Chapter 7: El hombre de la grabación apareció con una verdad que Patricia llevaba años ocultando
Derek reconoció la voz del hombre hasta que escuchó la grabación por cuarta vez, y cuando finalmente comprendió quién era, sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
No era un desconocido.
Era Richard Collins, el antiguo socio comercial de Patricia, un hombre al que Derek había tratado durante años en reuniones familiares y cenas de Navidad. Richard siempre vestía impecablemente, hablaba con una calma casi irritante y tenía la costumbre de llamar a Derek «muchacho», aunque ambos ya fueran adultos.
Lo más extraño era que Richard llevaba más de un año sin aparecer por la casa de Patricia.
Según ella, se habían distanciado por diferencias de negocios.
Ahora Derek comenzaba a sospechar que la explicación escondía algo mucho más serio.
Reprodujo otra vez el audio.
—¿Y qué pasa si Skylar descubre que el documento nunca fue solamente una cuestión de gastos familiares? —preguntaba Richard.
—Para eso está mi hijo. Mientras él crea que la está ayudando, ella no sospechará de nosotros —respondía Patricia.
Derek apagó la computadora.
Le ardían los ojos por la falta de sueño. Sobre el escritorio estaban los registros bancarios, las fotografías de los documentos y el informe médico de Skylar. Cada pieza parecía conducirlo hacia una historia que había empezado mucho antes de su matrimonio.
Tomó el teléfono y buscó el número de Richard.
Todavía lo tenía guardado.
Marcó.
La llamada sonó seis veces antes de que alguien contestara.
—¿Bueno?
—Richard, soy Derek.
Hubo un silencio breve.
—Lo sé. Tu número sigue siendo el mismo.
—Necesito hablar contigo sobre mi madre.
Richard no respondió de inmediato.
—¿Qué pasó?
Derek miró la caja abierta.
—Encontré documentos y grabaciones. Hay una conversación entre ustedes de hace varios años. Hablan de mi esposa y de un acuerdo relacionado con su propiedad.
Al otro lado de la línea, Richard dejó escapar un suspiro.
—Así que finalmente encontraste la caja.
Derek se puso de pie.
—¿Tú sabías que existía?
—Sí.
—¿Qué hay en esos documentos?
Richard tardó unos segundos en contestar.
—No puedo explicártelo por teléfono. Si de verdad quieres saber lo que pasó, ven a mi oficina mañana a las diez. Y trae copias, no los originales.
—¿Por qué mañana? ¿Por qué no ahora?
—Porque hay cosas que necesito revisar antes de hablar contigo. Y porque, si tu madre se entera de que estás preguntando, intentará adelantarse.
Derek apretó el teléfono.
—¿Adelantarse a qué?
—A la verdad.
Richard colgó.
Derek permaneció inmóvil, con el teléfono junto a la oreja.
Durante años había considerado a Richard un amigo de la familia. Incluso recordaba que el hombre había brindado en su boda y le había dicho que cuidara a Skylar porque era una mujer que sabía lo que quería.
En aquel momento, Derek había sonreído.
Ahora aquellas palabras le parecían una advertencia que no había sabido interpretar.
A la mañana siguiente llegó a la oficina de Richard quince minutos antes de la hora acordada.
El despacho estaba en un edificio comercial de Brickell. Desde la sala de espera podía ver los automóviles avanzando entre los edificios y los empleados caminando con vasos de café en las manos.
Todo parecía normal.
Derek, en cambio, sentía que estaba entrando en una parte de su vida que había permanecido oculta a plena vista.
Richard apareció a las diez en punto.
Llevaba un traje gris y una carpeta bajo el brazo. Al verlo, no sonrió.
—Pasa.
La oficina era sencilla, con una mesa de juntas, dos libreros y fotografías de antiguos proyectos comerciales. Richard cerró la puerta y señaló una silla.
—¿Trajiste los documentos?
Derek colocó una carpeta sobre la mesa.
—Copias de todo lo que encontré. También tengo los archivos de audio.
Richard revisó varias hojas sin hablar.
Al llegar al documento relacionado con la propiedad de Skylar, se quitó los lentes.
—Esto es más delicado de lo que esperaba.
—¿Qué significa?
Richard dejó el papel sobre la mesa.
—Hace años, Patricia y yo participamos en un proyecto comercial que terminó mal. Perdimos dinero y quedamos con obligaciones que ella no podía cubrir por su cuenta.
Derek frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver Skylar?
—Tu madre descubrió que Skylar tenía una propiedad adquirida antes del matrimonio y una cuenta de inversión. Empezó a hablar de la posibilidad de conseguir apoyo económico de ustedes.
—¿Apoyo económico o quedarse con su dinero?
Richard sostuvo su mirada.
—Al principio lo presentó como un préstamo familiar. Después empezó a hablar de acuerdos más amplios.
Derek sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué acuerdos?
Richard abrió un cajón y sacó una copia de un documento antiguo.
—Tu madre quería que Skylar firmara un acuerdo que, según ella, permitiría utilizar ciertos activos como respaldo para resolver obligaciones pendientes. Yo le advertí que cualquier documento debía ser revisado por un abogado independiente y aceptado libremente por la persona que asumiría las obligaciones.
—¿Y ella qué hizo?
—Me dijo que tú te encargarías de convencer a Skylar.
Derek bajó la mirada.
