Calm

Chapter 1: El día que todo lo que amaba desapareció

Naomi pensó que aquel sería el día más feliz de su vida.

Entró a su casa con una sonrisa que no podía esconder.

En sus manos llevaba el trofeo más grande que había ganado hasta ese momento.

Brillaba bajo la luz de la tarde.

Era el reconocimiento por haber obtenido el primer lugar en la competencia estatal de ciencias.

Después de años de estudiar hasta tarde, de quedarse sin salidas con sus amigos y de escuchar que sus sueños eran demasiado grandes, por fin tenía algo que demostrar.

Su mamá siempre le había dicho:

—Mija, nunca dejes que nadie te haga sentir pequeña por querer llegar lejos.

Pero cuando Naomi abrió la puerta de la sala, sintió que algo dentro de ella se rompía.

El lugar donde siempre habían estado sus premios estaba vacío.

No había medallas.

No había diplomas.

No había fotografías de sus competencias.

Nada.

En su lugar estaban los trofeos de Chloe.

Los reconocimientos de su hermanastra estaban acomodados como si fueran los únicos que importaban.

Naomi se quedó inmóvil.

—¿Qué pasó aquí? —susurró.

Nadie respondió.

Entonces escuchó una risa desde la cocina.

Era Chloe.

Su hermanastra estaba sentada tomando un refresco mientras revisaba su celular.

—¿Ya viste? Quedó mucho mejor así.

Naomi la miró sin entender.

—¿Dónde están mis cosas?

Chloe levantó los hombros.

—En la cochera.

La forma en que lo dijo hizo que Naomi sintiera un escalofrío.

No había arrepentimiento.

No había culpa.

Solo orgullo.

Naomi caminó rápido hasta la puerta de la cochera y la abrió.

Ahí estaba una caja de cartón vieja.

Dentro estaban años de esfuerzo.

Sus certificados estaban doblados.

Algunas medallas tenían rayones.

Un trofeo pequeño estaba partido.

Naomi se agachó lentamente.

Tomó el pedazo roto con sus manos temblorosas.

Ese trofeo no era el más caro.

Ni siquiera era el más bonito.

Pero era el más importante.

Su mamá se lo había regalado cuando Naomi tenía ocho años.

Recordaba perfectamente aquel día.

Su madre había llegado con una sonrisa enorme después de verla participar en su primera feria escolar.

—Puede que no sea un trofeo de oro, pero para mí vale más que cualquier cosa —le había dicho.

Naomi apretó el trofeo roto contra su pecho.

—Esto era de mi mamá.

Chloe apareció detrás de ella.

—Ay, Naomi, no exageres.

Naomi volteó.

—¿No exagerar?

—Era una cosa vieja. Además, ni siquiera era de una competencia importante.

Los ojos de Naomi se llenaron de lágrimas.

—No vuelvas a tocar las cosas de mi mamá.

Chloe soltó una pequeña risa.

—¿Y qué vas a hacer?

Naomi se puso de pie.

—Te estoy diciendo que no lo hagas otra vez.

Pero Chloe dio un paso hacia ella.

—No eres la única persona que vive aquí.

—Nunca dije eso. Solo pedí respeto.

—Siempre quieres que todos te traten diferente porque eras la hija favorita de papá.

Esa frase dolió más de lo que Naomi esperaba.

Porque sabía que Chloe estaba tratando de herirla.

Y lo peor era que lo había logrado.

Su mamá había muerto cuando ella era niña.

Desde entonces, Naomi había intentado aceptar a Melissa, su madrastra, y a Chloe como parte de su familia.

Había intentado convivir.

Había intentado no causar problemas.

Pero nunca se había sentido realmente bienvenida.

—No tienes derecho a destruir mis recuerdos —dijo Naomi.

Chloe la empujó.

No fue un golpe fuerte.

Pero fue suficiente.

Naomi perdió el equilibrio y dio un paso hacia atrás.

Por instinto, la empujó para alejarla.

Entonces Melissa apareció corriendo.

—¡¿Qué está pasando?!

Chloe inmediatamente cambió la expresión.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Naomi me empujó.

