Chapter 7: La verdad sobre el nacimiento de Maisie podía destruirlos a todos
Naomi sabía que, cuando Graham llegara, tendría que contarle la verdad que había guardado durante cuatro años. Lo que no sabía era si, después de escucharla, él seguiría mirando a Maisie como a su hija.
Se encontraba sentada en la sala de su abogada, Mariana Torres, con las manos entrelazadas sobre las rodillas. Frente a ella descansaba una carpeta médica que había permanecido guardada en el fondo de un cajón durante demasiado tiempo.
Mariana había insistido en que no tomara ninguna decisión mientras estuviera asustada.
—Naomi, mírame —le pidió—. Sea cual sea la verdad, nadie puede utilizar información médica para inventar una acusación contra ti. Necesitamos conocer los hechos antes de reaccionar.
Naomi asintió, aunque tenía la garganta cerrada.
—¿Y si Graham piensa que le mentí?
—Entonces tendrá que escuchar la explicación completa. Una cosa es guardar información por miedo y otra muy distinta es engañar a alguien para hacerle daño.
Naomi miró la carpeta.
Dentro había documentos de una clínica privada de reproducción asistida, consentimientos médicos y un informe que llevaba años sin atreverse a leer.
Cuatro años antes, cuando tenía veintisiete, había descubierto que padecía una condición que podía dificultarle enormemente un embarazo natural. La noticia había llegado después de varios meses de estudios, cuando ella y Graham todavía soñaban con tener una familia.
Él había reaccionado con amor.
Le había dicho que encontrarían la manera de salir adelante juntos.
Pero entonces Richard Mercer intervino.
Le ofreció dinero para alejarse de Graham, la acusó de querer atraparlo con un embarazo y amenazó con convertir su vida en un infierno si insistía en formar parte de la familia.
Naomi, asustada y herida, se marchó durante algunas semanas.
Fue entonces cuando una amiga le habló de una clínica que ofrecía tratamientos de fertilidad.
Naomi inició el proceso por su cuenta, convencida de que podía construir una vida para ella y para el hijo que tanto deseaba, aunque Graham decidiera no acompañarla.
Sin embargo, el tratamiento se complicó.
Hubo estudios adicionales, una intervención médica y semanas de incertidumbre.
Cuando Graham regresó a su vida, ambos intentaron reconciliarse. Poco después, Naomi descubrió que estaba embarazada.
Nunca le contó los detalles médicos.
No porque Maisie no fuera su hija, sino porque Naomi temía que Graham descubriera que ella había iniciado el tratamiento durante el tiempo en que estaban separados y lo interpretara como una decisión tomada sin él.
El embarazo había sido real. El amor también.
Pero existían documentos que podían explicar por qué Richard había empezado a investigar su pasado.
Y ahora Vanessa parecía haberlos encontrado.
—No quiero que Maisie crezca pensando que su nacimiento fue un problema —susurró Naomi.
Mariana le tomó la mano.
—Entonces no permitas que los adultos conviertan su historia en un arma.
En ese momento, la puerta se abrió.
Graham entró acompañado por Arturo Salcedo.
Llevaba el rostro pálido y una expresión de agotamiento que Naomi nunca le había visto.
Se sentó frente a ella.
—Estoy aquí.
Naomi asintió.
—Antes de empezar, quiero dejar algo claro. Maisie no tiene la culpa de nada de lo que vamos a hablar.
—Lo sé.
—Y no voy a permitir que nadie la interrogue, la presione ni la haga sentir que tiene que demostrar que merece ser tu hija.
Graham bajó la mirada.
—No quiero eso.
Naomi abrió la carpeta.
—Entonces escucha hasta el final.
Le explicó el diagnóstico, los tratamientos y las circunstancias en las que había acudido a la clínica. Le habló de las semanas en que creyó que jamás podría convertirse en madre y del miedo que sintió cuando Richard empezó a amenazarla.
Graham permaneció en silencio.
Cuando Naomi terminó, él tenía los ojos húmedos.
—¿Por qué no me lo contaste?
Naomi apretó los dedos.
—Porque cuando me enteré de que estaba embarazada, tú y yo todavía estábamos intentando arreglar nuestra relación. Tu padre ya había intentado separarnos. Yo tenía miedo de que cualquier cosa que dijera se convirtiera en otra razón para que él nos atacara.
—Pero yo nunca te habría rechazado por eso.
