Calm

Chapter 7: La noche en que murió mi padre, mi esposo estuvo en su casa

El mensaje anónimo seguía abierto en mi teléfono cuando comprendí que la persona que lo había enviado conocía un detalle de la muerte de mi padre que nadie había mencionado en dos años.

«Pregúntale qué ocurrió con la noche en que tu padre murió».

No podía dejar de leerlo.

Roberto había muerto de un infarto en su casa. Mi madre lo encontró en el estudio y llamó a una ambulancia, pero los médicos no consiguieron salvarlo. Eso era lo que me habían contado desde el principio.

Yo había llorado sobre su ataúd.

Había abrazado a mi madre durante el funeral.

Había pasado meses intentando aceptar que nunca volvería a escuchar su voz.

Jamás se me ocurrió pensar que alguien pudiera estar ocultándome algo relacionado con aquella noche.

—No le contestes todavía —dijo Daniela mientras conducía—. Primero vamos a hablar con Mariana.

Asentí, aunque mis dedos seguían aferrados al teléfono.

—¿Y si mi mamá sabe algo?

—Entonces tendrá que explicarlo. Pero no vamos a acusar a nadie basándonos en un mensaje.

Tenía razón.

Yo no quería convertirme en alguien que interpretara cada silencio como una confesión. Quería pruebas. Quería respuestas. Y, sobre todo, quería saber si mi padre había sufrido en sus últimos momentos mientras las personas en las que yo confiaba preparaban algo a mis espaldas.

Mariana nos recibió esa misma tarde.

Cuando le mostramos el mensaje, su expresión se volvió seria.

—No sabemos quién lo envió ni si la información es confiable —dijo—. Pero podemos revisar los documentos que dejó tu padre y averiguar si hay alguna irregularidad en las fechas.

Sacó una libreta y me pidió que reconstruyera la noche de su muerte.

Cerré los ojos.

Recordaba haber estado en casa de una amiga cuando mi madre me llamó. Su voz sonaba quebrada.

Me dijo que mi papá se había desmayado y que una ambulancia estaba en camino.

Yo conduje hasta el hospital, llorando tanto que tuve que detenerme dos veces.

Cuando llegué, mi madre estaba sentada en una silla del pasillo, con las manos juntas y la mirada perdida.

Un médico salió poco después.

Nos dijo que mi padre había sufrido un infarto y que no había sido posible reanimarlo.

Nunca cuestioné aquella explicación.

¿Por qué lo habría hecho?

Mi padre tenía problemas de presión arterial. Había cumplido años recientemente y, aunque seguía trabajando, a veces se quejaba de cansancio.

No había nada que me pareciera extraño.

Hasta ahora.

—¿Quién estaba con él antes de que llegara la ambulancia? —preguntó Mariana.

—Mi mamá.

—¿Alguien más?

Negué con la cabeza.

Después recordé algo.

—Ethan dijo que había intentado ir al hospital, pero que llegó cuando todo había terminado.

Mariana levantó la mirada.

—¿Te dijo a qué hora salió de su casa?

—No lo recuerdo.

—¿Y por qué habría ido al hospital si tu madre ya estaba contigo?

Me quedé pensando.

Ethan había sido mi novio durante varios meses cuando murió mi padre. Aunque Roberto nunca le había ocultado abiertamente su desconfianza, mi esposo insistió en acompañarme al funeral y ayudarme con los trámites.

Yo lo había interpretado como una muestra de amor.

—Dijo que quería estar conmigo —respondí.

Mariana anotó algo.

—No demuestra que haya hecho nada indebido. Pero vale la pena comprobarlo.

Me pidió autorización para solicitar, por las vías correspondientes, la documentación que pudiera obtenerse sobre la atención médica de mi padre y revisar los registros relacionados con la empresa.

También me recomendó conservar el mensaje original y no modificar los archivos.

Cuando salimos, yo estaba agotada.

El embarazo hacía que cada emoción pareciera multiplicarse. Tenía la espalda adolorida y sentía presión en la pelvis, así que decidimos ir a casa de Daniela y descansar.

Sin embargo, antes de llegar, mi teléfono recibió una llamada.

Era Gabriel.

—Elena, acabo de revisar un archivo que Roberto me entregó poco antes de morir.

Me incorporé en el asiento.

—¿Qué encontró?

—Una copia del registro de visitas de su casa. Tu padre llevaba semanas anotando quién entraba y salía cuando él no estaba presente.

—¿Por qué haría eso?

—No lo sé con certeza. Pero la noche de su muerte hay una anotación con el nombre de Ethan.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Qué?

—La anotación dice que llegó a las ocho y veinte de la noche.

Yo recordaba haber recibido la llamada de mi madre poco después de las nueve.

—¿Mi esposo estuvo en casa de mi papá esa noche?

—Eso parece. Pero necesito verificar la autenticidad del registro y entender por qué fue allí.

Me llevé una mano a la boca.

—¿Mi mamá lo sabía?

—No puedo asegurarlo.

La llamada terminó con la promesa de que Gabriel nos enviaría una copia del documento.

Miré a Daniela.

Ella tenía los ojos fijos en el camino.

—No significa que Ethan tenga algo que ver con la muerte de tu papá —dijo—. Pero sí significa que te ocultó una parte importante de lo que ocurrió esa noche.

No respondí.

