Chapter 2: El secreto que su madre llevaba bajo el vestido amarillo
Nadia había sobrevivido a la confesión de su hermana, pero cuando vio a su madre sujetándose el vientre y a Darren incapaz de mirarla a los ojos, comprendió que aquella familia llevaba meses construyendo una mentira mucho más grande.
—Contéstame, mamá.
Su voz sonó extrañamente tranquila.
Gloria seguía de pie junto a la mesa, con una mano apoyada en el abdomen y la otra aferrada al respaldo de la silla.
—Hija, por favor, siéntate.
—No voy a sentarme.
—Estás alterada.
—¡Claro que estoy alterada! Mi esposo embarazó a mi hermana y ahora me dices que tú también estás embarazada. ¿Qué esperas que haga? ¿Que te prepare un té?
La tía Marlene se levantó.
—Gloria, creo que lo mejor es que digas la verdad de una vez.
Nadia giró la cabeza hacia ella.
—¿Tú también sabías?
Marlene apretó los labios.
—Sabía que había algo entre ellos.
—¿Entre quiénes?
Su tía no respondió.
Nadia sintió que las piernas le temblaban.
—No puede ser.
Miró a Darren.
—Dime que no eres el padre del bebé de mi mamá.
Él permaneció callado.
—Dímelo, Darren.
—Nadia…
—¡Dímelo!
—No puedo.
La respuesta fue tan absurda que Nadia soltó una carcajada involuntaria.
Se llevó una mano a la frente.
—No puedes. Claro. Porque para acostarte con mi hermana sí pudiste.
Para mentirme durante ocho meses sí pudiste. Pero ahora no puedes decirme una sola verdad.
Darren se acercó un paso.
—Las cosas no ocurrieron como crees.
—Entonces explícame cómo ocurrieron.
Él miró a Gloria.
Ese intercambio de miradas fue suficiente.
Nadia lo entendió.
No necesitaba escuchar una descripción. No necesitaba conocer los detalles íntimos de aquella traición. Bastaba con observar la vergüenza en el rostro de su madre y el miedo en el de su esposo.
—También eres el padre del bebé de ella —susurró.
Gloria rompió a llorar.
—Yo nunca quise que esto pasara.
Nadia se volvió hacia su madre con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Cuántas veces voy a escuchar esa frase esta noche?
—Fue un momento de debilidad.
—¿Un momento? Kiara lleva ocho meses embarazada. ¿Y tú?
Gloria bajó la cabeza.
—Casi cuatro meses.
Nadia retrocedió hasta chocar con la pared.
Casi cuatro meses.
Recordó la visita que le había hecho a su madre durante una tarde lluviosa. Gloria se había quejado de náuseas y cansancio. Nadia había ido a la farmacia, comprado medicamentos para el malestar y preparado caldo de pollo para que pudiera comer algo.
También recordó cómo Darren había insistido en acompañarla aquella tarde, aunque supuestamente tenía una junta de trabajo.
Ahora aquel recuerdo se transformaba en algo irreconocible.
—Yo te cuidé —dijo Nadia, mirando a su madre—. Cuando te enfermaste, yo estuve contigo. Cuando no podías pagar los recibos de esta casa, yo los pagué. Cuando te sentías sola, dejaba todo para venir a verte.
Gloria se cubrió la cara.
—Lo sé, hija.
—No. No lo sabes. Porque si lo supieras, jamás me habrías hecho esto.
—No fue por falta de amor hacia ti.
Nadia sintió que aquellas palabras la atravesaban.
—¿Entonces por qué?
Gloria miró a Darren.
—Él me hacía sentir acompañada.
Nadia dejó de respirar por un instante.
—¿Qué acabas de decir?
—Tu esposo empezó a venir cuando tú trabajabas. Me ayudaba con las reparaciones de la casa, arreglaba cosas, se sentaba conmigo a tomar café. Yo estaba pasando por una etapa muy difícil…
—¿Y decidiste acostarte con el esposo de tu hija?
—¡No lo planeé!
—Pero sí lo repetiste.
Gloria no pudo contestar.
Darren intentó intervenir.
—Yo también tengo parte de la culpa.
Nadia lo miró con desprecio.
—Qué generoso de tu parte reconocerlo ahora.
—No quiero perderte.
—¿Todavía tienes el descaro de decirme eso?
—Te amo, Nadia.
Ella señaló a su madre y a su hermana.
—¿A cuál de nosotras amas cuando estás con ella? ¿A cuál le dices la verdad? ¿O es que tienes una versión distinta para cada mujer que te cree?
Darren bajó los ojos.
Por primera vez, Nadia no sintió ganas de hacerlo hablar.
Quería marcharse.
Quería salir de aquella casa y alejarse de las voces que habían convertido su vida en una mentira.
Pero entonces escuchó a Kiara.
—Nadia, hay algo que no sabes.
Su hermana se había secado las lágrimas. Ahora parecía asustada, aunque no por el dolor que le había causado.
Nadia se volvió hacia ella.
—Te quedan cinco palabras antes de que me vaya.
Kiara miró a Gloria.
Su madre negó discretamente con la cabeza.
Nadia lo vio.
Y comprendió que todavía estaban intentando ponerse de acuerdo sobre qué mentira contarle.