La frase de la grabación volvió a su cabeza.
Mientras él crea que la está ayudando, ella no sospechará de nosotros.
—¿Se llegó a firmar algo?
—No que yo sepa. Yo me retiré del proyecto antes de que avanzara esa propuesta.
—¿Por qué?
Richard lo miró con seriedad.
—Porque descubrí que tu madre no estaba siendo completamente transparente sobre las deudas y los riesgos. No quise seguir participando en algo que podía perjudicar a otras personas.
Derek se quedó callado.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
Richard no intentó defenderse.
—Porque me equivoqué. Pensé que alejarme era suficiente. No entendí que tú podías terminar involucrado sin conocer toda la historia.
—¿Sabías que Patricia y Suzanne seguían pidiéndole dinero a Skylar?
—No conocía todas las cantidades. Pero sí sabía que tu madre seguía interesada en conseguir apoyo financiero.
Derek se pasó una mano por el rostro.
—Mi esposa me escribió para advertirme sobre las transferencias. Yo le dije que dejara de meterse con mi familia.
Richard bajó la mirada.
—Entonces también tienes que aceptar tu parte de responsabilidad.
—Ya lo sé.
La respuesta salió tan rápido que ambos se sorprendieron.
Derek miró sus manos.
—Le aventé café hirviendo. Después la culpé por lo que hice. Se fue al hospital y me denunció. No voy a fingir que eso fue culpa de mi madre.
Richard asintió lentamente.
—Bien. Porque una cosa es descubrir que tu familia te manipuló y otra muy distinta es utilizar eso como excusa para no responder por tus propios actos.
Derek sintió vergüenza.
No estaba acostumbrado a que alguien le hablara con tanta claridad.
Durante años, Patricia había encontrado una explicación para cada error suyo. Suzanne había encontrado una forma de convertir cada problema en una necesidad urgente.
Richard no estaba ofreciéndole ninguna de esas salidas.
—¿Qué hago ahora? —preguntó.
—Conserva las pruebas. Entrega lo que corresponda a las autoridades o a tus asesores legales. No intentes presionar a Skylar para que cambie su declaración. Y no firmes nada relacionado con las deudas de tu madre sin entenderlo completamente.
Richard deslizó el documento hacia él.
—Hay otra cosa que necesitas saber.
Derek levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Tu madre no solo quería resolver sus deudas. También quería mantener cierta apariencia de estabilidad económica. Algunas de las personas con las que trabajaba no sabían que el proyecto estaba en problemas.
—¿Y eso por qué importa?
—Porque si se descubre que presentó información financiera incompleta, podrían revisar otros acuerdos relacionados con el proyecto. No estoy diciendo que haya cometido un delito. Estoy diciendo que hay documentos que necesitan ser examinados por profesionales.
Derek asintió.
En ese momento, el teléfono de Richard vibró.
El hombre miró la pantalla y su expresión se endureció.
—Es Patricia.
Derek sintió un escalofrío.
—¿Sabe que estoy aquí?
Richard no contestó. Rechazó la llamada y guardó el teléfono.
—Probablemente sospecha que estás buscando respuestas.
—¿Qué hago si me llama?
—No discutas con ella. Si necesitas comunicarte, hazlo de manera que quede registro y sigue las recomendaciones de tu abogado.
Derek guardó las copias en su carpeta.
Cuando se levantó, Richard lo detuvo.
—Derek.
Él se volvió.
—¿Sí?
—No sé si podrás reparar tu matrimonio. Y no te corresponde decidir por Skylar si quiere darte otra oportunidad. Pero todavía puedes decidir qué clase de hombre vas a ser a partir de ahora.
Derek no respondió.
Salió del despacho con la carpeta apretada contra el pecho.
En el estacionamiento, recibió un mensaje de Suzanne.
Necesito que vengas a casa de mamá. Es urgente.
Debajo había una segunda línea.
Patricia descubrió que faltan unos documentos.
Derek llamó inmediatamente.
Suzanne contestó llorando.
—¿Qué pasó?
—Mamá está furiosa. Dice que Richard habló contigo.
—¿Cómo sabe eso?
—No sé. Está diciendo que alguien la traicionó.
—Suzanne, necesito que me digas exactamente qué documentos faltan.
Ella respiró entrecortadamente.
—Un expediente azul. Mamá lo guardaba en su oficina. Tenía información sobre las deudas del proyecto y unas hojas que firmó hace tiempo.
Derek se quedó helado.
—¿Qué hojas?
—No lo sé. Nunca me dejó leerlas completas.
—¿Y por qué me lo dices ahora?
Suzanne guardó silencio.
Después susurró:
—Porque mamá dice que, si esos documentos llegan a manos de Skylar, puede perderlo todo.
Derek miró hacia la salida del estacionamiento.
—¿Dónde está mamá?
—En su casa.
—Voy para allá.
—Derek, espera. Hay algo más.
Él cerró los ojos.
—¿Qué?
Suzanne bajó la voz.
—Mamá dice que Skylar ya tiene una copia del expediente azul.
Derek sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
Su esposa había dejado una caja detrás de sus zapatos.
Él había encontrado grabaciones, deudas y documentos que insinuaban un plan para utilizar su confianza.
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Pero si Skylar también tenía una copia del expediente azul, entonces quizá había descubierto algo que él todavía ignoraba.
Y Patricia estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para impedir que saliera a la luz.