Chapter 12: La traición que estaba sentada entre ellos
Nadie quería decir el nombre.
Porque decirlo lo hacía real.
Porque significaba aceptar que durante todo ese tiempo habían estado buscando al enemigo mientras caminaban junto a él.
Damon sostenía la fotografía.
Sus manos temblaban.
—No puede ser.
Victor se acercó.
—Déjame verla.
Damon no se movió.
—No.
Su voz era baja.
—Porque si la ves, cambia todo.
Caleb observó la cara de su tío.
Nunca lo había visto así.
No era enojo.
Era decepción.
Una decepción profunda.
Finalmente Damon entregó la fotografía.
Victor la tomó.
Y su rostro cambió.
Después se la pasó a Samuel.
Uno por uno.
Hasta que todos vieron la verdad.
Hank fue el último.
Y cuando miró la imagen, cerró los ojos.
—Lo sabía.
Todos voltearon.
—¿Qué dijiste? —preguntó Caleb.
Hank respiró.
—Una parte de mí siempre lo supo.
Damon se quedó mirándolo.
—¿Desde cuándo?
Hank no respondió.
—¿Desde cuándo, Hank?
El líder del club tragó saliva.
—Desde la noche que murió Marcus.
La rabia volvió.
—¿Y no dijiste nada?
Hank miró a Caleb.
—Porque Marcus me pidió que no lo hiciera.
El joven quedó confundido.
—¿Mi papá te pidió protegerlo?
Hank negó.
—No.
Miró la fotografía.
—Me pidió protegerte a ti.
El silencio fue doloroso.
Caleb sintió que no podía respirar.
—¿Por qué?
Hank bajó la cabeza.
—Porque la persona que traicionó a Marcus era alguien que tú amabas.
La frase destruyó el último pedazo de seguridad.
Caleb miró la fotografía otra vez.
Y entonces entendió.
No era un extraño.
No era un enemigo del pasado.
Era alguien cercano.
Alguien que conocía sus rutinas.
Alguien que sabía dónde estaba Marcus.
Alguien que sabía cómo acercarse sin levantar sospechas.
Thomas habló desde la esquina.
—Ahora entienden por qué Marcus no podía decir la verdad.
Samuel miró a Thomas.
—Tú lo sabías.
Thomas sonrió.
—Sabía muchas cosas.
Damon dio un paso.
—¿Y tú lo dejaste morir?
Thomas respondió:
—No fui yo.
La respuesta fue rápida.
Demasiado rápida.
Caleb lo notó.
—¿Quién entonces?
Thomas miró hacia la puerta.
Todos siguieron su mirada.
Nadie estaba ahí.
Pero Thomas sonrió.
—La persona que todavía creen que es un hermano.
Un ruido se escuchó afuera.
Una motocicleta.
Luego otra.
Y otra.
Los hombres se tensaron.
No eran visitantes.
Eran varios.
Victor miró por la ventana.
—Estamos rodeados.
Caleb sintió miedo.
Pero no huyó.
Porque había aprendido algo de su padre.
La verdad podía doler.
Pero una mentira destruía lentamente.
La puerta de la habitación se abrió.
Un hombre entró.
Era uno de los Iron Saints.
Uno de los quince.
Uno de los hombres que había estado junto a Marcus en la carretera.
Caleb lo reconoció.
Su nombre era Luis.
Luis miró al grupo.
Y nadie podía creer lo que veía.
Porque no venía a atacar.
Venía herido.
Asustado.
—Tenemos que irnos.
Damon frunció el ceño.
—¿Por qué?
Luis miró a Thomas.
Después a Hank.
—Porque ya saben que encontramos el archivo.
Samuel preguntó:
—¿Quiénes?
Luis tragó saliva.
—Los hombres que trabajan para el verdadero líder.
Caleb dio un paso.
—¿Quién es?
Luis miró a todos.
Y finalmente dijo:
—El hombre que ustedes han seguido durante años.
Nadie habló.
Luis continuó:
—El hombre que siempre estuvo al frente.
El hombre que todos respetaban.
El hombre que Marcus llamaba hermano.
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Entonces señaló lentamente.
Hacia Hank.