Chapter 5: La mujer que nadie debía encontrar
Durante varios minutos nadie fue capaz de decir una palabra.
La carta de mi mamá seguía abierta sobre la mesa.
La dirección estaba escrita a mano.
No había ciudad.
Solo una calle, un número y el nombre de un pequeño pueblo.
“¿Cómo puede estar viva Rebecca?”” preguntó Vanessa.
Eleanor negó lentamente.
“No lo sé.””
“Pero dijiste que murió.””
“Eso fue lo que nos hicieron creer.””
Marcus levantó la cabeza.
“¿Quién?””
Eleanor miró hacia la puerta por donde Richard acababa de salir.
“Hale.””
Mi estómago se revolvió.
“¿Qué hizo?””
“Tu abuelo recibió una llamada la noche en que Rebecca supuestamente murió.””
“¿Y?””
“Le dijeron que había ocurrido un accidente.””
“¿Quién se lo dijo?””
“Arthur Hale.””
“¿Y mi abuelo fue a verla?””
“Intentó hacerlo.””
“¿Qué pasó?””
Eleanor apretó los labios.
“Le dijeron que el cuerpo ya había sido trasladado.””
“¿Dónde?””
“Eso nunca quedó claro.””
Vanessa se levantó.
“Entonces pudo estar viva.””
“Sí.””
“¿Y nadie investigó?””
“Tu abuelo sí.””
“¿Y?””
“Encontró algo.””
“¿Qué?””
Eleanor miró la carta.
“Una cuenta bancaria.””
Marcus frunció el ceño.
“¿A nombre de quién?””
“Rebecca Carter.””
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
“¿Cuándo fue la última vez que hubo movimiento?””
Eleanor cerró los ojos.
“Hace tres años.””
Todos quedamos inmóviles.
“¿Tres años?”” repetí.
“Sí.””
“Entonces está viva.””
“Quizá.””
“Abuelita, ¿por qué nunca nos dijiste?””
“Porque tu abuelo me hizo prometer que no buscaría.””
“¿Y por qué?””
“Porque la última persona que intentó encontrarla desapareció.””
Vanessa palideció.
“¿Quién?””
Eleanor me miró.
“Tu mamá.””
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
“¿Mi mamá buscó a Rebecca?””
“Sí.””
“¿Y qué encontró?””
“No lo sé.””
“¡Pero dijiste que firmó para protegernos!””
“Eso fue después.””
“¿Después de qué?””
Eleanor comenzó a llorar.
“Después de recibir una amenaza.””
Marcus se levantó.
“¿Qué amenaza?””
“Una carta.””
“¿Dónde está?””
“Tu mamá la destruyó.””
Vanessa negó con la cabeza.
“No.””
“¿Qué?””
“Nuestra mamá nunca destruía nada.””
La miré.
Tenía razón.
Mi mamá guardaba recibos.
Fotos.
Tarjetas.
Incluso una servilleta donde yo había escrito mi nombre cuando aprendí a hacerlo.
Nada se tiraba.
“¿Estás segura?”” pregunté.
Vanessa asintió.
“Guardaba todo.””
Entonces recordé algo.
“Su caja.””
“¿Qué caja?”” preguntó Marcus.
“La que está en el cuarto de arriba.””
Vanessa abrió los ojos.
“La caja de mamá.””
“Sí.””
Eleanor intentó detenernos.
“Daniel…”
“Tenemos que revisarla.””
Subimos.
La casa de Eleanor olía a café recién hecho y a madera vieja.
El cuarto permanecía casi igual que cuando mi mamá vivía allí.
Había una fotografía familiar sobre la cómoda.
Un perfume seco.
Un suéter doblado.
Y la caja.
Era pequeña.
De madera.
Tenía una cerradura vieja.
Marcus la tomó.
“¿Tienes llave?””
Negué.
Vanessa buscó entre unas cosas.
“Tal vez…”
Entonces Eleanor apareció en la puerta.
“Yo tengo la llave.””
Todos volteamos.
Ella sacó una pequeña llave de su bolsillo.
Abrió la caja.
Dentro había fotografías, cartas y una libreta.
Vanessa tomó la libreta.
“Esto es de mamá.””
La abrió.
Las primeras páginas eran normales.
Fechas.
Gastos.
Cosas de la casa.
Hasta que llegamos a una página escrita con tinta azul.
*Rebecca Carter.*
Debajo había tres palabras:
*“La encontré viva.””*
Marcus dejó escapar el aire.
“Dios mío.””
Pasé la página.
Había una dirección.
La misma.
La que aparecía en la carta que me había dejado mi mamá.
Pero había otra cosa.
Una fecha.
*17 de agosto de 2004.*
Y una nota:
*“No puedo volver. Me están siguiendo.””*
Vanessa comenzó a llorar.
“¿Quién?””
Pasé la página.
Solo había una inicial.
*R.H.*
Richard Hale.
El mismo hombre que acababa de amenazarnos.
“Tenemos que irnos.””
