Calm

Chapter 8: Marcus descubrió que su madrastra estaba dispuesta a entregar la casa para salvarse

Jessica apretó la carpeta azul contra el pecho.

Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió.

Marcus miró la escritura y después a su madrastra.

—Suéltala.

—No sabes lo que estás haciendo —susurró Jessica.

—Sé perfectamente lo que estoy viendo. Es la escritura de mi papá.

—Necesito hablar con Richard.

—¿Para qué? ¿Para entregarle un documento que no te pertenece?

Jessica intentó pasar junto a él, pero Marcus bloqueó la puerta.

—Quítate.

—No hasta que me expliques por qué estás sacando los documentos a medianoche.

Ella miró hacia el pasillo.

—Baja la voz. Vas a despertar a tu padre.

Marcus no pudo creer lo que escuchaba.

—¿Ahora te preocupa despertarlo? ¿Después de todo lo que le has ocultado?

—Marcus, por favor. No entiendes la situación.

—Entonces explícala.

Jessica apretó la carpeta con más fuerza.

—Richard me dio dinero cuando nadie más quiso ayudarme. Si no le pago, va a demandarme.

—Eso lo tendrá que resolver un abogado. No puedes entregarle la escritura de una casa que está a nombre de mi papá.

—¡Solo necesita verla!

—Entonces puede solicitarla legalmente. No tienes que sacarla a escondidas.

Jessica comenzó a llorar.

—No quería que las cosas terminaran así.

Marcus sintió que aquellas palabras ya no significaban nada.

Las había escuchado cuando descubrieron la hipoteca, cuando apareció el préstamo y cuando Emily reveló las transferencias.

Cada vez que alguien descubría una nueva mentira, Jessica decía que nunca había querido llegar tan lejos.

Pero siempre había dado otro paso.

—Dame la carpeta —repitió Marcus.

Ella negó con la cabeza.

—No puedo.

—¿Por qué?

Jessica bajó la voz.

—Porque Richard tiene documentos que podrían destruir mi vida.

Marcus se quedó inmóvil.

—¿Qué documentos?

Ella lo miró con desesperación.

—No puedo decírtelo.

—Entonces no vas a salir de aquí con la escritura.

Jessica intentó empujarlo para pasar, pero Marcus se apartó lo suficiente para evitar el contacto y llamó a su padre.

—¡Papá! ¡Ven al despacho!

David apareció pocos segundos después, todavía vestido con la ropa que había usado durante el día.

Al ver la carpeta azul en las manos de Jessica, su rostro se endureció.

—¿Qué significa esto?

Jessica retrocedió.

—David, puedo explicarlo.

—¿Por qué tienes la escritura?

—Necesitaba revisar algo.

David extendió la mano.

—Dámela.

Jessica miró a Marcus y luego a su esposo.

Finalmente dejó la carpeta sobre el escritorio.

David la abrió, comprobó que el documento original estuviera dentro y volvió a cerrarla.

—¿Pensabas entregársela a Richard?

Ella no respondió.

—¡Jessica!

—Sí —susurró.

David permaneció inmóvil.

—¿Te das cuenta de lo que estabas a punto de hacer?

—Solo quería que dejara de presionarme.

—¿Entregándole la escritura de mi casa?

—Me dijo que podía ayudarme a solucionar la deuda.

David negó lentamente con la cabeza.

—No vuelvas a tocar mis documentos. Y mañana vamos a hablar con el abogado antes de que hagas cualquier otra cosa.

Jessica se desplomó en una silla.

Por primera vez, parecía incapaz de defenderse.

Marcus miró a su padre.

—Papá, Richard está afuera.

David levantó la cabeza.

—¿Qué?

Marcus le mostró el automóvil que había visto desde la ventana.

David se acercó a la cortina y observó el vehículo estacionado frente a la casa.

El hombre seguía dentro, mirando su teléfono.

—¿Cómo sabes que es Richard? —preguntó.

—Lo reconocí por la fotografía. Lo vi salir del automóvil y enviar un mensaje.

David miró a Jessica.

—¿Le dijiste que ibas a entregarle la escritura?

Ella se llevó las manos al rostro.

—Le dije que intentaría resolverlo.

David tomó su teléfono y llamó a su abogado.

Le explicó que el hombre que supuestamente había prestado dinero a Jessica estaba afuera de su casa y que ella había intentado sacar la escritura original sin su autorización.

