Chapter 8: La madre desaparecida y el secreto que Rachel escondió durante años
Las camionetas permanecían afuera.
Nadie bajaba.
Eso era casi peor.
Porque significaba que estaban esperando.
Wolf apagó las luces de la unidad.
—Todos atrás.
Ava abrazó a Noah.
El niño temblaba.
—¿Quiénes son?
Wolf respondió con calma.
—Personas que no quieren que encontremos la verdad.
Curtis miró a Rachel.
—¿Los llamaste?
Ella lo miró con desprecio.
—No.
Por primera vez, parecía que ambos estaban del mismo lado del miedo.
Ava observó esa reacción.
Y entendió algo.
Rachel y Curtis no controlaban la situación.
Ellos también estaban atrapados.
Un golpe sonó en la puerta metálica.
Todos guardaron silencio.
Una voz masculina habló desde afuera.
—Sabemos que están ahí.
Wolf miró a los demás.
—No abran.
La voz continuó.
—Solo queremos hablar.
Ava casi se rió.
Después de todo lo que había descubierto, esa frase ya no significaba nada.
Hablar.
Explicar.
Proteger.
Todas esas palabras habían sido usadas para esconder mentiras.
Wolf tomó el disco duro.
—Nos vamos por atrás.
La unidad tenía una pequeña salida de emergencia.
Mientras avanzaban, Ava miró a Rachel.
—Dime la verdad.
Rachel evitó sus ojos.
—No es tan sencillo.
—Sí lo es.
Ava apretó la carta de Michael.
—Mi mamá está viva.
Rachel respiró profundamente.
—Sí.
La respuesta fue como un golpe.
Ava se quedó quieta.
Noah también.
—¿Desde cuándo lo sabes?
Rachel cerró los ojos.
—Desde hace años.
Ava sintió que algo dentro de ella se rompía.
—¿Por qué?
Rachel comenzó a llorar.
No lágrimas falsas.
Lágrimas de alguien cansado.
—Porque tu mamá me pidió ayuda.
Todos quedaron en silencio.
—Cuando Michael descubrió lo de los documentos, se dio cuenta de que había algo más grande detrás. Tu mamá encontró pruebas.
Ava escuchaba sin moverse.
—Pero alguien intentó detenerlos.
Wolf frunció el ceño.
—¿Quién?
Rachel miró hacia la puerta.
—El mismo hombre que ahora está afuera.
Un ruido interrumpió la conversación.
La puerta principal comenzó a abrirse.
No tenían tiempo.
Salieron por la parte trasera.
Corrieron entre las filas de unidades.
Ava llevaba el disco duro contra su pecho.
Como si llevara la última parte de su papá.
Después de varios minutos lograron llegar a sus motocicletas.
Pero antes de subir, Rachel tomó la mano de Ava.
—Hay algo que debes saber.
Ava la miró.
—¿Qué más?
Rachel tragó saliva.
—Tu mamá no desapareció.
Pausa.
—La escondimos.
Ava quedó confundida.
—¿La escondieron?
Rachel asintió.
—Porque ella sabía que alguien intentaría encontrarla.
Wolf miró a Rachel.
—¿Dónde está ahora?
La mujer dudó.
Demasiado.
Ava notó esa duda.
—¿Está viva?
Rachel bajó la mirada.
—Sí.
Ava sintió una mezcla imposible.
Alegría.
Dolor.
Enojo.
Su mamá había estado viva todos esos años.
Mientras ella crecía creyendo que nunca volvería a verla.
Antes de que pudiera preguntar más, una motocicleta apareció en la carretera.
Un hombre bajó.
Era mayor.
Llevaba una vieja chaqueta con un parche parecido al de Michael.
Wolf se quedó inmóvil.
—No puede ser.
Ava miró a Wolf.
—¿Quién es?
El hombre caminó hacia ellos.
Sus ojos estaban llenos de tristeza.
—Soy alguien que le prometió a Michael proteger a sus hijos.
Wolf dio un paso adelante.
—Creí que habías desaparecido.
El hombre negó.
—Desaparecí porque Michael me lo pidió.
Ava miró a todos confundida.
—¿Por qué todos sabían cosas sobre mi familia menos yo?
El hombre la observó.
—Porque tu papá quería que tuvieras una vida normal.
Ava apretó los puños.
—Pues no la tuve.
El hombre bajó la mirada.
Y entonces dijo algo que hizo que todos guardaran silencio.
—Ava, tu papá no murió en ese accidente.
Ella sintió que el aire desaparecía.
—¿Qué?
El hombre miró a Wolf.
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Después a Rachel.
—El accidente fue una mentira.
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