Chapter 2: El cajón que Ryan quería mantener cerrado
Ryan nunca había corrido tan rápido por aquella casa como lo hizo después de escuchar la voz del padre de Emily.
Ni siquiera el día en que una tubería se reventó en el segundo piso había mostrado semejante desesperación.
—¡Ryan, espera! —gritó Diane.
Pero él ya había desaparecido por el pasillo.
Emily seguía sosteniendo el celular con la mano sana.
—Papá, ¿qué está pasando?
—Primero, necesito que te apartes de cualquier persona que pueda lastimarte otra vez. ¿Tu brazo está muy mal?
—No sé. Me arde muchísimo.
—Escúchame, hija. No le pongas hielo directamente. Mantén la zona bajo agua corriente fresca y pide atención médica. No te preocupes por nada más en este momento.
Su voz era firme, pero Emily podía escuchar la preocupación que intentaba controlar.
—¿Por qué Ryan salió corriendo?
—Porque probablemente sabe algo que tú todavía no sabes.
Diane intentó recuperar su autoridad.
—¡Esto es ridículo! ¡No pueden venir a mi casa a amenazarme!
El padre de Emily respondió sin levantar la voz.
—Señora Diane, nadie la está amenazando. Mi hija está herida y quiero saber por qué. Lo demás lo resolveremos cuando llegue.
—¡Ella me provocó!
—¿Y por eso le pegó mientras sostenía una olla hirviendo?
Diane abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.
Lauren, que seguía junto al fregadero, observó a su madre con una mezcla de vergüenza y temor.
Emily respiró profundamente.
—Papá, me dijiste que abriera el cajón del estudio. ¿Qué hay ahí?
—Documentos relacionados con la propiedad y con una autorización que nunca debió salir de mi oficina. No quiero que firmes nada ni que permitas que Ryan se lleve documentos de esa casa.
Emily sintió un escalofrío.
—¿Ryan hizo algo ilegal?
—No voy a sacar conclusiones sin revisar los documentos. Pero hace unas semanas recibí una notificación que me hizo sospechar que alguien estaba utilizando información de nuestra empresa sin autorización.
El padre de Emily, Thomas Bennett, era fundador de una compañía de administración inmobiliaria que operaba en varios estados. Emily sabía que su familia tenía negocios importantes, pero había crecido viendo a su padre trabajar largas jornadas y tratar con respeto a sus empleados.
Nunca había querido que su dinero influyera en su matrimonio.
Por eso, cuando Ryan le preguntó a qué se dedicaba su padre durante sus primeras citas, ella respondió simplemente que tenía una empresa.
No le contó cuánto valía.
No le habló de las propiedades.
Tampoco le explicó que Thomas había insistido en comprar la casa de Brookfield Drive a través de una de sus compañías para conservarla como inversión a largo plazo.
Ryan había creído que la casa pertenecía a Diane porque así se lo había dicho ella.
Emily jamás lo había corregido.
No tenía idea de que esa omisión pudiera convertirse en un problema tan grande.
—Papá, no entiendo. Ryan me dijo que su familia compró esta casa hace años.
—Eso es lo que necesitamos averiguar.
En ese momento, Lauren se acercó a Emily.
—El estudio está al final del pasillo, a la izquierda.
Diane se interpuso.
—Nadie va a entrar ahí.
Emily levantó la mirada.
—¿Por qué?
—Porque es un espacio privado.
—¿Privado de quién? ¿De ti o de Ryan?
Diane apretó la mandíbula.
—No tienes derecho a cuestionarme.
Emily guardó silencio durante un segundo.
Luego habló con una calma que ni ella misma reconoció.
—Hace diez minutos me dijiste que no respetaba tu casa. Ahora resulta que ni siquiera puedo caminar por ella.
Diane se puso roja.
—¡Eres una malagradecida!
—Y tú me golpeaste.
La mujer levantó una mano por reflejo.
Lauren se interpuso inmediatamente.
—¡Mamá, ya basta!
El silencio que siguió fue diferente al del comedor.
Esta vez, alguien había decidido no hacerse a un lado.
Emily aprovechó el momento para caminar hacia el pasillo.
Su brazo seguía ardiendo y el rostro le dolía donde había recibido la bofetada, pero cada paso le devolvía un poco de la seguridad que había perdido.
Al llegar al estudio, encontró la puerta abierta.
Ryan estaba frente a un escritorio de madera oscura, con varios cajones abiertos. Tenía una carpeta bajo el brazo y estaba intentando meter unos documentos en una mochila.
Cuando la vio, se quedó inmóvil.
—¿Qué haces aquí?
—Lo mismo que tú. Buscar respuestas.
—Sal de aquí, Emily.
Ella miró la carpeta.
En la portada aparecía el logotipo de Bennett Property Holdings, la empresa de su padre.
Debajo había una etiqueta con una fecha y la palabra «Arrendamiento».
—¿Qué es eso?
Ryan cerró la mochila de golpe.
—Nada que te importe.
—Tiene el nombre de la empresa de mi papá.
—Te dije que salieras.
Emily sintió un nudo en el estómago.
Su esposo nunca le había hablado así. No con aquella mirada.
No parecía molesto porque ella hubiera entrado.
Parecía aterrorizado de que hubiera llegado demasiado tarde.
—Papá me dijo que abriera el cajón con cerradura.
Ryan se colocó delante del escritorio.
—Tu papá no tiene derecho a meterse en nuestro matrimonio.