El abogado le recomendó no confrontarlo de manera agresiva ni entregar documentos. Si Richard tenía una reclamación, debía presentarla por las vías correspondientes.

David terminó la llamada.

—Nadie va a salir a discutir con él. Voy a enviarle un mensaje para decirle que cualquier asunto relacionado con la deuda deberá tratarse por medio de nuestros representantes.

Jessica levantó la cabeza.

—No puedes hacer eso.

—Claro que puedo.

—No sabes de lo que es capaz.

David la miró con frialdad.

—Entonces dime qué te ha hecho.

Jessica se quedó callada.

Marcus se acercó a la ventana.

Richard acababa de bajar del automóvil.

Caminó hacia la entrada y tocó el timbre tres veces.

David no abrió.

—¿David? —llamó el hombre desde afuera—. Sé que estás ahí.

David permaneció detrás de la puerta.

—Cualquier comunicación deberá hacerse por escrito y a través de nuestro abogado —respondió sin abrir.

Richard soltó una carcajada.

—No necesitas un abogado para devolver un dinero que tu familia recibió.

—No he recibido ningún préstamo de ti.

—Eso lo podemos discutir mañana.

—Mañana, con nuestros representantes.

Richard guardó silencio durante unos segundos.

Después habló con una tranquilidad que resultó más inquietante que un grito.

—Tu esposa me prometió que resolvería esto. Si ella no puede cumplir, alguien tendrá que hacerse responsable.

David no respondió.

El hombre dejó un sobre en el suelo, frente a la puerta.

—Ahí tienes una copia de los documentos. Revísalos antes de que sea demasiado tarde.

Luego regresó a su automóvil y se marchó.

David esperó hasta que el vehículo desapareció antes de recoger el sobre.

No lo abrió inmediatamente.

Primero tomó fotografías del lugar donde había sido dejado y anotó la hora. Después llamó al abogado para informarle de la entrega.

Solo entonces revisó los papeles.

El sobre contenía una copia del supuesto préstamo, una lista de pagos y varias hojas que parecían corresponder a comunicaciones entre Richard y Jessica.

En una de ellas aparecía una cantidad de treinta y ocho mil dólares.

Marcus se acercó.

—¿Qué es eso?

David leyó el encabezado.

—Una reclamación de deuda.

Jessica comenzó a temblar.

—No tienes que leer eso delante de ellos.

David la miró.

—¿Cuánto le debes realmente a Richard?

Ella cerró los ojos.

—No lo sé exactamente.

David dejó la hoja sobre la mesa.

—Aquí dice treinta y ocho mil dólares.

Emily, que había bajado al escuchar el timbre, se quedó paralizada.

—¿Treinta y ocho mil? —repitió—. Mamá, dijiste que eran quince mil.

Jessica comenzó a llorar.

—Los quince mil fueron el último préstamo. Lo demás corresponde a la deuda del negocio antiguo y a los intereses que Richard dice que se acumularon.

David sintió que la habitación comenzaba a darle vueltas.

—¿Me estás diciendo que este hombre lleva años reclamándote una deuda y que tú nunca me lo dijiste?

—Pensé que había terminado.

—¿Cómo puede una deuda de un negocio que cerró hace años convertirse de repente en treinta y ocho mil dólares?

—Richard dice que nunca terminamos de pagarle.

—¿Y tú estás de acuerdo con esa cantidad?

Jessica no contestó.

David volvió a mirar los documentos.

Había una tabla de pagos, pero no estaba acompañada de todos los comprobantes. Algunas cantidades aparecían duplicadas y otras no tenían una fecha clara.

No podían dar por válida la reclamación sin revisar su origen.

—No voy a reconocer esta deuda como mía hasta que un abogado revise cada documento —dijo David—. Y tampoco voy a permitir que alguien utilice la escritura de mi casa para presionarnos.

Jessica se levantó.

—¡Pero si no le pagamos, puede demandarnos!

—Si tiene una reclamación legítima, tendrá que demostrarla. No vamos a entregar dinero por miedo.

Marcus observó a su madrastra.

—¿Cuánto de mi dinero utilizaste para pagarle?

Jessica negó con la cabeza.

—No recuerdo.

—¿Cómo que no recuerdas?

—Fueron varias cantidades.

—¡Dime una cifra!

Ella empezó a sollozar.

David intervino.

