Chapter 6: La dirección del dinero me llevó hasta la persona que más confiaba en mi familia
Reconocí la dirección antes de terminar de ampliar la fotografía.
Era la casa de mi hermano, Richard.
Me quedé mirando la pantalla del teléfono sin poder reaccionar.
Richard había sido mi mejor amigo desde la infancia. Cuando murió nuestro padre, nos apoyamos el uno en el otro. Cuando perdí mi primer empleo, me prestó dinero sin pedirme una fecha de pago. Cuando Claire y yo tuvimos problemas durante los primeros años del matrimonio, él fue quien me escuchó durante noches enteras.
Y ahora una fotografía anónima relacionaba la cuenta receptora del dinero de mi hijo con su domicilio.
No quería creerlo.
Pero tampoco podía seguir eligiendo la explicación que me resultaba más cómoda.
—Papá, ¿qué pasó? —preguntó Emma.
Guardé el celular.
—Necesito hacer una llamada.
—¿Encontraste a Jordan?
Me dolió no poder responderle que sí.
Mi hijo seguía sin contestar mis mensajes. No sabía si estaba en casa de algún amigo, en un hotel o caminando por la ciudad intentando entender por qué su padre había dudado de él.
—Todavía no, cariño.
Maya se acercó.
—Papá, ¿puedo decirte algo?
Asentí.
Ella miró hacia las escaleras para asegurarse de que Claire no estuviera escuchando.
—Jordan no quería que te enteraras de las transferencias de esa manera.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque me dijo que quería hablar contigo el domingo. Tenía miedo de que te enojaras con mamá, pero también decía que no podía quedarse callado.
Me froté las sienes.
—¿Por qué no me lo contaste antes?
—Mamá me pidió que no me metiera. Dijo que si yo hablaba, iba a empeorar las cosas. Después me dijo que Jordan estaba obsesionado con acusarla y que tú terminarías creyendo que él era un hijo desagradecido.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza.
—¿Y la discusión sobre tu habitación?
Maya bajó los ojos.
—Jordan entró el martes para mostrarme unos documentos. Yo estaba haciendo una tarea y me molesté porque no tocó antes de entrar. Se lo dije.
—¿Y después?
—Se disculpó. Al día siguiente regresó porque había dejado una memoria USB en mi escritorio. Le dije que no volviera a entrar sin avisarme. Me prometió que no lo haría otra vez.
—Pero volvió.
Maya asintió lentamente.
—El jueves entró para recuperar la memoria. Estaba muy nervioso. Me dijo que mamá había encontrado algunas de sus copias y que necesitaba recuperarlas antes de que desaparecieran. Se fue enseguida.
—¿Por qué no me lo dijiste así?
Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos.
—Porque mamá me hizo pensar que defender a Jordan significaba que no me importaba lo que yo había sentido. Y yo sí estaba molesta, papá. No quería que entrara sin tocar. Pero tampoco quería que pensaras que había hecho algo terrible.
Me senté frente a ella.
—Tienes derecho a estar molesta. Tienes derecho a pedir que respeten tu espacio. Y Jordan tenía la obligación de respetarlo.
Maya asintió.
—Lo sé.
—Pero eso no justifica convertir una discusión entre hermanos en algo que no ocurrió.
Ella rompió a llorar.
La abracé.
No podía arreglar el daño que ya había hecho. Tampoco podía exigirle que dejara de sentirse culpable por algo que los adultos habíamos complicado.
Solo podía escucharla.
Después de unos minutos, Emma se sentó junto a nosotros.
—Papá, ¿vas a traer a Jordan de regreso?
Miré hacia la puerta.
—Sí. Y cuando lo encuentre, voy a pedirle perdón.
Lo dije con firmeza, aunque por dentro no tenía idea de cómo iba a lograr que mi hijo quisiera volver a verme.
Subí al segundo piso y encontré la puerta de nuestro dormitorio cerrada.
Llamé dos veces.
—Claire, tenemos que hablar.
No obtuve respuesta.
Abrí la puerta lentamente.
Ella estaba junto a la ventana, hablando por teléfono en voz baja. Al verme, se quedó inmóvil.
—Te llamo después —murmuró antes de colgar.
—¿Era Daniel?
—No tienes derecho a revisar mis llamadas.
—No las revisé. Vi su mensaje en la pantalla.
Claire guardó el teléfono en el bolsillo.
—Arthur, cometí un error. Eso es todo.
—Hay dinero de la universidad de Jordan en una cuenta relacionada con la dirección de Richard. También hay un hombre que te exige dinero. Y existe una nota tuya que parece indicar que Jordan no debía ver los estados de cuenta.
Ella se dejó caer en el borde de la cama.
—No sabes lo que ocurrió entre Richard y yo.
La frase me golpeó de una manera que no esperaba.
—¿Entre Richard y tú?
Claire se llevó ambas manos al rostro.
—No quise que esto sucediera.
Me quedé quieto.
Durante unos segundos, mi mente buscó cualquier otra interpretación de sus palabras.
Quizá habían firmado un préstamo juntos. Quizá Richard la había convencido de invertir en algún negocio. Quizá todo tenía una explicación que no destruyera diecinueve años de matrimonio y una vida entera de confianza.
Pero sabía que necesitaba preguntar.
—¿Qué clase de relación tienes con mi hermano?
Claire levantó la mirada.
—No es lo que estás pensando.
—Entonces dime qué es.
Ella abrió la boca.
En ese instante, mi celular volvió a vibrar.
Era Jordan.
Contesté tan rápido que casi dejé caer el teléfono.
—¡Jordan! Hijo, ¿dónde estás?
Al otro lado escuché su respiración agitada.
—Estoy bien, papá.
La voz de mi hijo sonaba cansada.
—Por favor, vuelve a casa. Necesito hablar contigo.
Hubo una pausa.
—¿Ahora sí quieres escucharme?
Cerré los ojos.
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No había reproche más justo que aquel.
—Sí. Y antes de que me digas nada, quiero que sepas que vi la grabación de Emma. Sé
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