Eleanor negó.
“Es peligroso.””
“Más peligroso es quedarnos sin hacer nada.””
Marcus tomó las llaves del carro.
“Voy con ustedes.””
Vanessa lo miró.
“¿Y si es una trampa?””
“Entonces no vamos solos.””
Eleanor se acercó.
“No.””
“¿Qué?””
“Yo voy.””
La miré sorprendido.
“Abuelita…”
“Esta promesa la hice hace veintidós años.””
Tomó su abrigo.
“Ya esperé demasiado.””
Salimos juntos.
El viaje duró horas.
Nadie habló demasiado.
Yo llevaba la libreta en las piernas.
Cada vez que la abría encontraba algo nuevo.
Transferencias.
Nombres.
Fechas.
Pagos.
Y una palabra que aparecía una y otra vez:
*Fundación.*
Cuando llegamos al pueblo, seguimos la dirección.
Era una calle tranquila.
Casas pequeñas.
Árboles viejos.
Una tienda de abarrotes en la esquina.
Y una casa blanca al final.
Eleanor bajó del carro.
Sus manos temblaban.
“¿Estás segura?””
“No.””
Caminamos hasta la puerta.
Toqué.
Nada.
Volví a tocar.
Una mujer mayor apareció detrás de la ventana.
Nos observó.
Cuando vio a Eleanor, abrió la puerta.
No dijo nada.
Solo la miró.
Eleanor se quedó sin aire.
“Rebecca.””
La mujer sonrió débilmente.
“Eleanor.””
Vanessa se llevó las manos a la boca.
Marcus retrocedió.
Yo no podía moverme.
La mujer que todos creíamos muerta estaba frente a nosotros.
Más vieja.
Más delgada.
Pero era ella.
La misma mujer de la fotografía.
Rebecca miró la llave que yo llevaba en la mano.
Su expresión cambió.
“¿Quién es él?””
Eleanor respondió:
“Daniel.””
Rebecca abrió los ojos.
“¿Daniel?””
“Sí.””
“¿El hijo de Clara?””
“Sí.””
Rebecca comenzó a llorar.
“Entonces finalmente cumplió su promesa.””
Yo di un paso.
“¿Qué promesa?””
Rebecca me miró.
“La de protegerte.””
“¿De quién?””
Antes de responder, Rebecca miró hacia la calle.
Su rostro se puso pálido.
“Entren.””
“¿Qué pasa?””
“Ahora.””
Cerró la puerta con llave.
Después cerró las cortinas.
“¿Nos siguieron?””
Rebecca no respondió.
“¿Quién?””
Ella me tomó de la mano.
Sus dedos estaban fríos.
“Richard.””
“¿Hale?””
Rebecca asintió.
“Ese hombre lleva veinte años buscando algo que yo escondí.””
“¿Qué?””
Ella miró la llave.
“La verdadera herencia.””
Yo sentí un escalofrío.
“¿La herencia no es el dinero?””
Rebecca soltó una pequeña sonrisa.
“No.””
“Entonces, ¿qué es?””
Rebecca caminó hacia una pared.
Quitó un cuadro.
Detrás había una caja empotrada.
Sacó un sobre.
“Esto.””
Me lo entregó.
En el frente estaba mi nombre.
*Daniel Carter.*
Lo abrí.
Dentro había una sola hoja.
Era una copia de un documento.
Y al final aparecía una cifra.
No eran doscientos cincuenta mil dólares.
No eran setecientos cincuenta mil.
Era una cantidad tan grande que tardé varios segundos en comprenderla.
Vanessa se acercó.
“¿Cuánto es?””
No pude responder.
Rebecca sí.
“Esa es solo una parte.””
Marcus palideció.
“¿Qué significa?””
Rebecca miró a Eleanor.
“Significa que Richard no vino por sus doscientos cincuenta mil.””
Después me miró.
“Vino porque sabe que Daniel puede controlar todo.””
“¿Todo qué?””
Rebecca respiró profundamente.
“La propiedad.””
“¿Cuánto vale?””
Rebecca cerró los ojos.
“Más de cuarenta millones de dólares.””
Vanessa se quedó sin palabras.
Marcus se sentó.
Eleanor apretó mi brazo.
Pero Rebecca todavía no había terminado.
“Y hay algo más.””
“¿Qué?””
“Tu mamá no te dejó el dinero.””
“¿Entonces?””
“Te dejó una decisión.””
“¿Cuál?””
Rebecca abrió una segunda caja.
Dentro había tres sobres.
Uno para Vanessa.
Uno para Marcus.
Y uno para mí.
Los tres tenían la misma frase.
*“Solo abrir después de descubrir quién traicionó a la familia.””*
Vanessa miró el suyo.
“¿Quién nos traicionó?””
Rebecca no respondió.
Se acercó a la ventana.
Miró hacia la calle.
Entonces vimos un automóvil negro estacionarse frente a la casa.
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Rebecca susurró:
“Ya nos encontraron.””
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