Chapter 8: La hermana que guardó el último secreto
Mateo no pudo dormir después de aquella llamada.
La voz de Sofía seguía en su cabeza.
"No murió por casualidad.""
Esa frase repetía una y otra vez.
Lucía lo encontró sentado en la cocina durante la madrugada.
Tenía el diario de Alejandro entre las manos.
—¿No has descansado?
Mateo negó.
—¿Cómo puedo dormir sabiendo que mi papá pudo haber sido asesinado?
Lucía se sentó junto a él.
—Porque tienes derecho a estar cansado, mijo.
Mateo sonrió con tristeza.
—Toda mi vida pensé que mi papá me había dejado.
Lucía puso una mano sobre la suya.
—Y ahora sabes que estuvo luchando.
El joven respiró profundamente.
—Eso duele más.
Lucía lo entendió.
A veces la verdad no quitaba el dolor.
Solo cambiaba su forma.
Por la mañana, Sofía aceptó reunirse con ellos.
Eligieron un café pequeño en el centro de Puebla.
Un lugar tranquilo.
Pero nadie se sentía tranquilo.
Cuando Sofía llegó, Lucía la reconoció inmediatamente.
Tenía los mismos ojos que Alejandro.
La misma forma de mirar cuando estaba preocupada.
Mateo se quedó observándola.
Era extraño ver a alguien que compartía su sangre y que había sido un completo desconocido.
—Soy Sofía Herrera —dijo ella.
Mateo respondió:
—Soy Mateo.
Ella sonrió débilmente.
—Lo sé.
Se sentaron.
Durante unos segundos nadie habló.
Finalmente Sofía tomó aire.
—Sé que tienen muchas preguntas.
Lucía respondió:
—Tenemos años de preguntas.
Sofía bajó la mirada.
—Lo sé.
Mateo fue directo.
—¿Mi papá murió por culpa de Verónica?
Sofía cerró los ojos.
—No puedo decir que ella lo hizo directamente.
—Pero sabes algo.
—Sí.
La mujer sacó una carpeta.
—Alejandro descubrió que Verónica había falsificado documentos para quedarse con la empresa.
Mateo tomó los papeles.
—Eso ya lo sabemos.
Sofía negó.
—No.
Lo miró fijamente.
—No saben lo más importante.
Sacó otro documento.
—Verónica no actuaba sola.
Lucía sintió un escalofrío.
—¿Quién estaba con ella?
Sofía tardó en responder.
—Yo.
Mateo se quedó congelado.
El silencio fue absoluto.
—¿Tú?
Sofía asintió.
—Al principio.
Lucía la miró con decepción.
—¿Ayudaste a esa mujer?
Sofía bajó la cabeza.
—Sí.
Mateo se levantó de la mesa.
—Entonces eres igual que ella.
—No.
La respuesta salió con dolor.
—Cometí un error.
Mateo soltó una risa amarga.
—Todos dicen eso después de destruir una familia.
Sofía aceptó la culpa.
—Tienes razón.
Aquella respuesta sorprendió al joven.
Ella no intentó justificarse.
No buscó excusas.
—Cuando conocí a Verónica, pensé que me ayudaría a recuperar lo que mi familia había perdido.
Lucía frunció el ceño.
—¿Qué perdió?
Sofía miró al anciano.
—Mi papá.
El hombre permanecía callado.
—Él perdió todo cuando la familia de Alejandro tomó una decisión que lo dejó sin nada.
Mateo entendió.
—Entonces querías vengarte.
Sofía asintió.
—Sí.
Pero después conocí la verdad.
—¿Cuál verdad?
Sofía miró la fotografía de Alejandro.
—Que mi hermano no era culpable.
Lucía sintió dolor.
Porque Alejandro había quedado atrapado entre personas heridas.
Personas que habían dejado que el rencor destruyera todo.
—¿Cuándo cambiaste de opinión?
Sofía tomó la carpeta.
—Cuando descubrí que Verónica quería desaparecer a Mateo.
El joven guardó silencio.
—Ella me pidió que firmara unos documentos.
Sofía mostró una copia.
—Eran para quitarle todos sus derechos.
Mateo observó el papel.
—¿Y qué hiciste?
—Los firmé.
La decepción apareció en el rostro de Mateo.
Pero Sofía continuó:
—Y después hice algo más.
Sacó un pequeño dispositivo.
—Guardé pruebas.
Lucía la miró.
—¿Por qué?
Sofía sonrió con tristeza.
—Porque cuando vi a Alejandro llorar por su hijo, entendí que había elegido el lado equivocado.
Mateo tomó el dispositivo.
—¿Qué hay aquí?
Sofía respondió:
—La conversación donde Verónica explica todo.
Los tres se quedaron en silencio.
Era la prueba que necesitaban.
Pero antes de poder revisarla, el teléfono de Sofía comenzó a sonar.
Ella miró la pantalla.
Su rostro cambió.
—No puede ser.
Mateo preguntó:
—¿Quién es?
Sofía mostró el nombre.
Verónica.
Contestó con cuidado.
—¿Qué quieres?
La voz de Verónica sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
—Quiero saber por qué traicionaste a la familia.
Sofía palideció.
—No sabes dónde estoy.
Verónica soltó una risa.
—Siempre supe dónde estabas.
Todos se miraron.
Entonces Verónica dijo:
—Y también sé dónde está Mateo.
La llamada terminó.
Mateo miró alrededor.
El miedo volvió.
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Porque ya no estaban buscando la verdad.
Ahora estaban intentando sobrevivir a ella.
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