—Lo sé ahora. Entonces no estaba segura.
Graham se inclinó hacia adelante.
—¿Y qué tiene que ver esto con la fotografía que me mostró mi padre?
Naomi sacó una copia de un informe.
—La clínica aparece en los registros. Richard sabía que yo había recibido atención médica. No sé qué información obtuvo ni cuánto comprendió. Pero utilizó esos documentos para hacerte dudar de mí.
Graham tomó el papel.
Arturo lo examinó con atención.
—Necesitamos revisar la documentación completa antes de sacar conclusiones sobre lo que Richard pudo haber encontrado —dijo el abogado—. Pero hasta ahora no veo nada que demuestre que Naomi haya cometido alguna irregularidad.
Graham no parecía escuchar.
Seguía mirando la fecha del informe.
—Yo pensé que mi padre había querido protegerme.
Naomi bajó la voz.
—Tal vez eso era lo que él se decía a sí mismo. Pero protegerte no le daba derecho a decidir qué mujer merecía estar contigo ni qué secretos médicos podía utilizar para separarnos.
Graham cerró los ojos.
Durante años había defendido la memoria de Richard, convencido de que las decisiones de su padre siempre habían tenido una razón.
Ahora tenía que aceptar que el hombre al que admiraba había podido hacer daño a las personas que más quería.
—Lo siento —murmuró.
Naomi negó lentamente.
—No puedes cambiar lo que pasó. Pero puedes decidir qué harás ahora.
Graham levantó la mirada.
—No voy a permitir que Vanessa utilice esto contra ti.
Arturo intervino con prudencia.
—Debemos tener cuidado. Si existen documentos obtenidos sin autorización o mensajes que demuestren un intento de chantaje, tendremos que conservarlos y evaluar las medidas correspondientes.
Naomi asintió.
—Hay otra cosa que deben saber.
Sacó el teléfono y reprodujo la grabación de la llamada anónima.
La voz distorsionada repitió la advertencia sobre Claudia y el padre biológico de Maisie.
Graham se quedó inmóvil al escucharla.
—¿Alguien está diciendo que no soy su padre?
Naomi apagó la grabación.
—No sabemos quién hizo la llamada ni qué pretende. Pero Vanessa tiene acceso a la información de la clínica, y eso no es casualidad.
Arturo anotó varios datos.
—Necesitamos localizar el expediente original y averiguar quién solicitó información. No deben contactar directamente a la clínica ni a Claudia hasta que sepamos cómo proceder.
Graham se levantó y caminó hasta la ventana.
—¿Y si mi padre descubrió algo que nosotros no sabemos?
Naomi sintió que la pregunta le atravesaba el pecho.
—Entonces lo averiguaremos. Pero no voy a permitir que una sospecha se convierta en una condena contra nuestra hija.
Graham se volvió hacia ella.
—Nunca podría dejar de querer a Maisie.
Naomi lo miró con tristeza.
—No basta con quererla. Tienes que demostrarle que no hay ningún secreto capaz de hacer que desaparezcas de su vida.
Él bajó la cabeza.
Tenía razón.
Esa misma tarde, Vanessa recibió una llamada de Claudia.
—Tenemos que hablar —dijo la mujer.
—Estoy ocupada.
—No me importa. Necesito verte.
Vanessa llegó al hotel veinte minutos después.
Claudia la esperaba en una mesa apartada, con una carpeta cerrada frente a ella.
—¿Qué encontraste? —preguntó Vanessa.
Claudia no respondió inmediatamente.
—Conseguí confirmar que Naomi recibió tratamiento en una clínica privada hace cuatro años. También encontré registros que indican que Richard Mercer pidió información sobre ella.
Vanessa sintió una oleada de satisfacción.
—Entonces tenía razón.
—No tan rápido. Los documentos no prueban que Graham no sea el padre de Maisie.
La sonrisa de Vanessa desapareció.
—¿Qué?
—Hay información médica confidencial. No tenemos derecho a interpretarla ni a utilizarla para afirmar algo que no sabemos.
Vanessa golpeó la mesa con la palma.
—¡Entonces averigua lo que falta!
Claudia la miró con cansancio.
—Ya no quiero seguir con esto.
—¿Cómo que no?
—La situación se salió de control. Tú me pediste información sobre Naomi. Después empezaron las fotografías, las acusaciones y los mensajes al kínder. No voy a seguir participando.
Vanessa se inclinó hacia ella.
