Calm

Chapter 4: La llamada que destapó los secretos de toda una familia

—Señor Derek, necesito que responda unas preguntas sobre las lesiones que sufrió su esposa esta mañana.

La voz de la detective sonó firme al otro lado del teléfono.

Derek miró el informe médico que seguía sobre la mesa. Junto a él, su anillo de bodas parecía una pequeña burla, un recordatorio silencioso de que Skylar había encontrado el valor para hacer algo que él jamás creyó posible: denunciarlo.

—Fue un accidente —respondió—. Estábamos discutiendo y ella se movió de repente. La taza se derramó.

Suzanne, que permanecía cerca de la entrada del comedor, lo observaba sin pestañear.

—Entiendo —contestó la detective—. Sin embargo, la declaración que recibimos indica que usted arrojó intencionalmente el café contra su esposa. También contamos con documentación médica de las lesiones.

Derek apretó los dientes.

—Mi esposa está exagerando. Es una mujer muy emocional. Últimamente hemos tenido problemas económicos y está tratando de castigarme.

—¿Qué problemas económicos?

Él se quedó callado un instante.

No podía mencionar las exigencias de Suzanne sin reconocer que había presionado a Skylar para que entregara su tarjeta bancaria. Tampoco podía admitir que la discusión había comenzado precisamente porque ella se negó.

—Son asuntos privados de nuestro matrimonio —dijo finalmente.

—La agresión que se reportó no es un asunto que podamos ignorar por tratarse de un matrimonio. Necesitaremos hablar con usted formalmente. Le proporcionaré la información correspondiente.

La llamada terminó poco después.

Derek dejó el teléfono sobre la mesa con tanta fuerza que el anillo de bodas saltó unos centímetros.

—¡Maldita sea!

Suzanne se sobresaltó.

—¿Qué te dijeron?

—Que quieren interrogarme.

—¿Y qué les dijiste?

—Que fue un accidente.

Ella soltó el aire que había estado conteniendo.

—Bien. Eso es lo que tienes que seguir diciendo.

Derek la miró con una expresión desconocida.

—¿Y tú qué vas a decir?

—¿Yo? Nada. Yo no estaba aquí cuando pasó.

—Pero sabías que estábamos discutiendo por tu tarjeta.

—¡Por favor, Derek! No me metas en tus problemas.

Él soltó una risa amarga.

—¿Mis problemas? Durante años he defendido tus caprichos. He hecho que Skylar se sintiera culpable cada vez que se negaba a darte dinero. Y ahora que las cosas se complican, ¿resulta que todo es asunto mío?

Suzanne levantó la barbilla.

—Tú eras el que quería demostrar que mandaba en tu casa.

Las palabras lo golpearon con una fuerza inesperada.

Por un momento, Derek no supo qué responder.

Suzanne se dio cuenta de que había ido demasiado lejos y trató de suavizar el tono.

—Mira, estamos nerviosos. Necesitamos calmarnos. Mamá sabrá qué hacer.

Sacó su teléfono y llamó a Patricia.

La mujer contestó casi inmediatamente.

—¿Ya encontraste la caja? —preguntó sin siquiera saludar.

Derek le arrebató el teléfono a Suzanne.

—Sí, mamá. La encontré.

Hubo un silencio.

—¿Y qué hiciste con ella?

—Abrí los archivos.

Otro silencio.

Esta vez fue más largo.

—Derek, escúchame con atención. Necesito que guardes todo y no hables de esto con nadie.

—¿Por qué?

—Porque no sabes lo que estás viendo.

—Acabo de escuchar una grabación tuya diciéndole a Suzanne que me utilizara para presionar a Skylar.

Patricia soltó un suspiro.

—Eso está sacado de contexto.

—¿Qué contexto podría justificarlo?

—Hijo, tu esposa siempre ha sido demasiado orgullosa. Desde que la conociste, ha querido dejar claro que puede vivir sin ti. Una mujer así necesita entender que un matrimonio requiere sacrificios.

Derek se quedó inmóvil.

Había escuchado aquellas palabras en otras ocasiones, aunque nunca con tanta claridad.

Durante años, Patricia había sido su consejera, la persona que le explicaba cómo comportarse con Skylar cuando discutían. Si su esposa se negaba a prestar dinero, su madre le decía que no permitiera que lo humillara.

Si Skylar pedía explicaciones por algún gasto, Patricia lo acusaba de haberse casado con una mujer que lo trataba como a un extraño.

Derek había confundido aquella influencia con sabiduría.

Ahora comenzaba a preguntarse cuántas de sus decisiones habían sido realmente suyas.

—¿Qué hay en los otros archivos? —preguntó.

—No los abras.

—Ya los abrí.

Patricia respiró con dificultad.

—Derek, no entiendes las consecuencias. Si esos documentos salen de esa casa, todos podemos salir perjudicados.

—¿Todos?

—No empieces a hacer preguntas que no puedes manejar.

La llamada se cortó.

Derek bajó lentamente el teléfono.

Suzanne estaba blanca.

—¿Qué más encontraste? —preguntó.

Él volvió a entrar al estudio, abrió la computadora y revisó la lista de archivos.

Uno de ellos contenía capturas de mensajes entre Patricia y Suzanne. Otro incluía fotografías de recibos y transferencias.

Pero el último documento era diferente.

Se trataba de una hoja de cálculo con fechas, cantidades y una columna titulada «Reembolsos pendientes».

Derek comenzó a leer.

Las cifras no coincidían con las cantidades que Skylar había anotado en el cuaderno. Eran mayores.

Mucho mayores.

