Chapter 6: La grabación reveló lo que Diane había hecho con la madre de Natalie y por qué Ryan tenía tanto miedo
La primera voz que escuchamos en la grabación fue la de Diane.
No había música, ni ruidos de fondo, ni señales de que alguien estuviera intentando manipular el audio. Solo se oía el leve zumbido de un aparato y la voz de mi suegra, seca y cortante.
—Laura tiene que dejar de hacer preguntas. Frank está perdiendo el control de la situación y no pienso permitir que esa mujer vuelva a entrar en esta familia.
Natalie se quedó inmóvil frente a la computadora.
Yo tenía las manos apoyadas sobre la mesa, tan tensas que me dolían los dedos.
La grabación continuó.
Una voz masculina, que parecía ser la de un empleado de la empresa, respondió:
—Señora Whitmore, Laura no está pidiendo dinero. Solo quiere saber por qué dejaron de llegar los pagos acordados.
Diane soltó una risa breve.
—Entonces tendrá que aprender que los acuerdos dependen de las personas que los financian.
Se escuchó el sonido de una carpeta cerrándose.
Después, la voz de Ryan.
—Mamá, esto ya se salió de control.
Natalie dejó de respirar por un instante.
Reconoció el nombre de su madre, pero escuchar la voz de Ryan hablando de ella era algo completamente distinto.
Diane respondió:
—No se salió de control. Tú eres quien no ha sabido manejarlo.
—Laura está buscando al abogado de papá.
—Entonces encuentra la manera de detenerla.
Hubo un silencio.
Después Ryan dijo algo que me hizo sentir un frío insoportable.
—¿Y si habla con Emily?
Diane contestó sin dudar.
—Emily no sabe nada. Y si llega a enterarse, te encargarás de que no pueda hacer nada al respecto.
La grabación terminó unos segundos después.
Natalie se levantó de golpe.
—Quiero saber dónde está mi padre.
Rebecca, que había llegado para revisar el archivo, levantó la mirada.
—Primero debemos asegurarnos de que el audio sea auténtico y de que sepamos cuándo se grabó. No quiero que Diane pueda desacreditarlo fácilmente.
—¡Están hablando de mi mamá como si fuera un problema que había que eliminar! —exclamó Natalie.
Su voz se quebró.
—Mi mamá murió creyendo que mi padre la había abandonado. Durante años pensé que él había elegido a otra familia y que nosotras simplemente no le importábamos.
Me acerqué a ella.
—Lo siento mucho.
Natalie se apartó.
No porque me odiara, sino porque el dolor que sentía era demasiado grande para recibir consuelo.
—No quiero que me digas que lo sientes. Quiero saber qué pasó.
Rebecca cerró la computadora.
—Y vamos a averiguarlo. Pero debemos hacerlo con cuidado.
La abogada explicó que la grabación debía conservarse en su formato original, junto con los datos del archivo y la información de quien la había obtenido. No debíamos editarla ni publicarla en redes sociales.
Si era auténtica, podría ayudar a establecer qué sabía cada persona y cuándo lo supo.
—¿Y si Diane intenta destruir las demás pruebas? —pregunté.
—Por eso estamos documentando todo y solicitando que se preserven los registros pertinentes. No podemos garantizar que encontremos cada documento, pero tampoco vamos a quedarnos esperando.
Natalie se sentó nuevamente.
—¿Dónde está Michael?
Le marqué.
No respondió.
Le envié un mensaje pidiéndole que confirmara que estaba bien.
Pasaron diez minutos.
Después veinte.
Finalmente, recibí una respuesta.
Estoy a salvo. No vuelvan a llamar a mi número habitual. Encontré la dirección donde guardaron algunos archivos de Laura. Les enviaré la información por medio de sus abogados.
Respiré un poco mejor.
No sabíamos si Michael estaba siendo vigilado, así que Rebecca recomendó que cualquier comunicación posterior se hiciera con precaución y por los canales que ella pudiera coordinar.
Mientras tanto, Natalie recibió una llamada de Daniel Brooks.
Su expresión cambió a medida que escuchaba.
—¿Cuándo? —preguntó—. ¿Está seguro?
Hubo una pausa.
—Voy para allá.
Colgó y nos miró.
—Mi padre está en una clínica privada. Daniel acaba de recibir confirmación de que ya terminó su evaluación inicial.
—¿Podemos verlo? —pregunté.
Natalie asintió, pero parecía aterrada.
—No sé qué voy a decirle.
Le tomé la mano.
—No tienes que decidirlo ahora.
Por primera vez desde que nos conocimos, Natalie no se apartó.
Frank estaba sentado junto a una ventana cuando llegamos a la clínica.
Llevaba una camisa azul claro y un suéter gris. Parecía cansado, pero mucho más tranquilo que la noche de la fiesta.
Al ver a Natalie, se puso de pie lentamente.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Treinta años de ausencia se interpusieron entre ellos.
Frank dio un paso.
—Natalie…
Ella levantó una mano.
