Chapter 5: La verdad escondida detrás de una firma falsa
Naomi regresó a casa esa noche con una sensación extraña.
Había perdido mucho en un solo día.
Sus trofeos.
La confianza en su madrastra.
La idea de que su familia era exactamente como ella imaginaba.
Pero también había encontrado algo.
La voz de su mamá.
Aunque fuera a través de cartas.
Aunque fuera después de tantos años.
Cuando entró a la casa, encontró a Daniel sentado en la sala.
Tenía varios documentos frente a él.
Parecía agotado.
—Papá.
Él levantó la mirada.
—Ven, mija.
Naomi se sentó junto a él.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió que su papá realmente la estaba escuchando.
—Encontré algo más.
Daniel le mostró una carpeta.
—Revisé los movimientos del fideicomiso.
Naomi miró los papeles.
—¿Y?
—Hubo intentos de acceder al dinero.
Ella cerró los ojos.
—¿Cuándo?
Daniel respiró.
—Hace casi un año.
Naomi sintió una punzada.
—¿Un año?
—Sí.
Ella recordó ese tiempo.
Recordó que Melissa había comenzado a preguntarle mucho sobre sus planes.
Sobre la universidad.
Sobre sus sueños.
En ese momento parecía preocupación.
Ahora parecía otra cosa.
—Papá, ¿por qué nunca viste esto?
Daniel bajó la cabeza.
—Porque confié.
Esa respuesta dolió.
Pero era honesta.
—Pensé que al formar una nueva familia estaba haciendo lo correcto.
Naomi miró sus manos.
—Yo también quería que funcionara.
Daniel la abrazó.
—Perdóname.
Naomi cerró los ojos.
No quería vivir con rencor.
Pero tampoco podía fingir que nada había pasado.
Al día siguiente, Daniel recibió una llamada.
Era del abogado.
Habían encontrado información sobre la firma falsa.
Y había una sorpresa.
El documento no había sido creado por Melissa sola.
Alguien más había ayudado.
Cuando Daniel llegó a la oficina, encontró varios archivos sobre la mesa.
—¿Quién está detrás de esto?
El abogado señaló una hoja.
—Necesitamos confirmarlo, pero parece que alguien asesoró a su esposa.
Daniel leyó el nombre.
Y se quedó inmóvil.
—No puede ser.
—¿Lo conoce?
Daniel tragó saliva.
—Sí.
Era alguien cercano.
Alguien que había estado en su casa.
Alguien que Naomi conocía.
Esa tarde, Naomi estaba acomodando sus premios dañados.
Había decidido arreglarlos.
No porque fueran perfectos.
Sino porque representaban quién era ella.
Entonces escuchó una voz detrás.
—Naomi.
Era Chloe.
Naomi no se volteó.
—¿Qué quieres?
Chloe parecía diferente.
Ya no tenía esa seguridad arrogante.
Parecía una persona que por fin entendía la gravedad de lo ocurrido.
—Quiero pedirte perdón.
Naomi siguió limpiando una medalla.
—¿Por qué?
Chloe bajó la mirada.
—Por los trofeos.
Silencio.
—Por todo.
Naomi la observó.
—¿Sabías lo que tu mamá estaba haciendo?
Chloe tardó en responder.
Ese retraso dijo más que cualquier palabra.
—No sabía todo.
—Pero sabías algo.
Chloe comenzó a llorar.
—Ella me decía que algún día tendría más oportunidades.
Naomi sintió tristeza.
—¿Y pensaste que mis cosas eran el precio?
Chloe negó.
—No.
—Entonces ¿por qué lo hiciste?
Chloe no pudo responder.
Porque la verdad era difícil.
Había sido egoísmo.
Y ahora tenía que aceptarlo.
—Yo estaba celosa de ti.
Naomi se quedó callada.
—Todos hablaban de tus logros. De tus competencias. De lo inteligente que eras.
Chloe se limpió las lágrimas.
—Y yo sentía que nadie me veía.
Naomi respiró lentamente.
—Eso no te daba derecho a destruir lo mío.
—Lo sé.
Por primera vez, Chloe no intentó justificarse.
Esa noche, Daniel reunió a Naomi y a Chloe.
Pero Melissa no estaba.
—Encontré quién ayudó a preparar los documentos.
Naomi sintió tensión.
—¿Quién?
Daniel dejó una carpeta sobre la mesa.
—Un asesor financiero.
Chloe abrió los ojos.
—¿El señor Vargas?
Daniel asintió.
Naomi recordó ese nombre.
Era un hombre que había visitado la casa varias veces.
Siempre amable.
Siempre sonriendo.
Siempre diciendo que quería ayudar.
—Él trabajaba con mamá antes de que muriera —dijo Daniel.
Naomi sintió una nueva preocupación.
—Entonces conocía el fideicomiso.
—Exactamente.
Daniel abrió otro documento.
—Pero hay algo peor.
Naomi lo miró.
—¿Qué?
Daniel tomó aire.
—Tu mamá había descubierto que alguien estaba intentando cambiar sus documentos incluso antes de morir.
La habitación quedó en silencio.
Naomi sintió que todo se detenía.
—¿Quieres decir que esto empezó antes?
Daniel asintió.
—Sí.
Entonces el teléfono de Naomi recibió un mensaje de un número desconocido.
Lo abrió.
Solo decía:
"Tu mamá dejó una verdad que Melissa nunca quiso que descubrieras.""
Naomi miró la pantalla.
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Luego a su papá.
Y entendió que todavía faltaba la parte más importante de la historia.
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