—No puedes abandonarme ahora.
—Puedo, y lo voy a hacer.
Claudia abrió la carpeta y deslizó una hoja sobre la mesa.
—Aquí están las facturas de mis servicios. También tengo los mensajes donde me pediste que encontrara algo que pudiera perjudicar a Naomi. Si intentas culparme de todo, entregaré la documentación a tu esposo y a los abogados.
Vanessa sintió que la sangre se le helaba.
—No te atreverías.
—No pongas a prueba mi paciencia.
Claudia se levantó.
Antes de marcharse, dejó una última advertencia.
—Y deja de repetir que el pasado de Naomi demuestra algo sobre su capacidad para ser madre. Si de verdad quieres proteger tu matrimonio, deja de destruir a la niña que tu esposo ama.
Vanessa la vio alejarse.
Por primera vez, la mujer que había contratado para conseguir información se había convertido en una amenaza.
Pero lo peor no era eso.
Lo peor era que Graham ya conocía el secreto de la clínica.
Y Vanessa sabía que, si no lograba controlar la historia, Naomi recuperaría todo lo que había intentado quitarle.
A las siete de la noche, Graham llegó a casa de Naomi.
Esta vez llevaba una bolsa con pan dulce y un pequeño libro ilustrado para Maisie.
La niña abrió la puerta y lo miró con sorpresa.
—¿Papá?
Graham se agachó.
—Hola, princesa.
Maisie observó la bolsa.
—¿Trajiste conchas?
—Dos de chocolate y una de vainilla. Pero tu mamá decide cuándo podemos comerlas.
La pequeña sonrió por primera vez en días.
Naomi apareció detrás de ella.
—Pasa.
Durante la cena, Graham escuchó a Maisie contarle cómo había aprendido a escribir la primera letra de su nombre. Le mostró un dibujo de una mariposa y le explicó que quería tener un jardín lleno de flores cuando fuera grande.
Él la escuchó con una atención que antes reservaba para las reuniones de negocios.
Cuando llegó la hora de dormir, Maisie le pidió que leyera el libro nuevo.
Graham aceptó.
Se sentó junto a su cama y leyó cada página con voces distintas hasta que la niña comenzó a bostezar.
—Papá —murmuró ella—, ¿vas a venir mañana?
Graham sintió un nudo en la garganta.
—Sí, mi amor. Si tú quieres, voy a venir mañana.
—¿Y pasado mañana?
—También.
Maisie abrazó a Copito.
—¿Aunque la señora Vanessa se enoje?
Graham dejó el libro sobre la mesita.
—Aunque alguien se enoje, tú sigues siendo mi hija. Nadie va a cambiar eso.
La niña pareció pensar en sus palabras.
Después extendió los brazos.
Graham la abrazó con cuidado.
Desde la puerta, Naomi observó la escena sin decir nada.
No estaba lista para perdonarlo.
Pero por primera vez en mucho tiempo, vio a Graham hacer algo más que prometer.
Lo vio quedarse.
Cuando él salió del cuarto, Naomi lo acompañó hasta la entrada.
—Gracias por venir.
Graham asintió.
—Quiero recuperar la confianza de Maisie. Y también quiero hacerme responsable de lo que permití.
Naomi sostuvo su mirada.
—Entonces no vuelvas a dejar que nadie la utilice para castigarnos.
—No lo haré.
Él se marchó unos minutos después.
Naomi cerró la puerta y regresó a la cocina.
Sobre la mesa encontró un sobre que no había visto antes.
No tenía estampilla ni remitente.
Dentro había una fotografía antigua de Graham saliendo de un edificio con Richard.
En el reverso, alguien había escrito una fecha y una frase.
La noche en que tu hija fue concebida, Graham no estuvo donde te dijo.
Naomi sintió que el corazón se le detenía.
Volvió a mirar la fecha.
Era el 14 de febrero.
La misma noche de la que habían hablado aquella mañana.
Debajo de la fotografía había una segunda hoja.
Solo contenía una dirección.
La de una clínica privada que había cerrado dos años atrás.
Naomi apretó el papel contra el pecho.
Por primera vez, comprendió que quizá Vanessa no estaba inventando todo.
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Quizá había encontrado una parte de la historia que ni siquiera ella conocía.
Y si eso era cierto, el siguiente paso podía cambiar para siempre la relación entre Graham, Maisie y la mujer que había intentado destruirlos.
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