Naomi abrió los ojos.

—Eso no fue lo que pasó.

Melissa se colocó delante de Chloe.

—¡No toques a mi hija!

Naomi sintió una mezcla de tristeza y enojo.

—Ella tiró mis premios a la basura.

Melissa miró la caja.

Luego miró a Naomi.

Y en lugar de sorprenderse, suspiró.

—Son objetos.

—Son mis logros.

—Puedes conseguir otros.

Naomi sostuvo el trofeo roto.

—Este no.

Melissa cruzó los brazos.

—Siempre haces un drama por todo.

Naomi sintió que las palabras le pesaban.

Durante años había tratado de ganarse el cariño de Melissa.

Pero en ese momento entendió algo.

Tal vez nunca había estado intentando entrar a una familia.

Tal vez siempre había estado intentando entrar a un lugar donde ya habían decidido dejarla afuera.

Entonces Chloe vio el trofeo nuevo que Naomi llevaba en la mano.

Su expresión cambió.

—¿Ese es nuevo?

Naomi no respondió.

Pero Chloe se acercó.

—¿Qué ganaste ahora?

—Primer lugar.

Melissa levantó una ceja.

—¿Primer lugar en qué?

—En la competencia estatal de ciencias.

Por primera vez, Chloe pareció sorprendida.

—¿La estatal?

Naomi asintió.

—Sí.

Entonces Melissa sonrió.

Pero no era una sonrisa de orgullo.

Era una sonrisa calculadora.

—¿Y qué recibiste?

Naomi dudó.

No quería decirlo.

Pero ya era demasiado tarde.

Chloe tomó el sobre que sobresalía de su mochila.

—¿Qué es esto?

Naomi intentó quitárselo.

—Dámelo.

Pero Melissa fue más rápida.

Abrió el sobre.

Leyó el documento.

Su rostro cambió.

—Diez mil dólares…

Naomi se quedó quieta.

—Es un premio académico.

Melissa levantó la mirada.

—Mientras vivas bajo este techo, ese dinero también beneficia a esta familia.

Naomi sintió un vacío en el estómago.

—No.

Melissa frunció el ceño.

—¿Perdón?

—Ese dinero lo gané yo.

Chloe sonrió.

—Perfecto. Yo necesito un carro nuevo.

Naomi la miró con incredulidad.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

Pero ya lo había dicho.

Y entonces la puerta principal se abrió.

La voz de Daniel llenó la casa.

—¿Por qué hay gritos?

Todos quedaron en silencio.

El papá de Naomi había llegado antes de lo esperado.

Y lo primero que vio fue a su hija llorando.

Después vio la caja en la cochera.

Luego vio el trofeo roto.

Y finalmente vio a Melissa sosteniendo el sobre con el premio de Naomi.

Su rostro cambió.

—¿Qué está pasando aquí?

Melissa habló primero.

—Daniel, no es lo que parece.

Pero él caminó hacia la caja.

Sacó un diploma doblado.

Una medalla.

Una fotografía.

Cada cosa contaba una parte de la vida de su hija.

—¿Por qué están aquí?

Nadie respondió.

Hasta que Chloe cometió el error que cambiaría todo.

—Mamá ya me prometió el carro.

Daniel levantó la mirada lentamente.

—¿Qué carro?

Chloe se quedó callada.

Melissa palideció.

—No escuches a Chloe. Está confundida.

Pero Daniel ya había entendido demasiado.

Miró el sobre en su mano.

—¿Iban a usar el dinero de Naomi?

Melissa intentó acercarse.

—Daniel, somos una familia.

Él dio un paso atrás.

—No respondas con eso. Respóndeme.

Silencio.

Entonces Chloe habló sin pensar.

—Además, no vamos a necesitar ese dinero cuando se transfiera la otra cuenta.

Daniel se quedó inmóvil.

—¿Qué otra cuenta?

La habitación entera quedó en silencio.

Naomi sintió que algo importante acababa de salir a la luz.

Algo que nadie le había contado.

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Melissa bajó la mirada.

Y por primera vez, Naomi vio miedo en sus ojos.

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