Chapter 6: Victoria me ofreció millones de dólares a cambio de traicionar a su propia hija
Victoria Mercer no levantó la voz cuando me propuso participar en su plan.
No lo necesitaba.
Estaba acostumbrada a que las personas obedecieran sus instrucciones sin exigir explicaciones y a que el dinero resolviera cualquier resistencia.
—No tienes que decidir ahora, querida —dijo mientras acomodaba el sobre entre nosotras—. Solo quiero que entiendas que se trata de una oportunidad excepcional.
La miré, incapaz de creer que aquella conversación estuviera ocurriendo.
—¿Me estás ofreciendo dinero?
Victoria arqueó ligeramente las cejas.
—Te estoy hablando de una solución para un problema familiar.
—Me estás diciendo que podría beneficiarme de que Emily fuera declarada incapaz.
Su sonrisa desapareció.
—No uses palabras tan dramáticas.
—¿Qué palabras debería usar? ¿Protección? ¿Responsabilidad? ¿Amor familiar?
Victoria dejó la servilleta sobre la mesa.
—Emily necesita supervisión. Tú misma viste cómo se comportó durante la cena. Se niega a cooperar, acusa a sus padres de cosas terribles y se aferra a un patrimonio que ni siquiera sabe administrar.
—Vi a una mujer a la que le servían avena aguada mientras el resto de la familia comía un banquete.
—Porque su alimentación necesita control.
—¿Puedo hablar con el médico que supuestamente la está tratando?
—No.
La respuesta salió demasiado rápido.
Victoria pareció darse cuenta.
—Quiero decir que no es apropiado que interfieras en una relación médica privada.
—Entonces no entiendo por qué me estás involucrando en una decisión financiera que afecta su futuro.
Su expresión se endureció.
—Porque vas a casarte con mi hijo. Y porque una persona inteligente debe comprender cuándo una familia necesita mantenerse unida.
Miré el documento otra vez.
La cláusula mencionaba mi nombre, pero no explicaba con claridad bajo qué condiciones podría recibir el patrimonio.
Recordé las palabras de Thomas: una carta privada no modificaba necesariamente las condiciones de un fideicomiso.
Quizá Victoria estaba usando un extracto incompleto para manipularme.
—Quiero que me entregues una copia completa —dije.
—¿Para qué?
—Para que la revise mi abogado.
Victoria se quedó inmóvil.
Por primera vez, vi verdadero temor detrás de su mirada.
Fue breve, pero suficiente.
—¿Tu abogado?
—Sí.
—No sabía que tenías uno.
—Ahora lo sabes.
Se inclinó hacia mí.
—Claire, escucha con atención. Si involucras a un abogado externo, las cosas pueden volverse mucho más desagradables de lo necesario.
—¿Desagradables para quién?
Victoria no respondió inmediatamente.
Luego recuperó su sonrisa.
—Para todos.
Se levantó, tomó el bolso y dejó el sobre sobre la mesa.
—Quédate con él. Léelo con calma. Habla con Daniel si necesitas aclaraciones.
—No necesito que Daniel me aclare nada. Necesito documentos auténticos y respuestas honestas.
Victoria me miró como si estuviera contemplando por primera vez la posibilidad de que yo no fuera tan manejable como había creído.
—Ten cuidado con Emily —dijo finalmente—. No sabes de lo que es capaz cuando se siente acorralada.
Se marchó sin despedirse.
Permanecí sentada varios minutos.
No quería llevarme el documento sin saber qué contenía, pero tampoco pensaba dejar que Victoria recuperara algo que podía servir como prueba de sus intenciones.
Lo fotografié página por página y guardé el sobre.
Después llamé a Thomas.
—Mi futura suegra acaba de mostrarme un documento que parece relacionarme con el fideicomiso de Eleanor Mercer.
Le expliqué lo ocurrido.
—No firme nada ni acepte ninguna transferencia —respondió—. Tráigame una copia completa y veremos si coincide con los documentos originales.
—¿Cree que están intentando comprar mi silencio?
—Creo que debemos considerar todas las posibilidades. No puedo afirmar que el documento sea falso sin examinarlo, pero su relato me da motivos para investigar cómo se obtuvo y por qué se lo mostraron a usted.
Guardé el sobre en mi bolso.
Antes de regresar a casa, recibí un mensaje de Daniel.
Necesitamos hablar. Hoy. A solas.
Por primera vez, no sentí la necesidad de correr a su lado para resolver las cosas.
Le contesté que podíamos reunirnos por la tarde en una cafetería pública.
Llegó puntual.
Se sentó frente a mí y dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa.
—Mi madre me dijo que desayunaste con ella.
—Sí.
—¿Qué te contó?
Lo observé durante varios segundos.
—Me ofreció dinero.
Daniel cerró los ojos.
No pareció sorprendido.
Pareció enfadado.
