Calm
El teléfono de Noah / Chapter 4 / 15

Chapter 4: El hombre que aparecía en mi acta de nacimiento

La fotografía temblaba entre mis dedos mientras miraba a mi padre, esperando que negara lo que acababa de escuchar.

No lo hizo.

Y ese silencio fue mucho peor que cualquier respuesta.

—¿Quién es? —pregunté otra vez.

Mi papá bajó la mirada.

—Se llamaba Arturo.

Ryan soltó una risa amarga desde la puerta.

—Se llamaba, dice.

Me giré hacia él.

—¿Qué quieres decir?

—Que no murió cuando tú creías.

Mi padre se puso rígido.

—Ryan, vete.

—No hasta que ella sepa toda la verdad.

—¡Fuera de mi casa!

—¿Tu casa? —Ryan sonrió—. Qué ironía.

Mi padre dio un paso hacia él.

—No confundas mi paciencia con miedo.

Ryan retrocedió apenas.

Yo levanté la fotografía.

—Papá, ¿quién es Arturo?

Mi padre respiró profundamente.

—Era un amigo de la familia.

—Eso no explica por qué aparece en mi acta de nacimiento.

Nadie habló.

Sentí que las lágrimas me quemaban los ojos.

—¿Es mi papá?

Mi padre cerró los ojos.

—No.

La respuesta fue tan rápida que casi pareció ensayada.

—Entonces, ¿por qué está en el acta?

Mi padre miró a Ryan.

—Porque alguien falsificó ese documento.

Ryan negó con la cabeza.

—No.

Sacó su celular.

—Yo tengo una copia del original.

Mi papá se quedó inmóvil.

—No sabes lo que tienes.

—Sé perfectamente lo que tengo.

Ryan buscó algo en el teléfono.

Yo sentía el corazón golpeándome el pecho.

—Enséñamelo —dije.

Mi padre intentó detenerme.

—Hija, primero escucha—

—¡No!

Mi voz hizo que Noah se sobresaltara.

Me acerqué a mi padre.

—Toda mi vida me has dicho que tú eras mi papá. Toda mi vida he confiado en ti. Si eso es verdad, necesito saberlo todo.

Mi papá tragó saliva.

—Sí soy tu padre.

Ryan soltó una carcajada.

—Eso es lo que siempre le dijiste.

—¡Cállate! —gritó mi padre.

Noah comenzó a llorar.

Me agaché inmediatamente frente a él.

—Perdóname, mi amor.

Lo abracé.

—No hiciste nada malo.

—¿Papá está enojado?

Miré hacia Ryan.

—Papá tiene que irse.

Ryan apretó la mandíbula.

—No puedes quitarme a mi hijo.

Mi padre respondió:

—Nadie está quitándote nada. Tú mismo pusiste a tu hijo en medio de esto.

Ryan abrió la boca.

Pero no encontró qué decir.

Yo tomé la mano de Noah.

—Vamos arriba.

—¿Y tú?

—Voy contigo.

Subimos las escaleras.

Antes de entrar al cuarto, miré hacia atrás.

Mi padre seguía vigilando a Ryan.

No confiaba en dejarlo solo con él.

Cerré la puerta.

Noah se sentó en su cama.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Mi abuelito está diciendo la verdad?

Me quedé quieta.

—No sé, mi amor.

Era la primera vez que no tenía una respuesta para él.

Noah tomó su dinosaurio del suelo.

—Yo sí sé algo.

—¿Qué?

—Cuando te estaba lastimando, pensé que nadie iba a venir.

Sentí que se me rompía el corazón.

Me arrodillé frente a él.

—Pero llamaste a tu abuelito.

Asintió.

—Porque tú me dijiste que cuando algo malo pasara debía llamar a un adulto.

Lo abracé.

—Hiciste lo correcto.

Noah se quedó en silencio unos segundos.

—¿Puedo quedarme contigo esta noche?