Había transferencias realizadas desde una cuenta que él reconocía: la cuenta conjunta que compartía con su esposa para pagar ciertos gastos domésticos.

Sintió que se le secaba la boca.

—Suzanne, ven aquí.

Ella se acercó despacio.

Derek señaló la pantalla.

—¿Por qué hay transferencias de nuestra cuenta a la tuya?

—No sé de qué hablas.

—Aquí están las fechas y las cantidades.

Suzanne intentó mirar por encima de su hombro.

—Skylar seguramente está mezclando las cuentas.

—No. Estas son transferencias de la cuenta conjunta. Yo no las hice.

La expresión de su hermana cambió.

Fue un cambio pequeño, pero suficiente.

Derek abrió los movimientos bancarios y comparó las fechas. Varias transferencias coincidían con días en que él había estado fuera de la ciudad por trabajo.

Otras se habían realizado mientras dormía.

No todas eran grandes cantidades. Algunas parecían pagos ordinarios. Pero, al sumarlas, el total era considerable.

—¿Usaste dinero de nuestra cuenta sin mi permiso?

Suzanne cruzó los brazos.

—Era dinero de la familia.

—¡Era dinero para pagar la hipoteca y los gastos de la casa!

—Skylar tiene más dinero que nosotros. No iba a quedarse sin comer por unos cuantos dólares.

Derek la miró como si acabara de conocerla.

—¿Cuánto sacaste?

—No sé.

—¡Dime cuánto!

Suzanne retrocedió.

—No me grites.

Él cerró los ojos y se frotó la frente.

De repente, todo parecía conectarse de una manera que lo incomodaba profundamente.

Las insistencias de Patricia.

Las peticiones de Suzanne.

Las discusiones con Skylar.

Y aquella caja que su esposa había mantenido escondida.

Skylar no solo había llevado un registro de los préstamos que él conocía. También había reunido información sobre movimientos que ni siquiera él sabía que existían.

Pero ¿por qué no se lo había contado?

La pregunta lo enfureció antes de que pudiera reconocer la respuesta.

Porque, si Skylar había intentado advertirle, él probablemente la había acusado de desconfiar de su familia.

Porque cada vez que ella pedía explicaciones, él se ponía del lado de Patricia y Suzanne.

Porque había sido más fácil llamarla egoísta que aceptar que su hermana podía estar aprovechándose de ellos.

Derek cerró la computadora.

—Voy a llamar al banco.

Suzanne se interpuso.

—No hagas eso.

—Quítate.

—¡Si revisan todo, van a congelar la cuenta!

—Entonces tendrán que revisarla.

Suzanne lo miró con una mezcla de furia y miedo.

—No tienes idea de lo que estás haciendo. Mamá tiene razón. Si esos documentos salen de aquí, todos vamos a perder.

Derek sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

Suzanne no respondió.

En cambio, tomó su bolso y caminó hacia la puerta.

—Me voy.

—No vas a ninguna parte hasta que me expliques las transferencias.

Ella se detuvo.

—No puedes obligarme a quedarme.

La frase quedó suspendida entre los dos.

Derek recordó la mañana, su propia voz ordenándole a Skylar que obedeciera o se marchara.

Ahora su hermana estaba utilizando exactamente la misma lógica contra él.

Y, por primera vez, comprendió lo repugnante que sonaba.

Suzanne abrió la puerta.

—No me vuelvas a llamar hasta que te hayas calmado.

Salió sin despedirse.

Derek se quedó solo.

Miró la computadora, el cuaderno y el informe médico. Luego volvió a revisar el mensaje de Patricia.

No dejes que Skylar conserve nada de lo que hay ahí.

Su madre no había preguntado si Skylar estaba bien.

No había preguntado por las quemaduras.

No había preguntado si Derek estaba arrepentido.

Solo quería que desaparecieran las pruebas.

Se sentó frente a la computadora y abrió el archivo más antiguo.

Era una captura de una conversación entre Patricia y Suzanne, fechada varios meses antes de la boda.

Al principio solo había comentarios sobre el trabajo de Skylar y su departamento.

Después apareció una frase que lo dejó helado.

Patricia había escrito:

Si Derek consigue casarse con ella, por fin podremos resolver nuestros problemas. Esa mujer tiene suficiente dinero para todos.

Suzanne había respondido:

¿Y si no quiere compartirlo?

La respuesta de Patricia era breve.

Entonces nos aseguraremos de que sienta que tiene una deuda con esta familia.

Derek leyó las líneas una y otra vez.

Aquella conversación había ocurrido antes de que él y Skylar se casaran.

Antes de que pronunciara sus votos.

Antes de que su esposa confiara en él.

Y, aunque no recordaba haber participado directamente en aquella conversación, reconoció una frase que había escuchado innumerables veces durante su noviazgo.

Los matrimonios requieren sacrificios.

Su madre se la había repetido durante meses.

Derek sintió náuseas.

En la pantalla apareció otro mensaje.

Era de Suzanne.

¿Y si descubre que el departamento es solo el principio?

Patricia había respondido:

Para cuando lo descubra, ya será demasiado tarde.

Derek dejó de respirar por un instante.

¿El departamento era solo el principio de qué?

Antes de que pudiera abrir el siguiente archivo, su teléfono comenzó a sonar.

Era Patricia otra vez.

Dudó unos segundos y contestó.

—Hijo, necesito que me escuches. No vayas al banco y no entregues esos documentos a nadie.

—¿Qué me estás ocultando?

—Estoy tratando de protegerte.

—¿De qué?

Patricia guardó silencio.

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Luego pronunció unas palabras que hicieron que Derek se pusiera de pie.

—De lo que Skylar está a punto de descubrir sobre tu matrimonio.

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