Porque acababa de recordar una conversación que había tenido con él pocos días después del funeral.

Yo estaba sentada en la cama, con los ojos hinchados de llorar, cuando Ethan me abrazó por detrás.

—Tu papá no quería que me casara contigo —le había dicho.

Me sorprendí.

—¿Por qué dices eso?

—Me lo dejó muy claro.

Le pregunté cuándo habían hablado.

Ethan respondió que habían tenido una conversación privada en el estudio, semanas antes de su muerte.

Según él, Roberto le había pedido que se alejara de mí porque creía que nuestra relación no era conveniente.

Yo me había enfadado con mi padre, incluso después de muerto.

Pensé que había querido controlar mi vida hasta el final.

Ethan me consoló.

Me dijo que mi papá estaba confundido y que no debía culparme por haber elegido mi propia felicidad.

Ahora comprendía que aquella historia había cumplido una función muy concreta.

Me había hecho desconfiar de mi padre.

Y me había acercado todavía más a Ethan.

Esa noche, mientras Daniela preparaba la cena, recibí un mensaje de Patricia.

«Necesitamos hablar de tu papá. No por el dinero. Por lo que pasó aquella noche».

Me quedé mirando la pantalla.

Mi madre sabía que yo estaba investigando.

Y ahora parecía dispuesta a hablar de algo que llevaba dos años ocultando.

Le respondí que podía llamarme, pero que no volvería a reunirme con ella a solas.

Su llamada llegó inmediatamente.

—¿Encontraste el registro? —preguntó sin siquiera saludar.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Qué registro?

Hubo un silencio.

—Elena, no juegues conmigo.

—Tú acabas de preguntarme si lo encontré. ¿De qué registro estás hablando?

Mi madre respiró con dificultad.

—Tu padre guardaba papeles de todo. A veces escribía cosas que no tenían sentido.

—¿Sabías que Ethan estuvo en la casa la noche en que murió papá?

No respondió.

—Mamá, contéstame.

—Sí.

La palabra fue tan baja que casi no la escuché.

Me sujeté al borde de la mesa.

—¿Por qué?

—Ethan fue a hablar con él.

—¿Sobre qué?

—Sobre el dinero.

Sentí una oleada de náuseas.

—¿Qué dinero?

—El de la empresa. Roberto había descubierto que faltaba una cantidad importante y quería que Ethan le explicara algunos movimientos.

Cerré los ojos.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Porque tu padre murió aquella misma noche y yo no sabía cómo explicarte lo que estaba pasando.

—¿Ethan estaba ahí cuando murió?

Patricia empezó a llorar.

—Cuando entré al estudio, estaban discutiendo. Tu padre estaba muy alterado.

—¿Y qué hiciste?

—Les pedí que se calmaran. Ethan dijo que se iba a marchar.

—¿Se fue antes de que papá se desmayara?

Mi madre guardó silencio durante tanto tiempo que sentí que el corazón me iba a estallar.

—Mamá.

—No lo sé —susurró—. Fui a la cocina. Escuché un golpe y regresé corriendo. Tu padre estaba en el suelo.

Me quedé inmóvil.

—¿Y Ethan?

—Ya no estaba.

Las lágrimas comenzaron a correrme por el rostro.

—¿Llamaste a una ambulancia inmediatamente?

—Sí.

—¿Cuánto tiempo pasó desde que encontraste a papá hasta que llamaste?

—No lo recuerdo, Elena.

Aquella respuesta me hizo sentir un dolor que no podía describir.

Mi madre podía haber estado aterrorizada. Podía haber entrado en pánico. Pero yo necesitaba saber si había hecho todo lo posible por salvar a mi padre.

—¿Por qué me dijiste que Ethan llegó después de que papá había muerto?

—Porque no quería que lo culparas sin saber lo que había pasado.

—¿Y qué pasó realmente?

Patricia lloró en silencio.

—Ethan me dijo que tu padre se había puesto violento y que había amenazado con denunciarlo por las transferencias. Me pidió que no te contara nada hasta que pudiéramos aclarar los documentos.

—¿Y tú le hiciste caso?

—Sí.

Me aparté el teléfono de la oreja durante unos segundos.

La verdad estaba saliendo a pedazos.

Ethan había estado en la casa.

Había discutido con mi padre por dinero.

Había abandonado el estudio antes de que llegara la ambulancia, según la versión de mi madre.

Y Patricia había decidido ocultármelo.

Pero todavía no sabía si aquella discusión había tenido alguna relación con el infarto.

No podía afirmar que Ethan hubiera causado la muerte de mi padre. Tampoco podía aceptar que todo hubiera sido una coincidencia sin investigar.

—¿Tienes alguna prueba de lo que estás diciendo? —pregunté.

—Tengo algo.

—¿Qué?

—Una grabación.

Me quedé sin aliento.

—¿Una grabación de qué?

—De una parte de la discusión. Tu padre había empezado a grabar las conversaciones relacionadas con el dinero porque temía que alguien negara lo que había dicho.

—¿Dónde está?

—Ethan me pidió que la destruyera.

—¿Lo hiciste?

Mi madre no respondió.

Y en ese silencio comprendí que todavía quedaba algo que ella no se atrevía a confesar.

—¿Dónde está la grabación, mamá?

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Finalmente, Patricia susurró:

—La guardé.

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