—Mi matrimonio no tiene nada que ver con el cajón. ¿Qué estás escondiendo?
—¡Nada!
La respuesta fue tan rápida que confirmó sus sospechas.
Emily se acercó al escritorio.
Ryan intentó sujetarla por el hombro, pero ella retrocedió.
—No me toques.
Él bajó la mano.
Por primera vez, pareció darse cuenta de que ella no iba a obedecerlo automáticamente.
—Emily, escúchame. Tu papá está exagerando las cosas. Hay un malentendido comercial. Nada más.
—Entonces no tendrás problema en enseñarme los documentos.
—No entiendes cómo funcionan estas cosas.
—Explícamelo.
Ryan apretó los dientes.
—¡No tengo tiempo para esto!
Se volvió hacia la puerta, pero Lauren apareció en el umbral.
—La cena puede esperar, Ryan.
Él la miró con furia.
—¿También tú vas a ponerte de su lado?
—Estoy del lado de la persona a la que acaban de lastimar.
Ryan soltó una carcajada amarga.
—No sabes de qué estás hablando.
Lauren señaló la mochila.
—Entonces, ¿por qué estás guardando papeles a escondidas?
Ryan se quedó callado.
Emily aprovechó para abrir el cajón inferior del escritorio.
Estaba cerrado con llave.
—¿Dónde está la llave?
—No la tengo —respondió Ryan.
Pero miró instintivamente hacia el bolsillo derecho de su pantalón.
Emily lo notó.
—Dámela.
—No.
—Ryan, dámela.
—¡Te estoy diciendo que no!
Su voz retumbó en el estudio.
Desde el comedor llegó el sonido de una silla arrastrándose. Algunos invitados comenzaron a acercarse al pasillo, atraídos por los gritos.
Emily no apartó la mirada de su esposo.
—¿Qué hay ahí dentro que te da tanto miedo?
Ryan se pasó las manos por la cara.
—Si abres ese cajón, vas a destruir a mi familia.
Emily sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué hiciste?
—No hice nada que no tuviera una explicación.
—Eso no responde a mi pregunta.
Ryan la miró durante varios segundos.
Después sacó una pequeña llave del bolsillo.
Pero no se la entregó.
La apretó entre los dedos.
—Escúchame bien. Mi mamá ha trabajado toda su vida para mantener esta familia unida. Si tu papá llega y empieza a acusarnos, nadie va a salir beneficiado.
—Mi mamá murió hace ocho años —respondió Emily, con la voz temblorosa—. Mi papá es lo único que me queda de mi familia inmediata. Y tú me estás pidiendo que lo mantenga al margen mientras escondes documentos.
Ryan bajó la mirada.
Por un instante, Emily creyó ver arrepentimiento en sus ojos.
Entonces él dijo algo que terminó de romperla.
—Si hubieras aprendido a llevarte bien con mi mamá, nada de esto estaría pasando.
Emily retrocedió como si la hubiera golpeado otra vez.
Lauren se cubrió la boca.
Desde la puerta, Diane intervino.
—¡Exactamente! Esta muchacha siempre ha querido enfrentarnos.
Emily se volvió hacia ella.
—No. Ustedes quieren que yo acepte cualquier cosa con tal de no incomodarlos.
Diane soltó un bufido.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Llamar a tu papá para que venga a salvarte? ¿Crees que su dinero te convierte en alguien especial?
Emily sostuvo su mirada.
—No. Pero tampoco necesito dinero para saber que nadie tiene derecho a golpearme.
Diane no respondió.
En ese momento, el celular de Emily vibró.
Era un mensaje de su padre.
«Ya voy en camino. No firmes nada. No permitas que se lleven documentos. Y, por favor, no te quedes sola con Ryan».
Emily leyó el mensaje dos veces.
Después levantó la vista.
—Dame la llave.
Ryan negó con la cabeza.
—No puedo.
—Entonces la voy a abrir con ayuda de mi papá.
—¡No entiendes lo que hay ahí!
—Pues explícame.
Ryan abrió la boca.
Pero fue Diane quien habló.
—Dentro hay papeles viejos. No significan nada.
Emily se volvió lentamente hacia su suegra.
—¿Cómo sabes lo que hay en un cajón que supuestamente es privado?
La expresión de Diane cambió.
Ryan cerró los ojos.
Y aquella reacción fue suficiente para que Emily supiera que acababa de encontrar la primera grieta en la historia que ambos llevaban años contándole.
Unos minutos después, el timbre de la casa sonó.
Ryan palideció.
Diane miró hacia la entrada como si acabara de escuchar una sentencia.
Lauren se acercó a Emily y le susurró:
—Hay algo más que necesitas saber.
Emily la miró.
—¿Qué cosa?
Lauren tragó saliva.
—Anoche escuché a mi mamá hablar con Ryan. Dijeron que, si tu papá llegaba a enterarse de lo que hicieron con la propiedad, tenían que conseguir que tú firmaras algo antes de que terminara el año.
Emily sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Qué querían que firmara?
Lauren señaló la mochila de Ryan.
—No lo sé. Pero creo que tiene que ver con los documentos que está intentando sacar de aquí.
Antes de que Emily pudiera preguntarle algo más, Ryan arrebató la mochila del escritorio y corrió hacia la puerta trasera.
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Su padre acababa de llegar.
Y Ryan estaba dispuesto a huir antes de que los dos hombres se encontraran cara a cara.
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