Chapter 4: El bebé que Brooke juraba haber perdido
—Daniel, antes de que cometas un error del que no puedas volver, pregúntale a Grace qué le hizo al primer bebé que tuvimos.
La voz de Brooke seguía resonando en mi oído incluso después de que terminó la llamada.
Me quedé inmóvil junto a la cama del hospital, con el teléfono apretado en la mano y la mirada clavada en Grace.
Ella había escuchado lo suficiente para comprender que algo terrible acababa de salir a la luz.
—¿Qué te dijo? —preguntó con un hilo de voz.
No contesté inmediatamente.
La acusación de Brooke había abierto una puerta que yo creía cerrada desde hacía meses.
Un bebé.
El primer bebé de Brooke y mío.
O, al menos, eso era lo que ella me había hecho creer.
—Grace, necesito que me digas la verdad —murmuré—. ¿Tuviste algo que ver con el embarazo que Brooke perdió?
Grace se quedó blanca.
—¿Qué embarazo?
La pregunta me desconcertó.
—El que tuvo después de que desapareciste.
Grace intentó incorporarse, pero una punzada la obligó a recostarse de nuevo. Una enfermera se acercó de inmediato para acomodarle la almohada.
—No te muevas demasiado —le advirtió—. Necesitas descansar.
Grace esperó a que la enfermera se apartara.
—Daniel, yo estaba aterrada, escondida y tratando de proteger a Ava. No sabía nada de un embarazo de Brooke.
—Ella dice que tú le hiciste algo al bebé.
Grace me miró como si acabara de abofetearla.
—¿Y tú le creíste?
La culpa me cayó encima.
—No he dicho que le crea. Estoy preguntándote qué pasó.
Grace bajó los ojos hacia sus manos.
Las marcas oscuras de sus muñecas parecían todavía más evidentes bajo la luz blanca del hospital.
—Durante los primeros días en que me tuvieron encerrada, escuché a una mujer discutir por teléfono. No podía ver su cara, pero reconocí su voz.
—¿La voz de Brooke?
Grace tardó unos segundos en responder.
—No estoy completamente segura. Estaba muy asustada y apenas podía dormir. Pero esa mujer decía que tú ya estabas con alguien más, que pronto te casarías y que yo tenía que desaparecer para siempre.
Me pasé una mano por el rostro.
La historia empezaba a adquirir una forma monstruosa.
—¿Y nunca te dijeron que Brooke estaba embarazada?
—Nadie me dijo nada de eso. Lo único que me repetían era que tú me odiabas, que no querías volver a verme y que mi hija terminaría pagando si intentaba regresar contigo.
Ava levantó la cabeza desde la silla donde estaba sentada dibujando.
—Mami, ¿podemos irnos a casa?
Grace trató de sonreír.
—Todavía no, mi amor.
—¿Por qué?
—Porque los médicos necesitan cuidarnos.
La niña miró mi rostro.
—¿Usted va a dejar que esa señora vuelva?
Antes de que pudiera contestar, una trabajadora social que había permanecido cerca de la puerta se acercó a ella.
—Ava, ¿quieres venir conmigo a buscar unos crayones? Tu mamá necesita hablar un ratito con Daniel.
La pequeña dudó.
Grace le acarició la mejilla.
—Ve, mi vida. Aquí vas a estar segura.
Cuando la puerta se cerró, volví a mirar a Grace.
—Brooke me dijo que perdió a nuestro bebé hace unos meses.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—Yo no sabía que había dicho eso.
—Me contó que estaba embarazada. Me enseñó una imagen de un ultrasonido y después me dijo que había perdido al bebé tras recibir unas amenazas. Según ella, las amenazas venían de ti.
Grace negó lentamente con la cabeza.
—Daniel, cuando Brooke dice que yo le hice algo, está intentando que tú me culpes por algo que probablemente nunca ocurrió.
Sus palabras me hicieron recordar una conversación que había preferido no revisar.