—No.
Él se detuvo inmediatamente.
Natalie respiró hondo.
—Antes de que me digas que lo sientes, quiero que me expliques por qué nunca me buscaste.
Frank bajó la cabeza.
—Te busqué.
—No lo suficiente.
La frase cayó como una sentencia.
Frank cerró los ojos.
—Tienes razón.
Natalie parecía sorprendida de que no intentara defenderse.
—Mi mamá murió creyendo que no querías conocerme.
—Y yo pasé años diciéndome que algún día encontraría la manera de arreglarlo. Cada vez que Diane me amenazaba, retrocedía. Cada vez que pensaba en enfrentarla, encontraba una razón para esperar.
Frank se sentó lentamente.
—No hay una excusa que pueda reparar lo que hice. Fui cobarde.
Natalie tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿Sabías que ella dejó de recibir dinero?
—Sí.
—¿Y no hiciste nada?
—Intenté hacerlo, pero demasiado tarde. Diane controlaba mis cuentas y había conseguido que varios abogados dejaran de representarme. Cuando finalmente logré contactar a Laura, ella ya estaba enferma.
Natalie se llevó una mano a la boca.
—¿Qué enfermedad tenía?
Frank la miró con profunda tristeza.
—No lo sé con certeza. Nunca recibí su expediente médico. Solo me dijeron que había muerto después de una complicación durante una hospitalización.
—¿Y tú les creíste?
Frank negó lentamente.
—No. Pero no conseguí los documentos que necesitaba para demostrar que me habían ocultado información.
Natalie apartó la mirada.
Yo permanecí en silencio.
No me correspondía intervenir en aquella conversación. Frank tenía que responder por sus propias decisiones y Natalie tenía derecho a expresar todo el dolor que llevaba acumulado.
Después de unos minutos, ella sacó la fotografía de su madre.
—¿La reconoces?
Frank la tomó con manos temblorosas.
Cuando vio a Laura sosteniendo a la pequeña Natalie, comenzó a llorar.
—Nunca dejé de guardar una copia de esta fotografía —susurró.
Natalie lo observó.
—¿Dónde está?
—En la caja negra.
Ella se quedó helada.
—¿Qué más hay en esa caja?
Frank tardó en responder.
—Cartas de Laura. Documentos de la empresa. Una grabación de una conversación que tuve con Diane después de que descubrí que había transferido dinero de varias cuentas.
—¿Por qué no entregaste todo a las autoridades?
Frank miró al suelo.
—Porque en esa conversación también se habla de Ryan. Y yo todavía creía que podía salvar a mi hijo sin destruirlo.
Natalie soltó una risa amarga.
—¿Salvarlo? Él ayudó a ocultarte.
Frank no intentó negarlo.
—Lo sé.
—Y ahora intenta impedir que yo reclame lo que me corresponde.
—Lo sé, hija.
Natalie se levantó.
—No me llames hija como si eso arreglara algo.
Frank asintió, devastado.
—Tienes razón. No volveré a hacerlo hasta que tú quieras.
Aquella respuesta pareció desarmarla más que cualquier disculpa.
Se quedó de pie junto a la ventana, luchando por contener las lágrimas.
Yo me acerqué a Frank.
—Necesitamos recuperar la caja negra.
Él asintió.
—Diane no se separa de ella desde hace meses. Guarda los documentos en su dormitorio y la lleva al despacho cuando necesita revisar algo.
—¿Por qué no la ha destruido?
—Porque cree que puede utilizar parte de su contenido para controlar a Ryan. Hay documentos que podrían perjudicarla, pero también otros que comprometen a mi hijo.
Rebecca, que había permanecido cerca de la puerta, intervino.
—Eso significa que no debemos intentar recuperarla sin autorización. Si los documentos están en una propiedad privada, tendremos que consultar las vías legales apropiadas.
Frank aceptó.
Pero antes de que pudiera añadir algo, su teléfono comenzó a sonar.
Era Michael.
Frank contestó y activó el altavoz.
—Michael, ¿qué ocurre?
La voz del antiguo asistente sonaba apresurada.
—Señor Whitmore, acabo de descubrir algo en los registros de la empresa. Diane realizó una transferencia importante tres días antes de que usted desapareciera de la vida pública.
—¿De cuánto dinero?
—Cuatrocientos veinte mil dólares.
Rebecca se acercó a la mesa.
—¿A qué cuenta?
Michael mencionó una cuenta asociada a Northbridge Holdings.
Era la misma empresa que había recibido dinero de mi cuenta personal y que aparecía en los registros de Natalie.
—¿Quién autorizó la transferencia? —preguntó Frank.
Michael tardó en responder.
—La firma registrada es la de Ryan.
Natalie apretó los puños.
—Por supuesto.
Pero Michael todavía no había terminado.
—Hay otra cosa. La transferencia se justificó como un pago por servicios médicos y asistencia privada. Sin embargo, el dinero fue enviado a una cuenta vinculada con una clínica donde estuvo internada Laura Bennett.
