Calm

Chapter 11: La noche que cambió la vida de Alejandro

Mariana no podía hablar.

Las palabras de Ernesto habían quedado suspendidas en el aire.

"Mariana estaba con Alejandro la noche que murió.""

Pero ella misma parecía no entenderlo.

—Yo no lo vi esa noche —dijo finalmente.

Ernesto la observó.

—Tal vez usted no lo recuerda así.

Mariana negó.

—No. Yo estaba en mi casa.

Mateo la miró.

Por primera vez apareció una duda en sus ojos.

No porque desconfiara de ella.

Sino porque la historia tenía demasiadas versiones.

Lucía se acercó a Mariana.

—Déjalo hablar.

Ernesto asintió.

—Alejandro me llamó ese día.

Todos escuchaban con atención.

—Me dijo que había encontrado pruebas contra Verónica.

Mateo preguntó:

—¿Y qué pasó?

—Me pidió que preparara documentos para proteger a su hijo.

El contador señaló a Mateo.

—A ti.

El joven tragó saliva.

—¿Pero por qué dices que Mariana estaba ahí?

Ernesto abrió otra carpeta.

Dentro había una fotografía.

Era una imagen tomada desde lejos.

Aparecía Alejandro afuera de un restaurante.

A su lado estaba Mariana.

La fecha era el día de la muerte de Alejandro.

Mariana tomó la fotografía.

Sus manos comenzaron a temblar.

—No recuerdo esto.

Ernesto la miró con tristeza.

—Porque alguien hizo que olvidara esa noche.

Todos quedaron sorprendidos.

Lucía preguntó:

—¿Qué quiere decir?

El hombre suspiró.

—Que Mariana sufrió un accidente después de reunirse con Alejandro.

Mateo miró a su madre.

Ella abrió los ojos.

—Ahora recuerdo…

Todos se acercaron.

Mariana se llevó una mano a la cabeza.

—Yo iba manejando.

Sus lágrimas comenzaron a caer.

—Alejandro me llamó. Me dijo que tenía miedo. Me pidió que fuera a verlo.

Mateo se quedó inmóvil.

—¿Y fui contigo?

Mariana negó.

—No. Tú eras pequeño.

Siguió recordando.

—Nos vimos. Hablamos. Alejandro me dijo que iba a arreglar todo.

Lucía preguntó:

—¿Qué pasó después?

Mariana cerró los ojos.

—Verónica apareció.

El ambiente cambió.

Otra vez ese nombre.

Otra vez ella.

—Discutieron —continuó Mariana—. Alejandro estaba decidido a contar la verdad.

Mateo apretó los puños.

—¿Y luego?

Mariana respiró con dificultad.

—Después tuve un accidente.

Ernesto asintió.

—Y cuando despertó, Verónica ya había contado otra historia.

Lucía entendió.

—Quería que pareciera que Mariana no existía.

—Exactamente.

Mateo miró a Ernesto.

—¿Y mi papá?

El hombre bajó la mirada.

—Esa fue la parte que nunca pude aceptar.

—¿Qué?

Ernesto tomó otro documento.

—Alejandro dejó una cita programada con un abogado para el día siguiente.

Mateo entendió.

—Iba a denunciarla.

—Sí.

Lucía sintió dolor.

Su hijo finalmente había encontrado valor.

Pero tal vez demasiado tarde.

Esa noche regresaron a casa con más preguntas que respuestas.

Mateo estaba sentado solo en el patio.

Lucía salió con dos tazas de café.

Le entregó una.

—¿En qué piensas?

Mateo miró el cielo.

—En todo lo que perdí.

Lucía se sentó junto a él.

—Yo también.

El joven la miró.

—¿Sabes qué es lo más extraño?

—¿Qué?

—Durante años pensé que no tenía familia.

Lucía sonrió suavemente.

—Y ahora tienes demasiada.

Mateo soltó una pequeña risa.

Era la primera vez en mucho tiempo.

Pero la tranquilidad duró poco.

El teléfono de Sofía sonó.

Ella contestó.

Después de unos segundos, su rostro cambió.

—¿Qué pasó? —preguntó Mateo.

Sofía miró a todos.

—Es la policía.

Lucía sintió preocupación.

—¿Por qué?

Sofía respiró profundamente.

—Porque encontraron una denuncia contra nosotros.

Mateo se levantó.

—¿De quién?

Sofía mostró la pantalla.

El nombre apareció.

Verónica Herrera.

La acusación era clara.

Robo de documentos.

Fraude.

Intento de extorsión.

Mateo soltó una risa amarga.

—Está intentando voltearlo todo.

Sofía asintió.

—Y si gana tiempo, puede destruir las pruebas.

Lucía miró la mesa.

Donde estaban todos los documentos.

Todas las respuestas.

—Entonces tenemos que demostrar la verdad antes que ella.

Pero en ese momento llegó otro mensaje.

Era de Ernesto.

Solo decía:

"Encontré algo más sobre Alejandro. Algo que nadie sabe.""

Mateo abrió el mensaje.

Había una fotografía adjunta.

Una fotografía reciente.

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Y en ella aparecía Alejandro.

Vivo.

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