Chapter 14: Mi mejor amiga llevaba diecisiete años viviendo con el nombre de otra niña
Miré a Emma.
Ella no entendía.
Yo tampoco.
—No —dijo ella.
Sarah se quedó paralizada.
—Emma...
Emma comenzó a negar con la cabeza.
—No sé de qué están hablando.
Mi mamá se acercó lentamente.
—¿Quiénes son tus padres?
Emma la miró.
—Mis papás son Daniel y Rosa.
Mi mamá se quedó sin aire.
—¿Rosa?
—Sí.
—¿Rosa qué?
Emma frunció el ceño.
—Rosa Miller.
Sarah se llevó una mano a la boca.
—Rosa era mi prima.
Emma retrocedió.
—¿Qué está pasando?
Richard miró la pantalla.
—Claudia está mintiendo.
Pero la imagen continuaba.
Claudia dijo:
—Emma no sabe quién es porque se encargaron de borrar todo rastro de su verdadero origen.
Yo miré a mi mejor amiga.
—¿Tus papás sabían?
Emma comenzó a llorar.
—Mi mamá murió cuando yo tenía ocho años.
—¿Y tu papá?
—No lo conocí.
Mi mamá se acercó.
—¿Tienes documentos de adopción?
Emma negó.
—Nunca fui adoptada.
—Entonces necesitamos revisar tus actas.
Richard sacó su teléfono.
—Puedo conseguir una copia.
Emma lo miró.
—No.
—¿Qué?
—Quiero hacerlo yo.
Sarah se acercó.
—Tienes derecho.
Emma miró la pantalla.
—¿Por qué Claudia diría que soy su hija?
La grabación continuó.
—Porque lo eres.
Claudia mostró un documento.
—Clara Miller nació la misma noche que las gemelas de Sarah.
Emma comenzó a temblar.
—No.
—Daniel la escondió porque sabía que Claudia intentaría recuperarla.
Yo recordé las palabras de mi papá.
“Hay una tercera persona.””
No se refería a un enemigo.
Se refería a una hija.
Mi mejor amiga.
La persona que había estado conmigo desde el primer día de secundaria.
La persona que había defendido mi dignidad cuando Madison me humilló.
Mi hermana.
Emma me miró.
—¿Tú crees esto?
Me acerqué.
—No sé qué creer.
Ella lloró.
—Entonces mírame.
Lo hice.
—¿Qué ves?
—A Emma.
Ella sonrió entre lágrimas.
—Exactamente.
Sarah se acercó.
—Pero necesito saber si eres mi hija.
Emma la miró.
—Yo también.
Richard llamó a un laboratorio.
—Necesitamos una prueba urgente.
Mientras esperaba, la pantalla mostró otro mensaje de Claudia.
“Hay una razón por la que Emma estuvo en esa escuela.””
Mi mamá palideció.
—¿Cuál?
La siguiente línea apareció.
“Porque Daniel la puso ahí.””
Emma negó.
—No.
Yo recordé algo.
El primer día que conocí a Emma, ella me había dicho que su papá había elegido aquella escuela porque era “la mejor de la zona”.
Pero nunca había conocido a su papá.
Nunca.
—Emma —dije—, ¿quién te inscribió?
Ella frunció el ceño.
—Mi mamá.
—¿Y quién pagaba tu colegiatura?
—No sé.
—¿Nunca preguntaste?
—Era una beca.
Richard levantó la mirada.
—¿Qué beca?
Emma respondió:
—Una beca de la fundación Carter.
Todos nos quedamos inmóviles.
Richard palideció.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—Porque esa beca se creó hace seis años.
Emma abrió los ojos.
—Entonces...
Sarah tomó su mano.
—Tu familia sabía dónde estabas.
La puerta se abrió.
Entraron dos agentes.
—¿Todo está bien?
Richard señaló la pantalla.
—Necesitamos que revisen esto.
Uno de los agentes observó la grabación.
—¿Esta mujer es Claudia?
—Sí.
—La estamos buscando.
Mi mamá preguntó:
—¿Pueden hacer una prueba de ADN?
—Podemos llevarlas a un hospital.
Emma negó.
—Aquí.
Todos la miramos.
—¿Qué?
Emma sacó un pequeño kit de su mochila.
—Mi mamá me dejó esto hace años.
—¿Qué es?
—Una prueba de ADN.
—¿Por qué?
Emma bajó la mirada.
—Porque antes de morir me dijo que algún día iba a necesitar saber quién era.
Sarah se quedó helada.
—¿Qué más te dijo?
Emma sacó una carta.
—Nunca la abrí.
