Chapter 11: La voz del pasado
Nadie se movió.
La llamada seguía abierta.
La voz al otro lado respiraba lentamente.
—Elena, sé que estás ahí.
Elena apretó el teléfono.
—¿Quién eres?
Hubo silencio.
Después la voz respondió:
—Alguien que debió hablar hace mucho tiempo.
Daniel tomó el celular.
—Dime quién eres.
La persona no contestó.
Solo dijo:
—Busca la caja azul.
Y la llamada terminó.
Daniel miró a todos.
—¿Qué significa esto?
Carmen estaba completamente pálida.
—La caja azul.
Elena la miró.
—¿Qué sabes?
Carmen dudó.
Demasiado.
Daniel lo notó.
—Otra vez secretos.
Carmen cerró los ojos.
—No quería involucrarlos más.
—Ya estamos involucrados.
La respuesta de Daniel fue inmediata.
Carmen asintió.
—La caja azul era de mi mamá.
Elena frunció el ceño.
—Nunca vi esa caja.
—Porque Teresa me pidió esconderla.
Roberto levantó la mirada.
—¿Dónde?
Carmen caminó hacia una vieja repisa.
Sacó una llave pequeña.
—En la antigua fonda familiar.
Mariana recordó el lugar.
La fonda que Teresa había tenido durante años.
El lugar donde todos se reunían los domingos.
Donde se preparaban pozole y mole para toda la familia.
Donde Daniel había aprendido a cocinar con su abuelita.
—Tenemos que ir —dijo Daniel.
Nadie discutió.
Una hora después llegaron al viejo local.
La pintura estaba desgastada.
El letrero casi no podía leerse.
Pero para Elena aquel lugar estaba lleno de recuerdos.
Entró lentamente.
Tocó la mesa donde su mamá solía preparar tortillas.
Y por un momento olvidó todos los problemas.
Solo recordó a Teresa.
—Ella estaría orgullosa de ti —dijo Daniel.
Elena sonrió con tristeza.
—Tu abuelita siempre decía que la verdad puede tardar, pero siempre encuentra una puerta.
Buscaron durante varios minutos.
Hasta que Carmen se detuvo frente a un viejo mueble.
—Aquí.
Abrió un compartimento escondido.
Dentro estaba una caja azul.
Exactamente como la habían descrito.
Daniel la tomó.
Pero antes de abrirla escucharon un ruido afuera.
Todos voltearon.
La puerta de la fonda se abrió.
Arturo apareció.
—Sabía que vendrían aquí.
Daniel dio un paso adelante.
—¿Nos seguiste?
Arturo sonrió.
—Conozco a mi familia mejor que ustedes.
Elena lo miró con decepción.
—Ya no eres parte de esta familia.
La sonrisa de Arturo desapareció.
—No puedes decidir eso.
—Sí puedo.
Su voz fue firme.
—Después de todo lo que hiciste, sí puedo.
Arturo miró la caja azul.
—Entréguenmela.
Daniel negó.
—¿Por qué?
Arturo no respondió.
Y esa respuesta confirmó todo.
La caja era importante.
Muy importante.
—¿Qué hay dentro? —preguntó Mariana.
Arturo avanzó.
—Algo que no les pertenece.
Daniel sostuvo la caja.
—Te equivocas.
Abrió la tapa.
Dentro había fotografías.
Una grabadora pequeña.
Y un sobre.
El sobre tenía una fecha.
La fecha del día antes de la muerte de Teresa.
Arturo cambió de expresión.
Por primera vez parecía realmente preocupado.
Daniel tomó el sobre.
—¿Qué hay aquí?
Arturo no dijo nada.
Elena abrió la carta.
Era de Teresa.
“Si estás leyendo esto, significa que Arturo ya intentó controlar la historia.””
Todos miraron a Arturo.
La carta continuaba:
“No confíen en sus disculpas. No confíen en sus explicaciones. La persona que me traicionó no lo hizo por desesperación, lo hizo porque creyó que tenía derecho a quedarse con lo que no era suyo.””
Arturo apretó los puños.
Daniel siguió leyendo.
“Pero hay alguien que sabe toda la verdad.””
Elena sintió miedo.
Otra vez.
Otra persona.
Otro secreto.
La carta tenía una última línea.
“Esa persona está más cerca de ustedes de lo que imaginan.””
Todos se miraron.
Arturo aprovechó la confusión y avanzó hacia la caja.
Daniel lo detuvo.
—No.
Arturo lo miró.
—No entiendes lo que estás haciendo.
Daniel respondió:
—Por primera vez en cinco años, sí entiendo.
Arturo retrocedió.
Porque Daniel ya no era el joven que se había ido.
Ya no era el hijo que dudaba.
Era alguien que había recuperado su voz.
Entonces Arturo dijo algo inesperado.
—Tu abuelita también me pidió ayuda.
Todos quedaron sorprendidos.
—¿Qué?
Arturo sonrió ligeramente.
—Ella sabía que yo podía ser peligroso.
Elena frunció el ceño.
—Entonces ¿por qué confió en ti?
Arturo miró la caja.
—Porque pensó que todavía podía cambiar.
Daniel sintió un escalofrío.
Porque por primera vez Arturo parecía no estar hablando de dinero.
Parecía estar hablando de algo más.
Algo personal.
—¿Qué pasó entre ustedes? —preguntó Daniel.
Arturo no respondió.
Solo miró la caja azul.
Y dijo:
—Tu abuelita sabía quién era mi verdadero enemigo.
Todos quedaron en silencio.
Porque si Arturo decía la verdad…
La persona detrás de todo podía no ser él.
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Podía ser alguien más.
Alguien que todavía seguía libre.