Chapter 2: El apellido que Daniel nunca se molestó en conocer
Daniel leyó el mensaje tres veces antes de comprender que no se trataba de una amenaza vacía.
El número que aparecía en la pantalla no tenía nombre guardado, pero él reconocía el prefijo de la línea privada de la presidencia de Whitmore Capital, el grupo empresarial donde su padre llevaba décadas intentando conseguir una alianza estratégica.
Debajo del mensaje apareció otro.
*«Aléjate de ella inmediatamente».*
Daniel levantó la cabeza.
Vivienne estaba junto a la mesa, intentando cubrirse con los restos de su vestido. Tenía los labios apretados y una mano sobre el vientre.
Por primera vez desde que se conocían, él no supo cómo acercarse a ella.
—Vivienne...
Ella no respondió.
—Necesitamos hablar.
—No tenemos nada de qué hablar.
—Estás alterada. Entiendo que estés enojada, pero esto se puede arreglar.
Vivienne lo miró con una calma que lo desconcertó.
—¿Qué parte quieres arreglar, Daniel? ¿La acusación de robo? ¿El vestido que tu madre me rompió? ¿O el hecho de que me quitaste el bolso para entregárselo a tu hermana?
—Yo solo quería que se aclarara todo.
—Entonces mírame a los ojos y dime que creíste que yo había robado ese anillo.
Daniel abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Chloe, que había estado observando la conversación, soltó una risa irritada.
—¡Por Dios, Daniel! No vas a permitir que esta mujer te manipule frente a todos, ¿verdad?
Él se volvió hacia su hermana.
—Chloe, basta.
—¿Ahora la defiendes?
—Dije que basta.
Eleanor se interpuso entre ambos.
—No levantes la voz en mi presencia. Esta noche es la boda de tu hermana y no voy a permitir que una mujer sin educación convierta su escándalo en el centro de atención.
—Mamá, hay algo raro —murmuró Daniel, mostrándole su teléfono.
Ella leyó los mensajes y frunció el ceño.
—¿Quién los envió?
—No lo sé.
—Entonces no les hagas caso. Algún conocido de esa mujer está intentando asustarte.
Eleanor pronunció aquellas palabras con seguridad, pero sus dedos se cerraron con demasiada fuerza alrededor de su copa.
En ese momento, un hombre de traje oscuro se acercó al pequeño grupo.
Era el jefe de seguridad del salón, un hombre corpulento llamado Marcus que había trabajado para la familia Whitmore durante seis años.
—Señora Whitmore, necesito hablar con usted.
—Ahora no.
—Es importante.
—Estoy ocupada.
Marcus miró a Vivienne. Después bajó la voz.
—Recibimos instrucciones de la administración para preservar todas las grabaciones de esta noche. Nadie puede borrar ni modificar el material.
Chloe puso los ojos en blanco.
—Perfecto. Revisen las cámaras y demuestren que esa mujer robó mi anillo.
—Señorita, no he dicho eso —respondió Marcus.
—Pues entonces, ¿qué estás insinuando?
El guardia mantuvo una expresión profesional.
—También nos ordenaron proteger a la señora Vivienne y facilitarle atención médica si la solicita.
Eleanor soltó una carcajada sin humor.
—¿Protegerla? ¿Quién dio esa orden?
Marcus consultó su auricular.
—La oficina del señor Alexander Laurent.
El nombre provocó una reacción inmediata en dos invitados que se encontraban cerca.
Uno de ellos dejó de hablar a mitad de una frase.
El otro miró a su esposa como si acabara de escuchar una noticia imposible.
Alexander Laurent no era un desconocido en los círculos empresariales. Era el fundador de Laurent Global Holdings, un conglomerado privado con inversiones en tecnología, infraestructura, energía y propiedades de lujo en varios países.
Su fortuna era objeto de especulación constante.
Su vida privada, en cambio, permanecía casi completamente fuera del alcance de la prensa.
Pocas personas podían presumir de haber hablado con él en persona.
Y todavía menos sabían que tenía una hija.
Eleanor apretó los labios.
—No conozco a ningún Alexander Laurent que tenga autoridad sobre este evento.
Marcus no discutió.
—Señora, las instrucciones son claras.
—¡Pues dile que se meta sus instrucciones donde le quepan! —espetó Chloe.
El guardia no reaccionó.
