Chapter 11: La firma falsa que casi le robó su futuro
El despacho del abogado estaba en un edificio antiguo en el centro de la ciudad.
Zoe miraba por la ventana del auto mientras Marcus manejaba.
No decía nada.
Pero su papá sabía que estaba pensando demasiado.
—¿Estás bien?
Ella tardó en responder.
—No sé.
Marcus asintió.
—Es válido.
Zoe jugueteó con la pulsera vieja que había encontrado entre sus cosas.
La de su mamá.
—Antes pensaba que mi vida era triste porque perdí a mi mamá.
Hizo una pausa.
—Pero ahora siento que perdí muchas cosas que ni siquiera sabía que me habían quitado.
Marcus apretó el volante.
Esa frase le dolió.
Porque era cierta.
Al llegar al despacho, un hombre mayor llamado Roberto los recibió.
Al ver a Zoe, su expresión cambió.
—Tú debes ser la hija de Clara.
Zoe sintió algo extraño.
Escuchar el nombre de su mamá en boca de alguien que la conoció era como abrir una puerta al pasado.
—Sí.
Roberto sonrió con tristeza.
—Ella hablaba mucho de ti.
Se sentaron en una sala pequeña.
Marcus colocó los documentos sobre la mesa.
—Necesitamos respuestas.
Roberto revisó las hojas.
Su rostro se volvió serio.
—¿Dónde encontraron esto?
—Entre las cosas de Lauren.
El abogado guardó silencio.
Demasiado tiempo.
—¿Qué pasa? —preguntó Zoe.
Roberto suspiró.
—Esto no debería existir.
Marcus se inclinó.
—Explíquese.
El hombre señaló la firma.
—Esta autorización fue creada después de la muerte de Clara.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Zoe sintió un nudo.
—Entonces alguien falsificó documentos.
Roberto asintió.
—Sí.
Marcus cerró los puños.
—¿Quién?
El abogado miró a Zoe.
—Tu mamá tenía sospechas.
—¿De Lauren?
—Sí.
Pero también de alguien más.
Marcus frunció el ceño.
—¿Quién?
Roberto abrió un archivo.
Sacó una copia de una carta.
—Clara me pidió guardar esto.
Zoe tomó el papel.
Era de su mamá.
La letra era diferente a la del diario.
Más rápida.
Más urgente.
"Si alguien intenta cambiar los documentos después de mi muerte, no confíen únicamente en la persona que aparezca como protectora.""
Zoe levantó la mirada.
—¿Qué significa?
Roberto respondió:
—Que Clara sabía que alguien cercano podía intentar manipular las cosas.
Marcus sintió un escalofrío.
—¿También sospechaba de Elena?
El abogado negó.
—No.
Todos guardaron silencio.
—Entonces, ¿de quién?
Roberto miró a Marcus.
—De alguien que tenía acceso a sus documentos.
La respuesta quedó suspendida.
Porque eso reducía la lista.
Y no quedaban muchas personas.
Cuando salieron del despacho, Marcus recibió una llamada.
Era Madison.
Su voz sonaba alterada.
—Papá, tienes que venir.
—¿Qué pasó?
—Encontré algo de mamá.
Marcus cerró los ojos.
Parecía que cada día aparecía una nueva pieza.
—¿Qué encontraste?
Hubo silencio.
Luego Madison respondió:
—Una cuenta secreta.
Zoe y Marcus se miraron.
—¿A nombre de quién?
La voz de Madison tembló.
—A nombre de Lauren.
Marcus respiró profundamente.
—No la toques. Vamos para allá.
Cuando llegaron a casa, Madison tenía una carpeta en las manos.
—La encontré escondida en el clóset.
Marcus la abrió.
Había movimientos bancarios.
Grandes cantidades de dinero.
Pero lo más importante estaba en la última página.
Una transferencia reciente.
Después de que Lauren se fue.
Zoe miró la fecha.
—¿Todavía estaba sacando dinero?
Marcus asintió.
Y entonces apareció otro nombre.
Una cuenta receptora.
Zoe sintió que el corazón se detenía.
Porque ese nombre no era desconocido.
Era alguien que había estado defendiendo a Lauren desde el principio.
Alguien que nadie había sospechado.
Madison miró a su papá.
—Papá...
Marcus levantó la vista.
—¿Qué?
May you like
Ella señaló el documento.
—Creo que no estaba trabajando sola.