Meses atrás, Brooke había llegado a mi departamento con los ojos hinchados. Me contó que estaba embarazada de pocas semanas, que tenía miedo de decírmelo y que, cuando finalmente encontró el valor para hacerlo, había comenzado a recibir mensajes amenazantes.
Recuerdo haberla abrazado.
Recuerdo haberle dicho que no tenía por qué enfrentar nada sola.
Y recuerdo la fotografía del ultrasonido.
Una mancha gris sobre una pantalla.
Una fecha escrita en una esquina.
No recuerdo haber visto el nombre de un médico. Tampoco recuerdo haber acompañado a Brooke a una consulta.
Después vino la noticia de la pérdida.
Brooke lloró durante horas y me hizo prometer que no volvería a hablar con Grace, porque, según ella, cualquier contacto con mi antigua pareja ponía en peligro nuestra nueva vida.
Me había sentido culpable por querer respuestas.
Terminé aceptando que mi compromiso con Brooke era una forma de empezar de nuevo.
Ahora comprendía lo fácil que había sido utilizar mi dolor para mantenerme a su lado.
—¿Alguna vez amenazaste a Brooke? —pregunté.
Grace apretó los labios.
—No. Ni siquiera sabía dónde vivía hasta que empezó a aparecer cerca de mi casa.
—¿La habías visto antes de que desaparecieras?
—Una vez.
Levanté la cabeza.
—¿Cuándo?
—Unas semanas antes de irme. Llegó a mi trabajo y pidió hablar conmigo. Dijo que necesitaba explicarme algo importante sobre ti.
—¿Qué te dijo?
Grace respiró profundamente.
—Me enseñó una fotografía tuya y me preguntó si todavía te amaba. Cuando le respondí que sí, me dijo que, si realmente te quería, debía desaparecer de tu vida.
Sentí que los músculos de la mandíbula se me tensaban.
—¿Por qué no me lo contaste?
—Porque cuando salí del trabajo para buscarte, recibí un mensaje desde tu número. Decía que ya no querías verme y que yo estaba arruinando tu vida. Después encontré una fotografía de Ava frente a su escuela.
Grace se cubrió el rostro.
—Tenía miedo, Daniel. Me amenazaron con mi hija. No sabía en quién confiar.
No intenté justificar mis sospechas. Todavía necesitaba comprobar muchas cosas, pero había empezado a comprender cuánto había ignorado.
—Voy a averiguar qué ocurrió con ese embarazo —le dije—. Si Brooke perdió un bebé, quiero saber la verdad. Y si inventó la historia, también.
Grace me tomó la mano.
—No te enfrentes a ella solo.
—No lo haré.
El teléfono vibró sobre la mesa.
Era Andrés.
Contesté inmediatamente.
—Dime que tienes algo.
—Tengo una primera revisión de los documentos que me enviaste —respondió—. No puedo confirmar todavía que el expediente prenatal sea falso, pero encontré una irregularidad que debemos aclarar.
Me aparté un poco de la cama.
—¿Cuál?
—El número de registro que aparece en una de las hojas no parece corresponder al formato utilizado por la clínica durante esas fechas. Eso no basta para declarar que todo es falso. Podría ser una copia incompleta o una modificación posterior.
Miré el expediente.
—¿Y qué pasa con Brooke?
—Necesito saber qué documentos te presentó cuando dijo que había perdido el embarazo.
Le expliqué que había conservado algunos mensajes, pero no los papeles médicos.
Andrés guardó silencio un instante.
—Daniel, busca las conversaciones originales. No las capturas que ella te haya enviado. Quiero los mensajes almacenados en tu teléfono, con sus fechas y números de origen.
Empecé a revisar el historial.
Había un mensaje de Brooke enviado la noche en que me contó que estaba embarazada.
No quiero que te asustes. Necesito que hablemos.
Después, una fotografía del ultrasonido.
Y, dos semanas más tarde, otro mensaje.
Lo perdimos. El médico dice que el estrés pudo haber influido. Por favor, no me hagas hablar de esto todavía.
Me detuve en una conversación anterior.
Brooke me había escrito que una mujer la había seguido hasta una clínica.