Simplemente retrocedió unos pasos y habló por el auricular.
—Confirmado. La señora está a salvo. Seguimos a la espera.
Vivienne escuchó cada palabra.
No sintió satisfacción.
Lo único que deseaba era sentarse, quitarse los zapatos y comprobar que su bebé estuviera bien.
Su padre había prometido que nunca permitiría que alguien la obligara a vivir con miedo. Pero ella había creído que podía construir una vida distinta, una vida en la que no necesitara que nadie poderoso acudiera a rescatarla.
Ahora comprendía que había confundido independencia con soledad.
Y que había permitido que Daniel utilizara esa confusión para justificar su cobardía.
—Señora Vivienne —dijo Marcus con respeto—, tenemos una sala privada disponible. ¿Desea que la acompañe?
—Gracias. Sí, por favor.
Daniel dio un paso adelante.
—Voy contigo.
Vivienne negó con la cabeza.
—No.
—Soy tu esposo.
Ella bajó la mirada hacia el vestido rasgado.
—Hace unos minutos, cuando tu madre me lastimó, decidiste que era más importante evitar un escándalo que protegerme. No uses esa palabra como si todavía significara algo.
Daniel palideció.
Chloe intervino con una mueca de desprecio.
—¡Qué dramática! Nadie te golpeó. Solo se rompió un vestido.
Vivienne giró lentamente hacia ella.
—¿Quieres que repitamos lo ocurrido delante de las cámaras?
Chloe dejó de sonreír.
Por primera vez, comprendió que la mujer a quien llevaba años tratando como alguien insignificante podía dejar de obedecerle.
Eleanor se acercó a Vivienne con una expresión cuidadosamente compuesta.
—Escúchame, querida. Estás embarazada y tus emociones están fuera de control. No te conviene tomar decisiones precipitadas.
—No se preocupe. Llevo tres años tomándolas demasiado despacio.
Vivienne se alejó acompañada por Marcus.
A sus espaldas, Daniel recibió una tercera notificación.
Esta vez era un correo electrónico.
El asunto decía: *«Suspensión preventiva de la negociación Laurent-Whitmore».*
Abrió el mensaje.
La comunicación informaba que una reunión prevista para la mañana siguiente quedaba cancelada hasta nuevo aviso. La empresa no ofrecía detalles adicionales, pero solicitaba que cualquier contacto futuro se realizara exclusivamente a través de los representantes legales.
Daniel sintió que el estómago se le hundía.
La alianza con Laurent Global Holdings era el proyecto más importante de su carrera. Su padre había pasado dos años intentando conseguirla, y Daniel llevaba meses convenciendo a la junta directiva de que él era la persona indicada para dirigir las negociaciones.
Si aquella operación fracasaba, su ascenso quedaría en peligro.
—Mamá —susurró—. Tenemos un problema.
Eleanor leyó el correo.
Durante varios segundos, su rostro no mostró ninguna emoción.
Después levantó la mirada hacia el pasillo por donde había desaparecido Vivienne.
—¿Qué tiene que ver ella con esto?
—No lo sé.
—Pues averígualo.
Chloe se acercó, todavía sosteniendo la mano donde había estado el anillo.
—No pienso dejar que esa mujer arruine mi boda. Si su padre está detrás de esto, quiero que venga y me lo diga en la cara.
Eleanor la miró con severidad.
—Baja la voz.
—¿Por qué? ¿Ahora vamos a tenerle miedo a un desconocido?
—No tenemos miedo de nadie.
Pero la forma en que Eleanor miró las puertas cerradas reveló algo distinto.
Mientras tanto, en la sala privada, una empleada le entregó a Vivienne una bata ligera y una botella de agua.
Ella se sentó en un sillón y apoyó ambas manos sobre el vientre.
—Tranquilo, mi amor —susurró—. Mamá está aquí.
El bebé se movió otra vez.
Vivienne soltó el aire que había estado conteniendo.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de su padre.
*«Mi equipo está revisando lo ocurrido. ¿Tienes dolor? ¿Sangrado? ¿Mareo?»*
Ella contestó que no tenía esos síntomas, aunque sentía una presión desagradable en el abdomen por la tensión y el susto.
Él respondió de inmediato.
