asintió.
—Correcto. También sabemos que recibiste mensajes anónimos con amenazas, que una fotografía relaciona a una empresa de seguridad con el seguimiento de Grace y que hay irregularidades en algunos documentos.
—¿Y qué sospechamos?
—Que alguien utilizó esa empresa para vigilar a Grace. Que la historia del embarazo perdido de Brooke pudo haber sido inventada. Y que la caja azul contiene información que puede ayudarnos a reconstruir lo ocurrido.
Señaló la factura.
—Esta hoja apareció entre los documentos que Grace fotografió antes de desaparecer. La anotación es inquietante, pero todavía tenemos que comprobar quién la escribió y por qué.
—¿Podemos ir por la caja?
—Sí, siempre que se haga con las precauciones adecuadas. Ya informé a los agentes del lugar. No vas a entrar solo, Daniel.
Una hora después, nos dirigíamos a la casa de Teresa con un agente y una oficial que conocían los detalles básicos del caso.
Era una vivienda pequeña, de fachada color crema, con macetas de barro junto a la entrada. Había una bicicleta infantil apoyada en la pared y ropa tendida en el patio.
La casa parecía completamente normal.
Eso era lo que más me inquietaba.
Las cosas terribles podían ocurrir detrás de cualquier puerta.
Tocamos varias veces.
Nadie respondió.
El agente llamó a la puerta de la vecina y le explicó que necesitábamos localizar a Teresa por un asunto urgente.
La mujer, de cabello gris y delantal floreado, nos observó con desconfianza.
—¿Le pasó algo a mi comadre?
—Necesitamos hablar con ella —respondió la oficial—. ¿Sabe dónde está?
La vecina se persignó.
—Una señora fue por ella ayer. Dijo que necesitaba llevarla a una clínica porque estaba enferma. Teresa no quería irse, pero la mujer le mostró unos papeles y se puso nerviosa.
Intercambié una mirada con Andrés.
—¿Cómo era esa mujer? —pregunté.
La vecina frunció el ceño.
—Alta, delgada, muy arreglada. Traía un vestido blanco y un abrigo. Me pareció conocida, pero no pude verle bien la cara.
—¿Le dijo su nombre?
—Dijo que era amiga de la familia.
El agente anotó cada detalle.
No podíamos asumir que aquella mujer fuera Brooke, pero la coincidencia era alarmante.
La oficial intentó comunicarse con Teresa mediante el número que su vecina tenía guardado. El teléfono estaba apagado.
Después de verificar la situación, los agentes iniciaron los procedimientos necesarios para comprobar que Teresa se encontrara a salvo y para acceder a la vivienda de forma legal.
Yo esperaba en el patio, caminando de un lado a otro.
Andrés me sujetó por el hombro.
—Mantén la cabeza fría.
—Una mujer embarazada fue amenazada, una niña dice que alguien quería llevársela y ahora la única persona que puede ayudarnos a encontrar pruebas está desaparecida.
—Lo sé. Pero necesitamos actuar de forma que las pruebas puedan utilizarse. Si perdemos el control, le damos una ventaja a quien esté detrás de esto.
Finalmente, los agentes nos permitieron entrar.
La casa olía a café guardado y a jabón de lavanda. Había un rosario colgado junto a una imagen de la Virgen de Guadalupe y una fotografía familiar sobre una mesita.
Todo estaba en su sitio.
Excepto el dormitorio.
La cama tenía las sábanas arrancadas. Un cajón estaba abierto y varias prendas habían sido arrojadas al suelo.
Alguien había buscado algo.
La oficial examinó el lugar con cuidado.
Andrés se agachó junto a la cama.
—Grace dijo que la caja estaba debajo de aquí.
Dos agentes levantaron el colchón mientras otro revisaba el espacio inferior. Al principio no encontraron nada.
Después uno de ellos tocó una tabla que sonaba hueca.
La retiraron con autorización y descubrieron un compartimento pequeño.
Dentro había una caja azul, envuelta en una bolsa de plástico.
Andrés me miró.
—Parece que la encontramos.
Los agentes documentaron dónde estaba guardada y revisaron el contenido de acuerdo con el procedimiento correspondiente.
En el interior había fotografías impresas, recibos, copias de conversaciones y un teléfono viejo. También había un sobre dirigido a Grace.
Lo abrimos cuando los agentes terminaron de registrar el hallazgo.
La letra pertenecía a Teresa.
Grace: si estás leyendo esto, significa que algo salió mal. No sé cuánto tiempo podré seguir ayudándote. La mujer que vino a verme dijo que tú habías aceptado marcharte para siempre, pero yo sé que eso es mentira.
Tragué saliva y continué leyendo.
Me pidió que le entregara tus documentos médicos. Le dije que no sabía dónde estaban. Después me amenazó con denunciarme por algo que no hice. Me dio miedo, pero escondí la caja.
Hay una cosa que debes saber: el hombre que llevó a esa mujer hasta mi casa trabaja para la empresa que vigilaba tu calle. Lo vi antes. También estuvo en tu antiguo trabajo.
Firmaba con una sola palabra:
Teresa.
Sentí un golpe de rabia.
No solo habían vigilado a Grace. Habían identificado a las personas que intentaban ayudarla.
Los documentos estaban desordenados, pero la oficial y los agentes comenzaron a clasificarlos. Entre ellos apareció una hoja con el registro de varias llamadas recibidas por Teresa.
La mayoría procedía de números desconocidos.
Una de las anotaciones tenía una fecha de dos días antes de la boda.