No mencionaba ningún nombre.
Sin embargo, unas horas después me envió otro mensaje que sí lo mencionaba.
Estoy segura de que fue Grace.
Aquella acusación había sido suficiente para que yo aceptara su versión sin pedir explicaciones.
Le envié a Andrés las conversaciones completas.
—Voy a conservarlas y revisar las fechas —me aseguró—. No borres nada ni respondas provocaciones. Cuando tengamos elementos suficientes, los entregaremos a las autoridades.
Colgó.
Grace me observaba desde la cama.
—¿Qué te dijo?
—Hay irregularidades en los documentos del embarazo que aparecen en tu expediente.
Ella cerró los ojos.
—Entonces todo esto fue planeado.
—Todavía no podemos asegurarlo.
—Daniel, me amenazaron, me encerraron, me quitaron a mi hija durante horas para obligarme a obedecer. Si todo fue una coincidencia, sería la coincidencia más cruel del mundo.
No tuve una respuesta.
En ese momento, la trabajadora social regresó con Ava.
La niña llevaba una caja de crayones y una hoja con una casa dibujada. En el centro de la hoja había tres figuras: una mujer, una niña pequeña y un hombre alto.
—Este es usted —me explicó, señalando al hombre.
Sonreí débilmente.
—¿Y quién está aquí?
Ava apuntó hacia la figura de la mujer.
—Mi mamá.
Después señaló la niña.
—Y yo.
—Es un dibujo muy bonito.
La pequeña bajó la voz.
—¿Puedo dibujarle otra cosa?
—Claro.
Ava giró la hoja y comenzó a dibujar una figura vestida de blanco, con el cabello oscuro y una bolsa en la mano.
Mi sonrisa desapareció.
—¿Quién es ella?
Ava dejó el crayón.
—La señora que venía a buscarme.
Grace se incorporó ligeramente.
—Ava, ¿de qué señora hablas?
—La que decía que podía llevarme con ella porque mi mamá ya no iba a estar.
La trabajadora social se acercó con cautela.
—Ava, ¿recuerdas dónde la viste?
La niña señaló el dibujo.
—En la casa de la señora Teresa. Y también afuera de la escuela.
Me arrodillé junto a ella.
—¿La reconoces si ves una fotografía?
Ava asintió.
Abrí la galería de mi celular y busqué una imagen de Brooke que habíamos tomado durante una cena familiar.
No estaba seguro de querer mostrarle la fotografía a la niña, pero la trabajadora social consideró que podíamos preguntarle sin presionarla.
Le enseñé la pantalla.
Ava se quedó rígida.
El crayón rojo cayó al suelo.
—Es ella.
Grace comenzó a llorar.
Yo sentí que la sangre se me helaba.
La niña no parecía confundida. No estaba intentando complacerme. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se escondió junto a la cama.
—No dejes que me lleve, por favor.
La abracé con cuidado.
—Nadie va a llevarte ahora, Ava.
La trabajadora social informó de inmediato al personal correspondiente sobre el señalamiento de la niña. También pidió que se registrara la información y se compartiera con las autoridades que investigaban las amenazas.
No era una prueba definitiva contra Brooke, pero era demasiado importante para ignorarla.
Minutos después, recibí un mensaje de Andrés.
Necesito que vengas a mi oficina cuando puedas. No salgas del hospital sin tomar precauciones. Encontré una pista relacionada con el supuesto embarazo de Brooke.
Debajo había una fotografía de un documento.
Era una factura de una clínica privada.
En la parte superior aparecía una fecha que yo recordaba perfectamente.
El mismo día en que Brooke me había dicho que estaba embarazada.
Pero había algo más.
La factura no estaba a nombre de Brooke.
Estaba a nombre de una empresa de seguridad.
La misma empresa que había contratado para proteger mi boda.
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Y en la sección de observaciones alguien había escrito a mano una frase que me hizo sentir que el piso desaparecía bajo mis pies:
*«Servicio especial: seguimiento de Grace y de la menor».*
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