*«Un médico va en camino. Si sientes dolor persistente, contracciones regulares o cualquier sangrado, pide atención de emergencia sin esperar a nadie. No quiero que arriesgues tu salud por este asunto».*
Vivienne sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
No lloró por el vestido.
Lloró porque su padre, incluso en medio de una crisis, había preguntado primero por ella y por su bebé.
Daniel nunca había preguntado qué necesitaba para sentirse segura en aquella familia.
Siempre había preguntado cuánto tiempo más podía soportar.
La puerta se abrió.
Entró una mujer de cabello plateado, vestida con un traje azul marino. Llevaba una carpeta y una identificación de la administración del edificio.
—Señora Laurent —dijo con una inclinación respetuosa—. Mi nombre es Rebecca Shaw. Trabajo con su padre.
Vivienne levantó la cabeza.
—¿Qué está pasando?
Rebecca se sentó frente a ella.
—El señor Laurent está de camino. Mientras llega, quisiera explicarle algo. La seguridad del salón ha preservado las grabaciones de las cámaras. También tenemos el registro de acceso de la zona donde se encontraba el anillo.
—¿Y?
Rebecca abrió la carpeta.
—Hay un detalle que la señora Whitmore quizá no esperaba. La joya desapareció varios minutos antes de que usted llegara a la fuente de champaña.
Vivienne se quedó inmóvil.
—¿Está segura?
—La cámara no muestra todo con claridad, pero el registro de movimientos contradice la acusación que hicieron contra usted.
Rebecca sacó una tableta y reprodujo un video.
En la pantalla aparecía Chloe conversando con una mujer de vestido dorado cerca de la mesa principal. La novia se quitó el anillo por unos segundos para acomodarse un guante de encaje.
Después alguien se acercó.
La imagen se congeló cuando una figura parcialmente oculta detrás de un arreglo floral extendió la mano hacia la mesa.
Rebecca amplió la imagen.
No se distinguía el rostro.
Pero sí un detalle que hizo que Vivienne se enderezara.
En la muñeca de la figura brillaba una pulsera de oro con un pequeño colgante en forma de serpiente.
Vivienne conocía esa pulsera.
La había visto muchas veces en la casa de los Whitmore.
Pertenecía a Eleanor.
—No puede ser —murmuró.
Rebecca la observó con cuidado.
—¿Reconoce la joya?
Vivienne tardó en contestar.
—Sí.
Antes de que pudiera explicar algo más, se escucharon pasos apresurados en el pasillo.
Un empleado abrió la puerta.
—Señora Shaw, tenemos un problema.
Rebecca se levantó.
—¿Qué sucede?
—La señora Whitmore exige que le entreguemos la grabación. Dice que la cámara invade su privacidad y amenaza con demandar al establecimiento.
Rebecca cerró la carpeta.
—La grabación está preservada y nadie tiene autorización para borrarla.
El empleado tragó saliva.
—Hay algo más. El señor Daniel Whitmore acaba de solicitar que bloqueemos la salida de su esposa hasta que se resuelva el supuesto robo.
Vivienne sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Rebecca se quedó helada.
—¿Quién autorizó esa orden?
—El señor Daniel dijo que tenía el respaldo de su madre.
Vivienne cerró los ojos.
Su esposo no solo había permitido que la humillaran.
Ahora estaba intentando impedir que se marchara.
Y cuando Rebecca tomó el teléfono para informar a Alexander Laurent, llegó otro mensaje de Daniel al dispositivo de Vivienne.
*«No salgas de esa habitación. Si haces que esto se convierta en un asunto público, te juro que vas a perder mucho más que tu matrimonio».*
Vivienne leyó la amenaza dos veces.
Después levantó la mirada hacia Rebecca.
—Quiero una copia de todo.
Rebecca asintió.
—La tendrá.
—Y quiero que mi padre sepa que Daniel acaba de amenazarme.
La expresión de Rebecca se endureció.
—Lo sabrá.
En ese preciso instante, un sonido profundo resonó al otro lado de las puertas principales.
No era música.
Era el golpe simultáneo de varios vehículos deteniéndose frente al edificio.
Y mientras los guardias del salón se apartaban para abrir paso, Eleanor Whitmore recibió una llamada que hizo que sus manos comenzaran a temblar.
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La voz de su esposo sonó al otro lado.
—Eleanor, dime exactamente qué le hiciste a la hija de Alexander Laurent.
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