—Dilo —ordenó.
Kiara respiró hondo.
—Darren dijo que iba a dejarte.
—Eso ya lo imaginaba.
—No. Dijo que iba a dejarte después de conseguir el dinero.
Nadia frunció el ceño.
—¿Qué dinero?
Darren se movió de inmediato.
—Kiara, cállate.
Aquella reacción cambió el ambiente.
Hasta ese momento, Nadia había creído que la traición se limitaba a las relaciones que mantenían a sus espaldas. Pero la desesperación de Darren le indicó que había algo más.
—¿Qué dinero, Kiara?
Su hermana comenzó a retorcerse las manos.
—El dinero de la casa.
Nadia sintió un escalofrío.
La casa.
No era una casa cualquiera.
Su abuela Eleanor había vivido allí durante más de cuarenta años. Cuando murió, dejó la propiedad a nombre de Nadia porque era la única nieta que había permanecido a su lado durante sus últimos meses de vida.
Nadia había pagado las reparaciones, los impuestos y el mantenimiento. Había permitido que Gloria viviera allí sin cobrarle renta porque no quería que su madre tuviera que mudarse.
Darren sabía lo que esa propiedad significaba.
También sabía que Nadia había recibido una oferta para vender una parte del terreno y que estaba considerando invertir el dinero en un pequeño negocio.
—¿Qué tiene que ver mi casa con todo esto? —preguntó.
Darren intentó acercarse.
—Amor, estás entendiendo mal.
—No me llames amor.
—Solo estábamos hablando de posibilidades.
—¿Qué posibilidades?
Kiara se secó la nariz.
—Darren dijo que, cuando te convenciera de vender, podríamos usar el dinero para empezar una nueva vida.
Nadia miró a su esposo.
—¿Una nueva vida con mi hermana?
Él no respondió.
—¿Y con mi mamá también?
Gloria se dejó caer en una silla.
—Yo no sabía que él tenía ese plan.
Nadia la observó.
—¿Pero sí sabías que estaba engañándome?
Su madre cerró los ojos.
—Sí.
La honestidad tardía no reparó nada.
Nadia sintió que la última parte de su antigua vida se desprendía de ella.
—¿Quién más sabía lo del dinero?
Nadie contestó.
Nadia abrió su bolso y sacó el teléfono.
—Voy a llamar a un abogado.
Darren palideció.
—No hagas esto.
—¿Qué cosa?
—No conviertas un problema familiar en una guerra.
Nadia lo miró con una serenidad que lo hizo retroceder.
—Tú convertiste mi matrimonio en una mentira. Mi hermana convirtió mi confianza en una oportunidad. Mi madre convirtió mi generosidad en un lugar donde esconderse. Yo solamente voy a poner límites.
Marcó el número de su abogada, la licenciada Fernanda Ruiz, con quien había consultado meses atrás sobre los documentos de la propiedad.
La llamada entró al buzón.
Nadia dejó un mensaje breve y guardó el teléfono.
—Mañana hablaremos con ella.
Darren se pasó una mano por el rostro.
—Nadia, no puedes dejarme en la calle.
—No recuerdo haberte invitado a vivir dentro de mi dignidad.
—Tenemos una vida juntos.
—Teníamos.
Él miró a Gloria, esperando que interviniera.
Su madre, sin embargo, seguía sentada, acariciándose el abdomen.
Nadia recogió su bolso y se dirigió hacia la salida.
Esta vez nadie intentó detenerla.
Afuera, el aire nocturno le golpeó el rostro. Se apoyó contra su automóvil y finalmente permitió que las lágrimas cayeran.
Lloró por su matrimonio.
Por su hermana.
Por la mujer que había creído conocer cuando decía la palabra mamá.
Pero no lloró demasiado tiempo.
Porque mientras buscaba las llaves, recibió una notificación en su teléfono.
Era un mensaje de su banco.
*Solicitud de modificación de titularidad de propiedad: documentación pendiente de validación.*
Nadia abrió el aviso.
La solicitud estaba vinculada a la dirección de la casa de su abuela.
Y entre los documentos adjuntos aparecía un archivo que ella jamás había firmado.
Alguien había intentado utilizar sus datos para iniciar un trámite sobre la propiedad.
Nadia miró hacia la ventana iluminada de la casa.
A través del cristal vio a Darren hablando apresuradamente con Gloria, mientras Kiara permanecía a su lado.
Ya no parecían personas avergonzadas por haberla lastimado.
Parecían personas preocupadas porque ella acababa de descubrir algo que debía permanecer oculto.
Nadia tomó una captura de pantalla.
Después descargó el documento.
Al abrirlo, encontró su nombre, su dirección y una firma que se parecía mucho a la suya.
Pero no era su firma.
Debajo había una fecha.
La solicitud había sido preparada tres semanas antes.
Y al final del archivo figuraba el nombre de la persona que había iniciado el trámite.
*Darren Brooks.*
Nadia sintió que el estómago se le revolvía.
Su esposo no solamente había planeado una vida con su hermana.
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También había intentado apoderarse de la casa de su abuela.
Y si la fecha del documento era correcta, todo aquello había comenzado mucho antes de que ella descubriera los embarazos.
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