Chapter 13: La última mentira de Linda
La noche en que Linda decidió destruir la última prueba de mi padre fue la misma noche en que cometió el error que terminó por hundirla.
No fui a buscarla sola.
Llamé al general, le entregué a mi abogado la ubicación que había recibido y envié las fotografías a los investigadores correspondientes.
Después conduje hasta la oficina donde habían visto a Linda.
No entré.
Esperé.
A través del vidrio de mi auto observé las luces del edificio.
Mi teléfono vibró.
Era Ryan.
No contesté.
Volvió a llamar.
Esta vez respondí.
—¿Qué quieres?
—¿Dónde estás?
—Fuera.
—Necesito hablar contigo.
—Habla.
—Mamá está haciendo algo que no debería.
Mi expresión cambió.
—¿Qué está haciendo?
—No puedo decirte por teléfono.
—Entonces dime dónde estás.
Silencio.
—Ryan.
—Estoy en la oficina de Thomas.
—¿Por qué?
—Porque necesito encontrar unos documentos.
—¿Los de mi papá?
No respondió.
—Ryan.
—Sí.
Sentí un frío en el pecho.
—¿Linda está contigo?
—No.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
Mentía.
Podía escucharlo en su respiración.
—Ryan, esta es tu última oportunidad para decirme la verdad.
—Ella tiene la caja.
—¿Qué caja?
—La que viste en la fotografía.
—¿Qué contiene?
—Documentos.
—¿Y la grabación?
Silencio.
—¿También la tiene?
—Sí.
—¿Dónde?
—En casa.
Colgué.
No podía permitirme perder tiempo.
Mi abogado llamó inmediatamente.
—Tenemos autorización para intervenir en la preservación de los documentos si encontramos evidencia de destrucción.
—Entonces vamos.
Entramos al edificio con los investigadores.
La oficina estaba casi vacía.
Encontramos cajones abiertos.
Papeles tirados.
Un escritorio sin computadora.
Y sobre una mesa, una fotografía de mi papá.
La tomé.
Detrás había una fecha.
La misma fecha de la grabación.
—Aquí ocurrió algo —dije.
Uno de los investigadores señaló el suelo.
Había una pequeña caja metálica.
Vacía.
La levantó con cuidado.
—¿Es esta?
—Sí.
Mi voz apenas salió.
—Es la caja de la fotografía.
Entonces escuchamos un ruido en el pasillo.
Nos giramos.
Ryan apareció.
Tenía el rostro pálido.
—No sabía que ustedes estarían aquí.
—¿Dónde está Linda? —pregunté.
—No lo sé.
—Mientes.
—No.
—¿Dónde está?
Ryan cerró los ojos.
—En la casa.
—¿Qué piensa hacer?
No respondió.
—Ryan.
—Quiere quemar los documentos.
Sentí que mi cuerpo se tensaba.
—¿Dónde?
—En el patio trasero.
Salí del edificio.
Ryan intentó seguirme.
—Espera.
—No.
—Necesito explicarte algo.
Me giré.
—Explica.
—Yo no quería que llegara tan lejos.
—Eso ya lo dijiste.
—Me amenazaron.
—¿Quién?
Ryan tragó saliva.
—Mi papá.
Me quedé inmóvil.
—Thomas.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque si no hacía lo que decía, perdería todo.
—¿Y por eso me utilizaste?
—Al principio.
—No vuelvas a decir “al principio”.
Su mirada bajó.
—Lo siento.
—No.
Di un paso hacia él.
—Lo que hiciste no fue un error. Fue una decisión repetida durante años.
Ryan empezó a llorar.
—Yo sí te amé.
—Quizá.
—De verdad.
—Pero nunca me respetaste.
No respondió.
—Y sin respeto, el amor se convierte en una jaula.
Me fui.
Llegamos a mi antigua casa.
Linda estaba en el patio.
Había una pequeña fogata.
En sus manos tenía varios documentos.
—¡Linda! —grité.
Ella se giró.
Su rostro mostró sorpresa.