Natalie se quedó inmóvil.
—¿Qué clínica?
Michael se la indicó.
Daniel comenzó a tomar notas inmediatamente.
—¿Y la fecha exacta? —preguntó Rebecca.
Michael se la dio.
Natalie sacó su teléfono y buscó un documento que llevaba años guardando.
—Esa fecha… —susurró—. Es el mismo día en que mi mamá ingresó al hospital por última vez.
Frank palideció.
—¿Estás segura?
Natalie le mostró el registro.
—Aquí está.
El silencio se volvió insoportable.
No teníamos pruebas de que la transferencia hubiera influido en la atención médica de Laura. Tampoco sabíamos si el dinero estaba relacionado con su fallecimiento.
Pero la coincidencia era demasiado importante para ignorarla.
Rebecca nos advirtió que no debíamos sacar conclusiones antes de obtener los expedientes y verificar los movimientos bancarios.
Natalie asintió, aunque sus ojos ardían de rabia.
—Entonces los conseguiremos.
Esa misma tarde, Rebecca inició las gestiones para solicitar los registros que pudieran obtenerse legalmente. Daniel se puso en contacto con los representantes de Natalie para evaluar sus opciones.
Yo regresé con Lily a casa de Rachel.
Mi hija estaba mejor, aunque todavía se sobresaltaba cuando escuchaba una voz fuerte. La llevé a su habitación y me senté junto a ella mientras dibujaba.
Hizo una casa con tres ventanas, un árbol y cuatro personas tomadas de la mano.
Una era pequeña y llevaba un vestido rosa.
Otra tenía el cabello largo.
Las dos figuras restantes estaban a los lados de una casa azul.
—¿Quiénes son? —pregunté.
Lily señaló el dibujo.
—Tú, yo, el abuelo y una persona que todavía no conozco.
Me quedé mirando la figura sin rostro.
—¿Quién crees que es?
—No sé. El abuelo me dijo que hay alguien que puede ayudarnos.
Le besé la frente.
—Vamos a descubrirlo, mi amor.
Cuando salió de la habitación con Rachel, abrí mi bolso para guardar los documentos.
Entonces noté algo que no había visto antes.
Entre las copias del testamento había una pequeña hoja doblada, escrita con la letra de Frank.
Emily: si encuentras esta nota, significa que la caja negra ya no está donde Diane la guardaba. Busca en el archivo de mantenimiento de la residencia. Hay un registro de una reparación que nunca se realizó.
Debajo aparecía una fecha.
La misma noche en que Frank había sido encerrado.
Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.
Llamé inmediatamente a Rebecca y le leí la nota.
—No vamos a entrar en la residencia sin autorización —me recordó—. Pero podemos revisar los registros que Frank haya conservado y solicitar que se proteja cualquier evidencia relevante.
—¿Y si Diane mueve la caja antes de que consigamos hacerlo?
—Entonces tendremos que actuar con la mayor rapidez posible dentro de la ley.
Colgué y miré por la ventana.
Un automóvil oscuro estaba estacionado frente a la casa de Rachel.
No reconocí el modelo ni al conductor.
Me quedé observándolo durante varios segundos.
Después, el teléfono vibró.
Era un mensaje de Ryan.
Sé que encontraste la grabación. Si Natalie escucha el archivo completo, entenderá por qué su madre nunca debió volver a acercarse a nosotros.
Sentí que el estómago se me encogía.
Había algo que todavía no sabíamos.
Algo relacionado con Laura.
Algo que Ryan creía capaz de cambiar la opinión de Natalie.
Le respondí:
¿Qué contiene la grabación completa?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
La parte que Frank decidió borrar de su historia.
Antes de que pudiera contestar, recibí un segundo mensaje.
Esta vez no era de Ryan.
Era de Michael.
Acabo de encontrar el registro de mantenimiento. La noche en que Frank desapareció, Diane ordenó sellar una habitación del sótano. Pero el trabajador que hizo la reparación dejó una nota.
Abrí el archivo adjunto.
La fotografía mostraba una hoja amarillenta con una anotación escrita a mano.
Se encontraron documentos personales, una maleta y un teléfono móvil. La señora Whitmore ordenó trasladarlo todo al almacén exterior.
Debajo aparecía una dirección.
La dirección de un depósito privado a las afueras de Dallas.
Y al final de la hoja había una última anotación, escrita con tinta roja:
No entregar a nadie sin autorización de Ryan Whitmore.
Miré hacia el cuarto de Lily.
Después volví a leer el mensaje.
La caja negra podía estar en aquel depósito.
Pero si Ryan había dado instrucciones para ocultar documentos relacionados con Frank y Laura, entonces tal vez no estábamos buscando solamente pruebas de un fraude.
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Tal vez estábamos a punto de descubrir la razón por la que mi esposo había hecho todo lo posible para mantener a su padre encerrado.
Y por qué estaba dispuesto a destruir a cualquiera que intentara abrir aquella caja.
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