—Claro que sí.

—¿Aunque papá esté abajo?

—Aunque esté abajo.

Mientras acomodaba las almohadas, escuchamos un golpe.

Después la voz de mi padre.

—¡No vuelvas a acercarte a mi hija!

Me levanté inmediatamente.

—Quédate aquí.

—Mamá…

—No voy a tardar.

Abrí la puerta.

Mi padre estaba en el pasillo.

Ryan ya no estaba.

—¿Dónde está?

—Se fue.

—¿Solo?

—Sí.

Miré las escaleras.

—¿Qué pasó?

Mi padre suspiró.

—Me dijo que mañana volverá por sus cosas.

—¿Y qué le dijiste?

—Que no entre sin acompañamiento.

Asentí.

Entonces recordé la fotografía.

—Papá, necesito respuestas.

—Lo sé.

—Ahora.

Me miró durante varios segundos.

—Arturo fue un hombre importante para tu mamá antes de que ella me conociera.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Qué tan importante?

—Mucho.

—¿Ella lo amaba?

Mi padre apartó la mirada.

—Sí.

Aquella palabra me dolió más de lo que esperaba.

—Entonces…

—No saques conclusiones todavía.

—¿Era mi padre?

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

Mi padre se quedó callado.

—Porque yo estaba ahí cuando naciste.

—Eso no prueba nada.

Sus ojos se llenaron de tristeza.

—Sé quién es tu padre.

—Entonces dime.

—Yo.

Lo miré.

—¿Y Arturo?

—Fue la persona que ayudó a tu mamá cuando yo no podía.

—¿Por qué no podías?

Mi padre se sentó en las escaleras.

—Porque estaba en prisión.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿Qué?

—No por lo que estás pensando.

—¿Por qué?

—Me acusaron de algo que no hice.

—¿Qué cosa?

—De robar dinero de la empresa donde trabajaba.

Me senté junto a él.

—¿Y cuánto tiempo estuviste ahí?

—Dos años.

Me quedé mirando el suelo.

—¿Y mamá estaba embarazada?

Mi padre asintió.

—Cuando entré a prisión, ella tenía siete meses.

Todo empezaba a tomar forma.

Pero aún no entendía a Ryan.

—¿Cómo sabe Ryan todo esto?

Mi padre apretó los labios.

—Porque alguien le entregó documentos que debían estar enterrados.

—¿Quién?

—No lo sé.

En ese momento sonó mi celular.

Un mensaje.

Número desconocido.

Abrí la pantalla.

Había una sola fotografía.

Era mi mamá.

Mucho más joven.

Y a su lado estaba Arturo.

Pero esta vez había algo diferente.

En los brazos de mi mamá había un bebé.

Yo.

Debajo de la imagen aparecía un mensaje:

*"Tu padre no es el hombre que crees.""*

Sentí que se me helaban las manos.

—Papá…

Él vio la pantalla.

Y su rostro cambió.

—No.

—¿Qué?

—Ese mensaje significa que ya saben que tienes la fotografía.

—¿Quiénes?

Mi padre se levantó.

—Tenemos que irnos.

—¿Por qué?

—Porque si encontraron esa foto, también pueden encontrar todo lo demás.

—¿Qué más hay?

Mi padre tomó la carpeta.

—La verdad sobre Ryan.

Lo seguí.

—¿Qué significa eso?

Se detuvo frente a la puerta.

—Ryan no se casó contigo solamente por amor.

Mi respiración se cortó.

—¿Entonces por qué?

Mi padre abrió la puerta.

Antes de salir, respondió:

—Porque sabía que algún día ibas a heredar algo mucho más valioso que esa casa.

Me quedé mirándolo.

—¿Qué?

Mi padre no contestó.

Solo miró hacia la calle.

Un automóvil oscuro estaba estacionado frente a nuestra casa.

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Las luces estaban apagadas.

Y alguien estaba sentado dentro.

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