Después, furia.
—¡No te acerques!
—Suelta esos papeles.
—No.
—Son evidencia.
—Son basura.
Levantó uno.
—¿Sabes cuánto daño puede hacer esto?
—No a mí.
—A todos.
—Eso debiste pensarlo antes.
Linda acercó el papel al fuego.
Un investigador avanzó.
—Señora, deje el documento.
Linda retrocedió.
—¡No tienen derecho!
—Sí lo tenemos.
Ella miró a Ryan.
—¡Haz algo!
Ryan se quedó inmóvil.
—Mamá…
—¡Ayúdame!
—Ya no.
Linda lo miró como si acabara de traicionarla.
—¿Cómo puedes hacerme esto?
Ryan bajó la cabeza.
—Porque ya no puedo seguir.
Linda dejó caer el documento.
El investigador lo recogió.
Yo me acerqué.
—¿Dónde está la grabación?
Linda no respondió.
—¿Dónde?
—No te la voy a dar.
—Entonces la encontraremos.
—No puedes.
—Ya encontré cosas que tú creías imposibles.
Linda soltó una risa amarga.
—Tu padre no era el hombre que crees.
Me quedé quieta.
—¿Qué sabes de él?
—Mucho.
—Entonces habla.
—Él destruyó a mi familia.
—No.
Linda negó con la cabeza.
—Tu padre nos dejó sin nada.
—Eso no es verdad.
—Sí.
—Entonces demuéstralo.
Linda me miró.
—Él tomó la empresa.
—¿Qué empresa?
—La que compartía con Thomas.
Mi abogado se acercó.
—Eso no coincide con los registros.
Linda levantó la voz.
—¡Porque los registros fueron alterados!
Sentí que algo cambiaba.
—¿Por quién?
Linda se quedó callada.
—Dime.
—No.
—¿Por quién?
Finalmente dijo:
—Por tu padre.
Me quedé inmóvil.
No podía ser.
Mi papá había dejado una advertencia sobre Thomas.
Pero ¿y si también había ocultado algo?
Linda sacó otro documento.
—Esto es lo que nunca te enseñaron.
Me lo entregó.
Era un acuerdo de propiedad.
Mi papá había vendido una parte de la empresa.
Pero la venta estaba condicionada.
El comprador debía devolver ciertos activos si no cumplía con una serie de obligaciones.
Thomas nunca cumplió.
Entonces entendí.
Mi padre no había robado la empresa.
Había intentado recuperarla legalmente.
Linda había construido toda su historia alrededor de una mentira.
—¿Por qué querías destruir esto?
—Porque demuestra que Thomas tenía razón.
—No.
La miré.
—Demuestra que mi papá intentó proteger su patrimonio.
Linda empezó a llorar.
—Yo solo quería salvar a Ryan.
—Y para salvarlo decidiste destruirme.
Ella no respondió.
Mi abogado recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos.
Luego me miró.
—Encontraron la cuenta de Thomas.
—¿Y?
—Está vinculada con varios pagos.
—¿A quién?
Mi abogado me dio una lista.
Mercer.
Megan.
Ryan.
Linda.
Y otro nombre.
Uno que no esperaba.
*El notario que supuestamente había certificado el contrato.*
—Pero ese hombre murió —dije.
—Exactamente.
El investigador tomó la lista.
—Entonces alguien utilizó su identidad.
Miré a Linda.
Ella cerró los ojos.
—Fue Thomas.
La respuesta salió casi como un susurro.
—¿Y Mercer?
Linda no respondió.
—¿Trabajó con él?
Ella finalmente levantó la mirada.
—Sí.
Sentí una calma extraña.
La verdad había dejado de doler.
Ahora solo necesitaba verla completa.
Entonces un investigador recibió una llamada.
—Encontraron a Thomas.
Todos nos quedamos en silencio.
—¿Dónde?
El investigador miró su teléfono.
—Está intentando salir del estado.
Y entonces agregó:
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—Pero no está solo.
Caroline estaba con él.