—No debió hacerlo así.
Aquellas palabras me dieron más miedo que una negación.
—¿Así cómo? ¿Debió ofrecerme una cantidad mayor?
—Claire, por favor.
—No. Quiero respuestas. ¿Por qué aparece mi nombre en el documento de tu abuela?
Daniel apoyó los codos sobre la mesa.
—Es complicado.
—Entonces empieza por lo sencillo.
—El fideicomiso incluye mecanismos de protección. Mi abuela quería asegurarse de que Emily no perdiera todo su patrimonio si atravesaba una crisis grave.
—¿Y yo qué tengo que ver?
Daniel miró hacia la ventana.
—Mi abuela te mencionó antes de morir.
Sentí que algo se movía dentro de mi pecho.
—Nunca la conocí.
—No personalmente. Pero mi madre le habló de ti. Sabía que estábamos juntos y, por lo que me contó mi padre, consideraba que tenías buenos principios.
—¿Y por eso me convirtió en beneficiaria?
—No exactamente.
Daniel se frotó la mandíbula.
Era el mismo gesto que siempre hacía cuando estaba preocupado.
Antes me parecía entrañable.
Ahora solo conseguía recordarme los correos electrónicos.
—La carta establece una posibilidad —continuó—. No significa que vayas a recibir automáticamente el dinero.
—¿Y tú sí lo sabías?
Daniel tardó en contestar.
—Sí.
No intentó negarlo.
Esa honestidad parcial me resultó incluso más dolorosa.
—¿Desde cuándo?
—Hace varios meses.
—¿Antes o después de pedirme matrimonio?
Bajó los ojos.
—Antes.
Me quedé mirando al hombre que había imaginado como mi esposo.
—¿Me pediste matrimonio sabiendo que podía recibir dinero si tu hermana era declarada incapaz?
—No es tan simple.
—Para mí sí lo es.
Daniel se inclinó hacia mí.
—Claire, yo te amo. Nunca he dudado de eso. Pero mi familia tiene obligaciones, deudas y problemas que no puedes comprender si no has crecido dentro de este mundo.
—Explícame qué problema justifica dejar a tu hermana sin una alimentación adecuada.
—Emily está recibiendo atención.
—No es lo que te pregunté.
Daniel suspiró.
—Hubo una inversión que salió mal. Mi padre puso dinero en ella y yo también. Se suponía que recuperaríamos todo en unos meses, pero el mercado cambió. Ahora hay obligaciones que debemos cubrir.
—¿Y quieren usar el patrimonio de Emily?
—Solo una parte. El fideicomiso tiene dinero suficiente para ayudarla y, al mismo tiempo, evitar que la familia pierda propiedades.
—¿Ella está de acuerdo?
—No.
—Entonces no es ayudarla. Es quitarle lo que le pertenece.
Su expresión se endureció.
—No conoces todas las circunstancias.
—Conozco suficientes.
Daniel extendió la mano para tocar la mía.
La retiré.
Su rostro reflejó una mezcla de dolor y molestia.
—¿De verdad vas a dejar que Emily destruya nuestra relación?
Sentí ganas de llorar.
No por la pregunta.
Por la facilidad con la que había convertido su propia traición en una responsabilidad mía.
—Daniel, nuestra relación no necesita que Emily haga nada para destruirse. Tú estás haciendo un excelente trabajo por tu cuenta.
Me levanté.
Él me sujetó suavemente de la muñeca.
—Si cancelas la boda ahora, todo se va a complicar.
Miré su mano.
Daniel la retiró de inmediato.
—Perdón —dijo—. No quería asustarte.
—Entonces deja de intentar controlarme.
Tomé mi bolso.
—Necesito tiempo para pensar.
—Claire, no puedes marcharte así.
—Ya lo hice.
Salí de la cafetería sin mirar atrás.
Esa tarde fui al despacho de Thomas y le entregué las fotografías del documento.
Las comparó con una copia del fideicomiso que conservaba en sus archivos.
Después revisó varias cláusulas.
—Hay una inconsistencia importante —me explicó—. El documento que Victoria le mostró parece omitir la sección que establece las condiciones para cualquier administración extraordinaria del patrimonio.
—¿Eso significa que está manipulado?
—Significa que no podemos confiar en esa copia como una representación completa de las disposiciones de Eleanor. Necesito examinar el original.
—¿Y si no nos lo entregan?
Thomas cerró la carpeta.
—Podemos solicitarlo por las vías legales correspondientes. Si hay indicios de movimientos financieros impropios, también podemos evaluar medidas urgentes para proteger los bienes mientras se aclara la situación.
Me indicó que debía conservar cada mensaje y evitar cualquier confrontación innecesaria.
Antes de irme, le hice una última pregunta.
—¿Por qué me eligieron a mí?
May you like
Thomas me observó con seriedad.
—No lo sabemos
Related Stories