—Mañana revisaremos las transferencias. No vamos a resolver nada a gritos.

Marcus se apartó de la mesa.

Había querido creer que su madrastra solo intentaba controlarlo. Después pensó que había perdido el dinero de una inversión y estaba desesperada.

Ahora empezaba a comprender que Jessica había construido una red de secretos tan complicada que ni siquiera ella podía explicar con claridad dónde terminaba una deuda y comenzaba otra.

Y él había terminado atrapado en medio.

A la mañana siguiente, David y Marcus acudieron al despacho del abogado con todos los documentos que habían reunido.

Emily decidió acompañarlos.

Jessica se quedó en casa, alegando que no quería enfrentarse a más preguntas.

El abogado revisó los papeles con atención.

Explicó que no podía determinarse la validez de una deuda únicamente por una hoja con cantidades anotadas. Era necesario comprobar los contratos, los movimientos de dinero, las condiciones pactadas y la autenticidad de las firmas.

También recomendó que David protegiera sus documentos personales y revisara si existían solicitudes o trámites realizados sin su autorización.

La reunión duró varias horas.

Al final, el abogado levantó la vista.

—Hay algo que me preocupa especialmente.

David se inclinó hacia delante.

—¿Qué cosa?

El abogado señaló una de las hojas.

—Esta firma aparece en un documento que supuestamente autoriza el uso de la propiedad como garantía. Pero el documento que nos entregaron está incompleto y no puedo confirmar si se presentó ante alguna institución. Necesitamos verificar su origen.

David se quedó inmóvil.

—¿Está diciendo que alguien intentó poner mi casa como garantía de una deuda?

—Estoy diciendo que hay indicios que justifican investigarlo. No debemos sacar conclusiones antes de comprobar los hechos.

Marcus sintió un escalofrío.

Su padre había estado a punto de perder la casa por una hipoteca atrasada. Ahora existía la posibilidad de que alguien hubiera intentado comprometer la propiedad para garantizar un préstamo que David nunca solicitó.

El abogado les pidió conservar todos los documentos originales y evitar cualquier negociación informal.

Antes de despedirlos, añadió algo más.

—También revisé la lista de pagos. Hay una transferencia que no aparece reflejada en los registros que ustedes trajeron.

David frunció el ceño.

—¿De qué cantidad?

—Ocho mil dólares.

Marcus sintió que el corazón se le detenía.

Era exactamente la cantidad que Jessica había anotado junto a su nombre.

—¿A qué cuenta se envió? —preguntó.

El abogado señaló el documento.

—A una cuenta cuyo titular no aparece claramente identificado en esta copia. Necesitamos el registro bancario completo para saber quién recibió el dinero.

David miró a su hijo.

—Tú nunca le entregaste ocho mil dólares a Jessica, ¿verdad?

—Nunca.

El abogado asintió.

—Entonces esa transferencia debe investigarse. No significa automáticamente que Marcus sea responsable de ella, pero necesitamos saber por qué aparece su nombre en las anotaciones.

Al salir del despacho, David parecía más cansado que nunca.

Marcus lo acompañó hasta el automóvil.

—Papá, voy a ayudarte a resolver esto.

David lo miró.

—No quiero que sacrifiques tus ahorros por las decisiones de otra persona.

—No estoy hablando de pagar las deudas de Jessica. Estoy hablando de ayudarte a proteger la casa.

David le apretó el hombro.

—Eso es suficiente, hijo.

Emily se acercó a ellos.

Tenía el teléfono en la mano y una expresión de terror.

—Papá, acabo de recibir un mensaje de mamá.

David tomó el teléfono.

El mensaje decía:

«No regresen todavía. Richard volvió a la casa y está diciendo que tiene pruebas de que David aceptó el préstamo. También dice que Marcus aparece como testigo».

Debajo había una fotografía de una hoja firmada.

Marcus la observó.

La firma que aparecía al final se parecía a la suya.

Pero él jamás había visto ese documento.

Y nunca había aceptado ser testigo de ninguna deuda.

David levantó la mirada.

—Esto ya no es solamente un problema de dinero.

Marcus sintió que la sangre le hervía.

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Alguien estaba utilizando su nombre y su firma para respaldar un préstamo que nunca había aceptado.

Y si no averiguaban quién había preparado aquel documento, podía terminar pagando las consecuencias de una mentira que su madrastra había construido mucho antes de que él supiera que existía.

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