—¿Por qué?
—Me pidió que esperara hasta cumplir dieciocho.
Yo miré la carta.
—Ábrela.
Emma respiró profundamente.
La abrió.
La letra era diferente.
No era de su madre.
Era de Daniel.
“Clara.””
Emma comenzó a llorar.
“Si algún día descubres este nombre, significa que estás a salvo.””
Ella dejó de leer.
—No puedo.
Sarah tomó la carta.
—Yo sí.
Continuó.
“Tu madre te buscará algún día.””
Emma levantó la mirada.
“Pero no dejes que nadie te convenza de que tu vida fue una mentira. Tu vida fue una oportunidad.””
La última línea decía:
“Tu hermana estará contigo cuando llegue el momento.””
Emma me miró.
Yo tenía lágrimas en los ojos.
—Era yo.
Ella asintió.
—Siempre fuiste tú.
El oficial tomó la prueba.
—Necesitamos muestras de ambas.
Nos tomó unos minutos.
Sarah también entregó una muestra.
Luego esperamos.
El silencio se volvió insoportable.
Madison caminaba de un lado a otro.
Richard estaba sentado.
Mi mamá sostenía mi mano.
Emma permanecía junto a mí.
Finalmente llegó el resultado.
El médico miró el documento.
—La señorita Emma Miller tiene una compatibilidad genética del noventa y nueve punto noventa y nueve por ciento con Sarah.
Sarah comenzó a llorar.
—Mi hija.
Emma se quedó inmóvil.
—¿De verdad?
Sarah la abrazó.
Emma lloró sobre su hombro.
—Mamá...
Sarah cerró los ojos.
—Mija.
Yo observé a las dos.
Y sentí algo inesperado.
No celos.
No miedo.
Alivio.
Porque por fin sabíamos quién era Emma.
Pero todavía quedaba una pregunta.
Si Emma era Clara...
¿quién era yo?
El médico revisó el segundo resultado.
Su expresión cambió.
Mi mamá lo notó.
—¿Qué pasa?
El médico miró el papel.
—La señorita que ustedes llaman hija de Elena...
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
—No tiene una relación genética con Sarah.
Sarah cerró los ojos.
Madison comenzó a llorar.
Yo sentí que el mundo se detenía.
—Entonces no soy su hija.
Mi mamá dio un paso hacia mí.
—Mija...
—¿Quién soy?
El médico continuó:
—Pero hay otra coincidencia.
—¿Cuál?
Miró a Richard.
—Ella es hija biológica de Richard Carter.
Richard se quedó sin palabras.
Madison lo miró.
—Entonces ella es mi hermana.
El médico asintió.
Yo no podía respirar.
—¿Y mi mamá?
El médico miró a Elena.
—No hay relación genética con ninguna de las dos.
Mi mamá comenzó a llorar.
—No importa.
Pero yo no podía pensar.
Mi madre me había criado.
Mi papá me había amado.
Sarah era mi madre biológica.
Richard era mi padre biológico.
Madison era mi hermana.
Y Emma también.
Tres hijas.
Tres bebés.
Tres historias separadas.
Entonces el oficial recibió una llamada.
—La encontraron.
Todos volteamos.
—¿A quién?
—A Claudia.
—¿Dónde?
El oficial miró hacia la puerta.
—En la casa de Elena.
Mi mamá palideció.
—¿Qué?
—La encontraron dentro.
—¿Está detenida?
—No.
—¿Entonces?
El oficial bajó la voz.
—Porque no estaba sola.
Richard se levantó.
—¿Con quién?
El oficial miró a Madison.
—Con una mujer que dice ser Evelyn.
Todos nos quedamos inmóviles.
—Eso es imposible —dijo Sarah.
El oficial negó.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—La mujer que está con Claudia asegura que ella es la verdadera madre de Emma.
Emma dejó de respirar.
—No.
El oficial sacó una fotografía.
—Y tiene documentos que parecen demostrarlo.
Sarah tomó la fotografía.
Su rostro se volvió blanco.
—Esa no es Evelyn.
Richard miró.
—¿Quién es?
Sarah respondió:
—Mi hermana.
—¿Claudia?
—No.
Señaló la fotografía.
—La otra.
La gemela que todos creían muerta.
La mujer que aparecía en la fotografía de treinta años atrás.
Mi mamá susurró:
—Entonces había tres hermanas.
Sarah asintió.
—Sí.
Y comprendimos algo todavía peor.
Claudia no había sido la tercera mujer.
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Había una cuarta.
Y era la única persona que podía explicar por qué nuestras vidas habían sido intercambiadas.