Chapter 2: La mujer que debía estar muerta
Logan no durmió.
A las cinco y veinte de la mañana seguía sentado en el despacho, con la fotografía frente a él.
Marina Cruz.
Veinticuatro años.
Cabello oscuro.
Una pequeña cicatriz sobre la ceja derecha.
Y la misma pulsera azul.
En la fotografía, Marina sostenía una taza de café y sonreía hacia la cámara.
Al reverso, con la letra de Logan, había una fecha.
Dos años y ocho meses atrás.
Debajo había escrito:
“Día que conocí a la mujer que cambió mi vida.””
Logan tragó saliva.
Recordaba aquella época.
Recordaba haber estado enamorado.
Recordaba haber discutido con su padre.
Recordaba haber recibido una llamada de Vanessa.
Pero había algo que no recordaba.
Algo que su propia memoria parecía haber cerrado con llave.
El nacimiento de Noah.
La supuesta muerte de Marina.
La explicación que le dieron.
Un accidente.
Un auto encontrado abandonado.
Ningún cuerpo.
Ninguna despedida.
Y, aun así, todos le dijeron que debía aceptar que ella había muerto.
Logan tomó el teléfono.
Marcó un número que no había usado en años.
“¿Bueno?””
“Necesito hablar contigo.””
La voz al otro lado tardó unos segundos en responder.
“Logan.””
“Necesito saber qué pasó aquella noche.””
Silencio.
“¿De qué estás hablando?””
“De Marina.””
La respiración de la otra persona cambió.
Logan cerró los ojos.
“Ella está viva.””
Nadie respondió.
“Y estuvo en mi casa.””
Finalmente escuchó una voz baja.
“¿Quién te dijo eso?””
“Mi hijo.””
Otra pausa.
“¿Qué?””
“Anoche Noah la vio y la llamó mamá.””
La persona al otro lado soltó un suspiro.
“Logan, escucha con atención. No hagas preguntas por teléfono.””
“Entonces dime dónde verte.””
“En una hora.””
La llamada terminó.
Logan guardó la fotografía.
Antes de salir del despacho, escuchó pasos.
Vanessa apareció en la puerta.
“¿A dónde vas?””
Logan la miró.
“Voy a buscar respuestas.””
“¿Sobre qué?””
“Sobre mi hijo.””
Ella frunció el ceño.
“Logan, estás exagerando lo de anoche.””
“¿Dónde está el documento de la agencia que contrató a Marina?””
Vanessa se quedó quieta.
“¿Por qué?””
“Porque quiero revisarlo.””
“Está en administración.””
“Ya pregunté.””
La cara de Vanessa cambió.
Logan continuó:
“No existe.””
“Claro que existe.””
“Entonces muéstramelo.””
Vanessa abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Logan sintió que una pieza acababa de encajar.
“¿Quién la contrató?””
“Logan…”
“¿Quién?””
“Yo.””
La respuesta cayó entre ellos.
“¿Tú?””
“Sí.””
“¿Por qué?””
Vanessa levantó la barbilla.
“Porque necesitábamos personal.””
“¿Y tú elegiste a Marina?””
“Sí.””
Logan dio un paso hacia ella.
“¿Sin investigar sus antecedentes?””
“Por supuesto que los investigué.””
“Entonces dime su apellido.””
Vanessa palideció.
“Cruz.””
“¿Nombre completo?””
Ella no contestó.
“Marina Cruz.””
“Sí.””
“¿Y su fecha de nacimiento?””
“¿Qué importancia tiene?””
“Contesta.””
Vanessa apretó el bolso.
“No me sé todos sus datos.””
Logan la miró durante unos segundos.
“Yo sí.””
Sacó la fotografía.
Vanessa la vio.
El cambio en su rostro fue inmediato.
No fue sorpresa.
Fue miedo.
Logan sintió que algo se le hundía en el pecho.
“Tú la conocías.””
“No.””
“Acabas de reconocerla.””
“No sé de qué estás hablando.””
“Vanessa.””
“¡No!””
Ella levantó la voz.
“¡No sé quién es esa mujer!””
Logan no respondió.
Solo observó cómo ella retrocedía.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje del jefe de seguridad.
“Señor, encontramos el vehículo.””
Logan abrió el archivo adjunto.
Una camioneta negra aparecía estacionada detrás de un edificio.
“¿Dónde?””
“Dos calles detrás de la casa.””
“¿Y los hombres?””
“Ya no están.””
Logan levantó la mirada.
Vanessa seguía en la puerta.
“Voy a salir.””
Ella no se movió.
“Logan…”
“¿Qué?””
Vanessa tragó saliva.
“Si vas a buscarla…”
“¿Sí?””
“Tal vez deberías preguntarte por qué volvió.””
Logan la observó.
“¿Qué quieres decir?””
Vanessa sostuvo su mirada.
“Tal vez no volvió por Noah.””
Y se fue.
Logan sintió un peso en el pecho.
No podía dejar de pensar en aquella frase.
Subió al auto.
El edificio estaba vacío.
La camioneta tenía una de las puertas abiertas.
Dentro había una manta.
Una botella de agua.
Y una pequeña pinza para el cabello.
Logan la reconoció.
Marina usaba esas pinzas cuando cocinaba.
Se arrodilló.
En el piso había una hoja doblada.
La abrió.
Solo tenía una frase.
“Si de verdad quieres saber la verdad, busca el archivo 17.””
Logan levantó la mirada.
No sabía qué era el archivo 17.
Pero alguien quería que lo encontrara.
Regresó a Mercer House y se encerró en la oficina.
Revisó documentos antiguos.
Contratos.
Reportes médicos.
Facturas.
Correspondencia.
Nada.
Hasta que recordó algo.
Después del nacimiento de Noah, su padre había ordenado trasladar todos los documentos relacionados con Marina a una bóveda privada.
Logan nunca había entendido por qué.
Tomó las llaves.
Bajó al sótano.
La bóveda estaba detrás de una pared falsa.
Introdujo el código.
La puerta se abrió.
Había dieciséis cajas numeradas.
Logan frunció el ceño.
No había una número 17.
Entonces vio una carpeta negra apoyada detrás de las demás.
Sin número.
La sacó.
En la portada había una sola palabra.
“MARINA”.
Logan abrió la carpeta.
El primer documento era un reporte médico.
El segundo, una transferencia bancaria.
El tercero lo dejó sin respiración.
Era una prueba de ADN.
Logan leyó la primera línea.
“Probabilidad de maternidad: 99.98%.””
La muestra pertenecía a Marina Cruz.
La otra muestra pertenecía a Noah Mercer.
Logan tuvo que sentarse.
Marina no solo era la mujer que Noah reconocía.
Era su madre biológica.
La misma mujer que Logan había amado.
La misma mujer que, según todos, llevaba dos años muerta.
Pero había algo peor.
Debajo de la prueba había una segunda hoja.
Una orden de transferencia bancaria.
Pagada exactamente nueve días después del nacimiento de Noah.
Destinatario:
Vanessa Cruz.
Logan dejó de respirar por un instante.
Vanessa.
Cruz.
El mismo apellido de Marina.
“Son hermanas”, susurró.
Entonces escuchó un ruido detrás de él.
La puerta de la bóveda se cerró.
Logan se giró.
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Vanessa estaba al otro lado del cristal.
Y en su mano tenía la llave.
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