Dice que si la embarazada llega a la iglesia, debo entregar la caja. Si no lo hago, no volveré a ver a mi nieto.
Andrés apretó los labios.
—Parece que alguien utilizó a la familia de Teresa para obligarla a obedecer.
Seguí revisando los sobres, hasta encontrar una fotografía que me dejó sin aliento.
Brooke estaba de pie junto a un hombre con traje oscuro. Era el responsable de seguridad de mi boda.
Ambos aparecían frente a un edificio de oficinas. Brooke sostenía una carpeta y el hombre llevaba un teléfono en la mano.
En el reverso había una fecha escrita con tinta azul.
Era de varios meses atrás.
Antes de que yo le propusiera matrimonio a Brooke.
—¿La reconoces? —preguntó Andrés.
—Sí.
—¿Y a él?
—Es el hombre que contraté para la boda.
Andrés estudió la fotografía.
—Esto podría ser importante. Pero necesitamos establecer cuándo y dónde fue tomada, y qué relación existía entre ambos.
Uno de los agentes encontró un pequeño dispositivo de grabación dentro de la caja.
Era un aparato antiguo, del tamaño de una llave de automóvil.
Tenía una etiqueta pegada en la parte posterior.
Reunión. No borrar.
El dispositivo estaba dañado, pero parecía conservar un archivo.
Los agentes se encargaron de preservar el objeto y gestionar una copia del audio. Mientras esperábamos, seguí examinando las hojas.
Encontré una copia del supuesto ultrasonido de Brooke.
La misma imagen que ella me había mostrado.
En una esquina se veía un pequeño sello con el nombre de una clínica. Debajo, escrito con letra manuscrita, estaba el número de un expediente.
Lo comparé con la factura de seguridad.
El número no coincidía con el formato que aparecía en los registros oficiales que Andrés había podido revisar.
—¿Y si el ultrasonido ni siquiera era suyo? —pregunté.
—Es una posibilidad —respondió—. Pero no voy a afirmarlo hasta que podamos verificarlo.
La oficial recibió entonces una llamada.
Se alejó unos pasos y habló en voz baja. Cuando terminó, regresó con el rostro serio.
—Ya tenemos una primera respuesta sobre Teresa.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
—¿Dónde está?
—No hemos conseguido localizarla todavía. Sin embargo, un hospital confirmó que una mujer con su nombre ingresó ayer por una caída. No hay indicios de que estuviera acompañada por familiares, y estamos verificando quién la trasladó.
—¿Está herida?
—Por lo que sabemos, se encuentra estable. Vamos a confirmar su identidad y a asegurarnos de que esté protegida.
Respiré por primera vez en varios minutos.
No era una buena noticia, pero al menos Teresa seguía viva y quizá pudiera explicar quién se había presentado en su casa.
Mientras los agentes guardaban la caja para trasladarla y conservar las pruebas, Andrés recibió una llamada de la persona que estaba revisando el archivo de audio.
El dispositivo había logrado reproducir una parte.
Nos acercamos para escuchar.
Al principio solo hubo ruido. Después apareció la voz de un hombre.
—No puedes seguir inventando cosas. Si Daniel descubre que no existe ningún bebé, todo se te va a venir encima.
Sentí que mis dedos se entumecían.
Entonces escuché a Brooke.
—Daniel no necesita un bebé. Necesita una razón para creer que me necesita a mí.
Hubo un golpe, como si alguien hubiera dejado un vaso sobre una mesa.
El hombre respondió:
—¿Y qué vas a hacer cuando Grace regrese?
Brooke soltó una risa breve.
—Grace no va a regresar.
—No puedes garantizarlo.
—Ya me encargué de que nadie le crea. Tengo los mensajes, tengo la carta y tengo a Daniel convencido de que ella lo abandonó.
Se hizo una pausa.
Después Brooke pronunció una frase que me dejó helado.
—Y si alguna vez vuelve, tú te ocuparás de que no llegue a verlo.
El archivo terminó con un ruido seco.
Nadie habló durante varios segundos.
Andrés fue el primero en reaccionar.
—Tenemos que entregar esto a los investigadores. El audio necesita autenticación, y tenemos que identificar al hombre que habla.
Yo apenas podía respirar.
La grabación no demostraba por sí sola todos los delitos que sospechábamos, pero sí mostraba a Brooke hablando de un bebé inexistente y de un plan para impedir que Grace regresara.
No era un simple malentendido.
Era una estrategia.
Y yo había estado a punto de casarme con la mujer que la había ejecutado.
Mi celular vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
Deja de escuchar grabaciones ajenas. La próxima vez, no habrá una caja que te permita conocer la verdad.
Le mostré el mensaje a Andrés.
Él llamó inmediatamente a los agentes y pidió que lo incorporaran al registro de amenazas.
Después miró la pantalla del teléfono de nuevo.
—Daniel, alguien sabe exactamente qué encontramos.
Sentí que la rabia empezaba a desplazar al miedo.
—Entonces tenemos que averiguar quién le está informando.
Andrés tomó la fotografía de Brooke junto al jefe de seguridad y la guardó en una carpeta separada.
—Y debemos saber algo más: ¿por qué esa empresa estaba tan interesada en controlar a Grace y a Ava?
No tuve tiempo de responder.
El teléfono volvió a vibrar.
Esta vez era una notificación del hospital.
Ava había desaparecido de la sala donde la trabajadora social la había dejado mientras Grace terminaba una evaluación médica.
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El mensaje incluía una última línea.
*Una mujer vestida de blanco acababa de salir con ella por la puerta de servicio.*
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